Zanahorias aliñadas

Ingredientes:

– 500 gr de zanahorias

– 2-3 dientes de ajo

– 1/2 cucharada de comino

– 1/2 cucharada de orégano

– 1/2 cucharadita de pimentón

– vinagre

– agua de la cocción

– sal

– aceite de oliva

 

Preparación:

Despuntar y pelar las zanahorias.

Poner a cocer en agua con un poco de sal, justo hasta que estén lo suficientemente tiernas como para poder pincharlas, pero que no se deshagan. Tienen que crujir un poco al masticarlas. No es cuestión de hacerlas puré ;)

Mientras las zanahorias se cuecen, machacar en un mortero un aliño con sal, los dientes de ajo , el orégano, el comino y el pimentón.

Añadir el vinagre y un poco de agua de la cocción y mezclar bien todo en el mortero.

Retirar las zanahorias del agua y cortarlas en rodajas (con mucho cuidado), cuando aún están calientes.

Poner las rodajitas de zanahoria en un recipiente que tenga tapa.  Agregarle un poco de aceite.

Seguidamente, verter el aliño del mortero sobre las zanahorias y mezclar bien. Al estar templadas, cogerán más el aroma y el sabor del aderezo.

Tapar y guardar en el frigorífico unas cuantas horas. Mejor si es de un día a otro.

 

Notas:

Una tapa de lo más típica en Cádiz :)

Bien fría es perfecta para picoteo, como las aceitunas.

 

Curso de costura

Pasan los meses y no os cuento que estuve en un curso de costura, allá por noviembre de 2016. Si no demorara tanto esto de escribir posts, os hablaría en presente, pero está visto que llegar tarde a contar las cosas es más mi rollo…. xD

Allá por finales del mes de octubre, en el foro al que estoy suscrita, llegó un email dando a conocer un sitio donde se daban cursos de costura (en inglés). El sitio en concreto estaba en Adliswil.

Sopesé pros (hacía algo productivo por la mañana fuera de casa, amén de socializar con más gente) y contras (mi nivel no es medio ni avanzado, pero ni de lejos es principiante) y pensé que estaría bien acercarme a ver qué podía ofrecerme el curso. Soy de las que piensa que siempre hay algo nuevo que aprender, por nimio que sea.

Así que allí estuve entretenida unas cuatro o cinco semanas.

Lo primero que la profesora enseñó el primer día, fueron los distintos componentes y partes de una máquina de coser. Ahí yo llevaba ventaja (bastante), aunque mira…. al menos aprendí los nombres en inglés… :P Luego, pasamos al ejercicio práctico de coser siguiendo la línea trazada en un papel.

Claramente, tengo que mejorar en las curvas… pero las rectas las domino (sorry, no tengo foto de ese papel). Jajaja.

En esa primera sesión dejamos cortadas y preparadas unas telas con las que haríamos en la siguiente sesión un cuello (loop scarf).

A partir de ahí, las sesiones se sucedieron con la dinámica de terminar lo que habíamos dejado a medias en la clase anterior y eligiendo y preparando para la siguiente los materiales de nuestra pieza para la siguiente.

Así, una tras otra fueron saliendo de mis manos un cojín, un estuchito y una bolsa, con las que aprendimos a poner cremalleras, botones y ojales, adornar con aplicaciones y cordones, etc.

Llegó el final de ese primer curso y la hora de hacer mi valoración personal.

No había estado mal del todo: me lo había pasado muy bien, había aprendido algunos conocimientos básicos (nunca antes había puesto una cremallera, ni un ojal o una aplicación), había pasado un par de horas al día haciendo algo distinto y encima me llevaba las piezas a casa. Lo único malo que veía es que, si bien había aprendido algunas cosillas nuevas, en otras yo iba más rápido que las demás y lo que yo quería aprender (manejar tejidos de punto elástico, el funcionamiento de una remalladora u overlocker, etc) no lo iba a ver en largo tiempo…

Aún así, me decidí a dar una nueva oportunidad a un siguiente curso. Y ahí vino mi frustración… :(

