¿Quién me iba a decir a mí que acabaría haciendo mermeladas? Al final no sólo Sevilla va a tener un color especial, sino que Suiza también contagia según qué actitudes y aptitudes a sus habitantes… :P
Siempre me había llamado la atención la variedad de azúcar gelificantes que tienen en los supermercados suizos, por no hablar de botes especifícos para guardar/esterilizar mermeladas, con sus etiquetas y trapitos de tela a cuadritos para embellecer.

Por tener, tienen expuestos hasta los embudos de boca ancha para rellenar los botes sin ensuciar la cocina y la famosa máquina despepitadora de cerezas (caso de que la mermelada o tarta de turno sea de este fruto).
Yo creo que esta gente ya viene con las recetas de mermeladas y galletas varias en la memoria desde que nacen. Desventajas para quien, como yo, se pelea siempre con la proporción correcta de huevo/azúcar/harina para hacer galletas o le tiene un pánico enorme a morir (o matar a Luy, pobrecito) con la dichosa toxina botulínica en un bote de mermelada casera incorrectamente esterilizado.
En fín, que me enrollo, para variar.
La cosa es que este año me dió por hacer mermelada casera. La culpa la tuvo este post de mi amiga Silvia. Su mermelada de fresa se veía tan tentadora que me quedé con la idea de hacer yo algo en casa.
Como no quería copiarle la receta (:P), y tras una incursión al supermercado donde unos albaricoques me llamaron a gritos, me dispuse a hacer mi primera mermelada de albaricoque.
Me salió buena, para qué voy a mentir… :P La prueba de que digo la verdad es haber visto a Luy comer la mermelada cada fin de semana, untando generosamente las rebanadas de pan.

En 10 años de convivencia, jamás lo había visto ponerse mermelada (y tanta) en el pan, jaja.
Lo que peor llevo de las mermeladas es lo de la esterilización de los botes. He estado leyendo infinidad de recursos en internet, y aún así, me da pánico pensar que pueda pillar la dichosa toxina, incluso esterilizando los botes.
La primera vez, esterilicé los botes de cristal y las tapas en vacío únicamente. Es fácil: sólo poner un trapo al fondo de una cacerola y echar botes y tapas en agua, hasta que hiervan. Dejarlos hervir unos 20 minutos (30 si queréis estar seguros), desde que rompe el agua en ebullición.

Lo del trapo en la cacerola, es para que los botes de cristal no se rompan cuando choquen con el fondo al hervir.
Luego se sacan cuidadosamente con unas pinzas (se pueden dejar dentro de la cacerola hirviendo, para que se esterilicen también) y se colocan, para que escurran, boca abajo en un paño limpio y seco o en un papel de cocina.
La segunda vez que hice mermelada y esterilicé, el agua dejó una capa como blanquecina y rasposa sobre los botes y tapas. Creo que fue de cal, así que los enjuagué un poco y es cuando me dí cuenta de que lo mismo había roto la cadena de esterilización. Así que en esta segunda ocasión, esterilicé también una vez rellenados de mermelada y cerrados los botes, metiéndolos en agua hirviendo y teniendo cuidado de que el agua cubriera los botes por completo.
No sé, lo mismo peco de exagerada, pero es que es muchísima responsabilidad para una DFM. :P
Por lo demás, hacer mermeladas es divertido. Entretenido en cuanto a tiempo y divertido. :)
Pero una cosa es segura… en cuanto hagáis vuestra primera mermelada casera, cualquier otra, por muy «natural» que sea la que hayáis comprado, no estará jamás taaaaan buena. ;)
Las recetas las pongo en otro post, que este ya me ha salido muy largo y lo mismo os he aburrido, jaja.
Y vosotros, ¿habéis hecho mermelada casera alguna vez? ¿Cómo esterilizáis los botes? ¿Cuál es vuestro sabor favorito de mermelada?