En el siguiente curso, se supone que íbamos a hacer algo sencillo de confección de ropa con el que aprenderíamos nuevas técnicas. Cuando la profe dijo eso, yo me emocioné interiormente, pensando que sería alguna camiseta… pues no. La pieza elegida por ella fue un pantalón de pijama. “De punto elástico al menos y así aprendo a confeccionar con ese tejido y en overlocker”, pensé… Ilusa de mí. No recordaba que también hay pantalones de pijama en algodón. Y que, precisamente, yo no los uso porque no me resultan cómodos, así que hacer uno en mi caso era un desperdicio de tela… :S

Opté por convencer a la profesora de hacer yo algo más acorde a mis gustos y personalidad. Me llevé un par de revistas Burda de las mías y elegí esta falda, que yo, sabiendo lo que sé y viendo la graduación que le da la revista (dos puntos – principiante medio), juzgué apropiada a mi nivel.

La profesora miró con estupor aquello. Que “tenía tablas y pliegues, además de tener que aprender a poner una cremallera invisible“, me dijo. Tal cual. Ahí es cuando empecé a sospechar que ella pensaba que yo era una principiante total; y eso que yo le había dicho ya, en varias ocasiones, que salvo poner cremalleras y algunas cosas más avanzadas, yo tenía cierta experiencia.

La única dificultad que ví a la falda, no era precisamente la construcción ni la técnica que necesitaría para hacerla. La única dificultad, era que es un modelo Burda (cuyas explicaciones de montaje me han resultado siempre un poco precarias incluso en español) y encima es un Burda…. en alemán. :S

Así que eso fue lo que me mantuvo en jaque una semana entera. Hasta que vino, a la semana siguiente, una compañera que es alemana y me ayudó a desentrañar lo que el cuadernillo de explicaciones quería decir. Fue difícil entenderlo hasta para ella y eso que era su idioma… Eso indica el nivel de lenguaje que se gastan los de Burda (es una de las razones por las que tengo más Patrones que Burdas).

Una vez superado ese escollo, fue cuestión de trazar el patrón y cortar la tela, ajustarla a mi forma corporal y empezar a coser. Durante todo ese proceso, me dí cuenta de que la profe y yo no teníamos química. No es que me cayera mal, ni creo que yo tampoco a ella… simplemente no había chispa entre nosotras.

Lo flipó cuando me vió cortar la tela. La forma en que yo aprendí, me la enseñó mi madre y mi abuela lo hacía exactamente igual. Se trata de poner el patrón en la tela, marcando los margenes de costura con jaboncillo. Se corta por esos márgenes y se pasa un hilo para marcar las piezas. Ese hilo se corta luego y se queda como unos flecos, que será por donde se tenga que casar y coser luego las piezas.

Quizá no es una manera muy moderna de hacerlo, pero es la que yo aprendí y la que a mí me resulta más cómoda. La profe me sacó toda una batería de papeles de calco de distintos colores, marcadores de distintas dentadas, etc… Ella alucinó cuando vió que yo no usaba nada de eso. Claro, yo tardé mucho en marcar con hilo todas y cada una de las líneas, pero es que es a lo que estoy habituada. Es un paso tedioso, pero necesario y me ayuda a abstraerme también de todo lo demás; digamos también que es una forma de meditación, ahora que está tan de moda… jajaja.

El caso es que a cada cosa que yo hacía a mi manera, ella miraba con estupor, tornaba los ojos de desesperación o hacía comentarios del tipo “eso lo hacía mi abuela, ahora gracias a dios existen otros métodos”, que me dejaron claro que me consideraba bicho raro. xD

La cremallera invisible fue otro caballo de batalla con ella. Me pasé 45 minutos de reloj, esperando que me dijera cómo coser la cremallera. Darme el pie correspondiente, me lo dio rápido, pero luego pasó a otra compañera que necesitaba ayuda (luego a otra, luego a otra, luego a otra, luego se hizo un café…) y así hasta que decidí que me tenía que apañar yo sola.

Para haber puesto yo solita la cremallera no estaba mal. Aunque cuando ella vino a ver cómo iba yo (creo que por compromiso), me dijo que no había apurado bastante y que había una parte (la inferior de la cremallera, que era jodido llegar con la máquina allí) que iba a tener que coser a mano. Respiré hondo y me reconforté pensando que ya habían pasado las pertinentes cuatro sesiones y que esa era mi última clase…

La verdad, tras todas esas experiencias, decidí que no iba a continuar. Para gastar el dinero que gasté en un curso de 4 sesiones en el que voy a hacer una falda Burda, que puedo hacer perfectamente en casa sola, pues como que no. Si al menos sintiera que tenía el apoyo de la profe, pues a lo mejor hubiera continuado, pero si me deja a mi libre albredrío cuando la necesito, pues ya lo hago yo en casa a mis anchas…

La falda no la he llegado a terminar. Mi idea para esa última sesión, era colocar la cremallera, cinturilla y botón, además de pulir los cantos (a ser posible con el overlocker o con la puntada especial de una máquina de coser). Pero ya véis que no me dio para mucho más que para coser las costuras y poner yo sola la cremallera.

Supongo que algún día la terminaré, cuando tenga ganas. Ahora mismo, cuando la cojo, me recuerda demasiado a la falta de química que tenía con la profesora  (o es que me recuerda a la profesora con falta de química? jajaja) y me da mucha pereza…

 

Brochetas de cerdo y verduras

Ingredientes:

– 1 solomillo de cerdo

– 2 pimientos verdes

– 2 pimientos rojos

– 2 cebollas

– tomatitos cherry

– bacon en tiras

– sal, pimienta

– aceite de oliva

 

Preparación:

Precalentar el horno a 200ºC.

Cortar el solomillo en trozos más o menos iguales. Salpimentar la carne.

Trocear los pimientos y la cebolla.

Con cada tira de bacon, vamos envolviendo los trozos de carne de cerdo.

Ir alternando, en las brochetas, la carne, pimientos rojos y verdes, cebolla y tomatitos cherry.

Poner en una fuente de horno y regar con un poco de aceite de oliva. Salpimentar.

Hornear unos 35-40 minutos, dando vueltas a las brochetas para que se hagan por todos lados uniformemente.

Notas:

Otra alternativa a mis brochetas de cerdo y manzana.

Ideales para una cena de verano (para cuando llegue… aquí, ahora mismo está nevando.. :S). Sobre todo si en lugar de al horno las hacéis en barbacoa… quien la tenga, claro, que no es mi caso.

 

Bailemos…. Salsa!

Pues sí, como lo leéis. ;)

No tenía bastante con el hula semanal y con las clases de flamenco, a las que ahora voy dos veces al mes… también voy a clase de salsa cubana, desde hace unas cuantas semanas.

De momento, es nivel principiante, así que sólo hemos aprendido tres o cuatro pasos básicos. Si me preguntáis el nombre: “mambo”, “cucaracha” y la vuelta. Creo que hay uno más, pero no recuerdo ahora el nombre, jajajaja (qué desastre…)

Las clases son aquí en Thalwil, así que muy bien. Lo malo es el horario, que es un poquitín tarde, y nos hace tener que decidir si ir muertos de hambre y cenar al regresar (tarde) o ir masticando el último bocado engollipaítos perdíos… jajaja. De momento, estamos probando a ver qué nos viene mejor. Y sí, hablo en plural… a estas no voy sola sino con Luy. Yupi! :D

Yo de momento, ya me he comprado los zapatos pertinentes.

Lo que me llama más la atención es la hebilla, de un tipo especial para poder quitarlos y ponerlos con más facilidad; aunque he de reconocer que a mí aún me cuesta y soy un poco torpe intentando atinar.

(perdón por la baja calidad de foto)

La suela también es muy curiosa, es como de terciopelo o de antelina.

Acostumbrada a los clavos en puntera y tacón de mis zapatos de flamenco y a mis pies descalzos en hula, me llama mucho la atención que la suela esté forradita de ese material. Supongo que es para poder deslizarse mejor en algunas figuras… figuras que de momento no hemos aprendido, que para eso estamos en el nivel de principiantes.

La profe, cubana ella, nos pide todas las semanas que practiquemos en casa… y la verdad, en casa se escucha mucha música de distintos tipos (rock, pop, clásica, flamenco, copla, hawaiana, irandesa, chill out, etc.) pero lo que es música cubana, pues no. Habrá que hacer incursiones en youtube y buscar algo que merezca la pena (nada de reggaeton que lo odiamos…).

Entre que no se oye mucha música cubana en casa y que somos unos flojetes, cada semana se me pone el nudo en la garganta cuando la profe nos pregunta si hemos practicado en casa. Casi como cuando mi seño Dña. Paquita nos ponía en la tarima de clase en E.G.B. a preguntarnos las tablas de multiplicar o los tiempos verbales. Yo lo pasaba fatal, porque no estudiaba casi nunca. Era de las de hacerlo todo al último minuto, y claro, luego todo era “llorar y crujir de dientes…” jajaja.

Pero bueno, de momento vamos salvando el tipo y hasta empiezo a dejarme llevar (muy de vez en cuando) por Luy y no ser yo la que lo lleve a él, que esa es otra… :D

 

Empapelando

Me preguntaba el otro día un amigo, que qué hago el resto de horas y días que no voy a hula ni a flamenco. Ah… la eterna pregunta. :) Como si una DFM no tuviera obligaciones de varias horas al días. En fín… ;)

Una de esas cosas que hago cuando tengo esas horas libres y me armo de materiales y autodisciplina (eso último daría para otro post), es sacar adelante los proyectos y manualidades que me rondan por la cabeza.

Y mi última locura es la de forrar unas cajas que tenía por ahí y que podéis ver también en este post. :)

El proceso…

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El resultado…

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Aún me quedan algunas cajas por forrar, pero las haré otro día. Hay que dosificar las horas de manualidades, no sea que tenga que buscarme otra ocupación si las acabo todas….jajajaja.

 

Quiche de espárragos verdes

Ingredientes:

– 200 gr. espárragos verdes

– Una lámina de hojaldre o masa quebrada redonda

– 2 huevos

– 125 ml de nata

– 80 gr. de queso de untar a las finas hierbas

– Un poco de queso gruyere o similar rallado

– Gotas de limón

– Sal y pimienta

 

Preparación:

Lavamos, secamos y troceamos los espárragos, desechando la parte dura.

Los escaldamos en un poco de agua con sal durante no más de 2 o 3 minutos. Si lo preferís, los podéis hacer al vapor en lugar de escaldarlos.

Los sacamos y los dejamos escurrir.

Precalentamos entonces el horno a 180ºC en la función de ventilador.

Mezclamos la nata, los huevos, el queso crema a las finas hierbas y el gruyere rallado con la batidora.

Forramos un molde con la lámina de hojaldre (o masa quebrada si la habéis elegido así) y repartimos sobre el fondo los espárragos. Aderezarlos con un poco de limón.

Fondo

Verter la mezcla de huevos, nata y quesos sobre los espárragos procurando que cubra bastante éstos. Salpimentar.

Hornear durante mínimo 30 minutos o hasta que la masa esté tostada y la mezcla de huevos y nata cuajada.

Quiche 1

Quiche corte

Notas:

Ahora que estamos en temporada de espárragos, quería compartir con vosotros esta receta.

Es la primera vez que como los espárragos de esta manera. Los suelos comer mucho en risotto, que es como más me gustan, pero esta receta merece la pena intentarla. Está muy buena! :)

 

Resumen del fin de semana

Por una vez, voy a intentar ser breve (ejem, ejem…)

Este fin de semana hemos disfrutado de unas temperaturas más que primaverales. Hemos aprovechado para tomar nuestra ración de vitamina D de manera natural.

Llevamos varias semanas con los cerezos y magnolios a tope….

La noche del sábado al domingo, estuvimos durmiendo con una abeja en el dormitorio. :D Se ve que entró el día anterior mientras ventilaba la habitación. Lo tiene que haber flipado con nuestros niveles de CO2, porque creo que casi nos la cargamos (estaba como grogui). Cuando abrí las ventanas para ventilar por la mañana la ví, medio atontá la pobre, colgada del interior de la cortina. La recogí delicadamente y la solté por la ventana. Tardó unos 5 minutos en reaccionar (yo pensé que la había palmado, en serio).  Pero finalmente alzó el vuelo… Yupiiii!

Eso sí, ya se nos han colado ya dos avispas en casa. Sí, son tempraneras y no han esperado a verano… así de caldeaítas ehmos tenido las temperaturas.

Las abejas las tolero…. las avispas no. Con esas no tengo piedad ni paciencia…. sobre todo si vuelan. Salgo corriendo como una posesa… ¡¡qué asco, por favor!!  :S

Este fin de semana también nos acercamos al centro en Zürich y en Migros nos regalaron una macetita de narcisos a cada uno. Motivo… ¡ya es primavera! :D

Y en el hall principal de la estación de tren de Zürich…

Sip…. competición de Voley Playa… totalmente gratis además ;)

Dentro de unos días nuestro Biergarten favorito, Bauschänzli, abrirá sus puertas (ya lo tienen casi todo montado). Si el tiempo lo permite, podremos disfrutar de cervecitas y cervelas a la sombrita o al solete según nos apetezca. :)

¡Molan los findes así!

 

Ya están aquí….

Una sabe que se está acercando la Pascua a este país, cuando empieza a ver aumentar los llamados “Picknick Eier” o huevos de picnic a las estanterías de los supermercados.

Y no es que durante el resto del año no los vendan, que es algo sin lo que el suizo de a pie creo que no podría sobrevivir jamás (jajajaja).

Pero es que conforme se va acercando la Pascua, proliferan de todos los colores imaginables. Casi tan típicos como los conejitos de chocolate Lindt… :P

¿Qué son los “Picknick Eier”? Pues muy sencillo. Se trata, ni más ni menos, que de huevos cocidos.

Así, como lo leéis. xD

Se ve que cocer un huevo (o dos o tres) es tarea difícil y los necesitan comprar ya directamente cocidos. Claro que éstos son coloreados según la época y las modas. Los de venta durante todo el año suelen ser de colores vibrantes y monocromáticos. Los de Pascua, varían según las modas y los gustos. Este año (y el pasado) se ve que se llevan los colores pastel metalizados. Jajaja.

Leyendo un poco sobre el tema, me he enterado que por lo visto es de lo más normal comprarlos para echarlos en la mochila cuando se van de senderismo, y que es el piquislabis (me gusta más ese palabro, más que snack) ideal para cuando te da el gusanillo en mitad de una de esas caminatas (junto con el chocolate y los frutos secos). En situaciones como esta, los suelen degustar echándole un sazonador (la marca Aromat es su favorita), que sabe exactamente igual que los cubitos de caldo Maggi… pero en polvillo.

También se pueden usar, cortados, en ensaladas. De repente me recuerdan a esos que yo tenía que pescar del container en mis tiempos del Pret a Manger… aunque los del Pret venían sin cáscara y en un cubito con líquido para que no se resecaran. Los jodíos se escurrían de lo lindo cuando me tocaba meterlos en el cortador de mozarellas, para preparar las ensaladas. (Qué tiempos aquellos….)

Una vez, decidí probar los “Picknick Eier” rellenos. Tenía antojo de huevos rellenos (que me encantan) pero no tenía tiempo material para ponerme a cocerlos, así que compré estos.

Craso error…. Me resultaron más sequerones, las yemas más duras e imposibles de triturar con tenedor y con un sabor un tanto raro. Y no es que estuvieran malos, pero es que como los recién cocidos, ningún otro para rellenar.

Sin embargo, me sigue pareciendo curioso cuando los veo proliferar en los supermercados, entre tanto conejito de chocolate, tanto molde de muffins y tanto verde pastel y amarillo de las decoraciones de Pascua… :)

¿Los conocíais? ¿Los habíais probado alguna vez?

 

La Reciclería o el arte de dar nueva vida

Una de las cosas de las que quería hablaros desde hace ya algún tiempo, es de la labor de dos artesanos, Paqui Alemán y Alejandro Ruiz, o lo que es lo mismo…. La Reciclería.

En uno de nuestros regresos vacacionales a España, quedamos en Madrid con nuestra amiga Ana, para conocer y visitar el nuevo espacio de El Matadero. Allí, vimos de primera mano varios artesanos en un  mercadillo del que me enamoró especialmente el trabajo de La Reciclería. Ese dar nueva vida a los libros, me pareció una idea genial. Y se nota que, además, lo hacen con un amor y un respeto total por el trabajo y el resultado.

Yo adoro los libros. Últimamente, es verdad que no leo como antes, pero no recuerdo haber pasado un verano de adolescencia sin haber leído varios libros y de los tochos-tochos… Los Miserables de Victor Hugo con 15 años, sin ir más lejos, me dejó seca de lágrimas de tanto como me emocionó y se convirtió desde entonces en uno de mis libros favoritos.

Si me pierdo en las tiendas del centro, ya sabéis que me podéis encontrar probablemente en la librería Orrel Füssli, ojeando cualquier cosa que caiga entre mis manos. Durante horas… :)

Mi foto favorita, de entre todas las que me ha hecho Luy (a veces a traición :P) es ésta, que también podéis ver en la cabecera de este humilde blog.

Me gusta por sus tonos de foto añeja y por recordarme a los únicos momentos de tranquilidad y relajación en mi vida en Dublín, siempre con un libro entre mis manos.  Bueno, que me desvío. xD

El caso es que en ese Mercado de Diseño del Matadero, me quedé prendada del trabajo, la artesanía y el amor puesto en cada una de las cosas salidas de las manos del taller de La Reciclería.

Tanto es así, que Luy me regaló uno de sus libros lámparas como regalo de aniversario ese mismo año. Lo compró ese enero, lo metió en la maleta de regreso a Zürich y no me lo entregó hasta finales de abril.

Yo pegué un grito de emoción al verlo. No me lo esperaba para nada. :_)

Cuando, ese 2016, uno de mis mejores amigos me dijo que se casaba, tuve claro que quería regalarle algo especial, algo especialmente pensado para él y su futura mujer (a la que quiero también un montón).

Y me acordé entonces de La Reciclería. A regalo original de boda, no les iba a ganar nadie. ;)

Luy y yo nos pusimos en contacto con ellos. La verdad es que, con el jaleo de hospitales y médicos de mi madre el año pasado, yo había ido dejando y procrastinando el momento de contactarlos. Así que cuando contactamos con ellos, el tiempo disponible no era mucho, precismanente. Mea culpa :(

Cuando lo hicimos, estando nosotros ya en España de vacaciones, apenas faltaban dos semanas para la boda (si soy así de dejá… :S). Si algo fallaba, me quedaba sin regalo. Encima, lo que yo quería, un modelo concreto de sus faro-discos, estaba totalmente sold-out en la web. :S Lo tendrían que hacer ex profeso.

La comunicación con ellos fue desde el principio muy fluída. Nos pusieron todas las facilidades, para hacer el modelo que yo quería y tenerlo en casa lo antes posible.

Sin embargo, eso sí, Murphy y su dichosa tostada con mantequilla hacen de las suyas. Y en este caso, hizo de las suyas en la máquina fresadora que les troquelaba los vinilos, fallando una pieza que les tardaría una semana en llegar, con lo cual no iban a poder tenerlo a tiempo. :_(

Nos ofrecieron otros productos, pero les dijimos que no nos importaba esperar, si en lugar de que enviaran el disco-faro a nosotros, lo enviaban directamente a la pareja de novios.

Al final, no sé cómo, obraron la magia… :) Lograron la pieza que les hacía falta, y pudieron hacer y enviarnos el producto deseado a tiempo. ¡Y tan a tiempo! ¡Cómo que incluso llegó dos días antes del plazo y todo! Nosotros, que ya pensábamos que no íbamos poder ver el regalo, nos llevamos una grata sorpresa. :)

Como véis, son todo amor y profesionalidad. Muy amables en el trato y unos artesanos de primera. :) Echad un vistazo a su muestra de productos en su web y a su tienda y comprobadlo por vosotros mismos.

Los novios quedaron encantados con su regalo. Y nosotros con el trabajo de La Reciclería y con el amor con el que dan una segunda vida a objetos tan bonitos como un vinilo o un libro.

No dudéis en contar con ellos si queréis regalar algo especial.