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Exisitiendo cuesta arriba

Siempre me digo que este año sí actualizaré un poco más el blog. O al menos lo retomaré. Y dejo pasar un día y otro día, y un mes y otro… y así, con suerte, apenas escribo un post al año o quizá dos.

Últimamente todo se me hace cuesta arriba. Demasiado como para ponerme a hacer algo de verdad. Miles de proyectos de costura/ganchillo a medio acabar, nuevos libros por leer (en versión papel y en electrónico), la casa por barrer o por limpiar (el polvo se acumula en ventanas y muebles, lo confieso).

Hay días que me levanto con un dolorcito nuevo que no me deja…. otros, no hay dolor, al menos no físico, pero el alma duele y pesa. Y la cabeza y sus pensamientos que no cesan. Esos no callan nunca.

A veces me da la impresión que la casa me habla y se queja. Cuando no es un lavavajillas que no cierra, es un atasque en el fregadero, es una goma de la junta del lavabo que gotea, o el mismo fregadero que pierde agua por debajo de los muebles en el suelo (eso esta misma tarde). Cualquier día de estos el de la agencia nos sube el alquiler o nos hace pagar los desperfectos. A mí me cuesta cada vez más esta casa, la verdad. Tampoco me ayuda haberme caído ya tres o cuatro veces por sus escaleras (una de ellas con una contusión que me dejó turulata y mareada una semana)

Pero es cierto que no es la casa en sí. Yo creo que proyecto en ella el miedo que tuve al tener que dejar mi querido piso anterior, donde fui tan feliz y estaba tan a gusto. Este otro piso es el lienzo donde pinto mis inseguridades, mis temores y mis propias goteras internas y externas.

En ocasiones quisiera volver atrás en el tiempo: al cuándo, no al dónde, como dice la canción «Entonces» de Rozalén. Quiero volver a aquel piso que encontramos casi de casualidad y nos dejó con la mosca detrás de la oreja pensando dónde estaba la trampa, porque no podía ser todo tan perfecto. Quiero volver a esas reuniones en casa con amigos, para almorzar, para un café, para cenar, para jugar, para charlar, para vivir. A llenar de risas las estancias, de sueños de coser algo bonito, de la ilusión de probar alguna nueva receta o de la satisfacción de regresar tras haber bailado Hula con mis compis de baile hawaiiano.

Eso parece muy atrás. No creo que vuelvan, porque ni yo soy la misma siquiera. Esta casa me lo recuerda. Me cuesta subir y bajar las escaleras, ver el polvo en los cristales se me hace un mundo y limpiar el horno me deja sin fuerzas. Ya apenas cocino casi nada nuevo y cuando lo hago ya no tengo ganas de apuntarlo en este blog. Tampoco es que nadie ya vaya a leer el blog.

Mi casa, este piso que tiene ya 8 años pero que sigo llamando «el piso nuevo», tiene menos luz y desprende menos alegría. No hay risas de amigos, no hay reuniones, no hay juegos de más de dos personas, no hay macetas ni flores en el balcón. Las macetas se achicharran al calor o mueren de poca luz, los amigos dan largas y excusas a los cafés/juegos aquí. Este es un sitio sólo para respirar y existir.

Quizá es que esta nueva etapa de mi vida la esté llevando mal, no lo dudo. Pero me veo atrapada aquí. Cada vez que me toca llamar al de la agencia se me hace muy cuesta arriba. Se me hace cuesta arriba todo, desde levantarme y hacer la cama, hasta vestirme (y comprobar que la ropa no me entra), fregar o salir a la compra. Si no fuera por las citas de control médico no saldría tanto, porque a pilates y entrenar voy por inercia. En realidad salgo a cualquier lado por inercia y casi por obligación.

Hoy, los que leáis esto (que no seréis muchos por no decir ninguno), como véis no es mi día…. No me hagáis caso. Siempre me gustó quejarme. Y si no lo logro hacer alrededor de un café con amigos, al menos por aquí aún lo hago.

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La cruda realidad

La cruda realidad es que estamos solos en Suiza. Nos sentimos solos.

Y no ha sido la pandemia que nos vino a desbaratar la vida…. Ya mucho antes habíamos notado que nuestros conocidos (porque amigos ya no creo que tengamos aquí) nos dan callada por respuesta.
De unos años a esta parte, nuestras llamadas para quedar a tomar café, ver alguna exposición, visitar algún sitio, venir o ir a cenar, al cine, a jugar a algo, etc reciben, en el mejor de los casos, un no; o directamente un silencio.

Comprendo que cuando se empieza una vida distinta, cuando se tienen hijos o cuando se empieza a trabajar, no se tenga mucho tiempo. Pero el caso es que después de tantos años en esta situación, empezamos a pensar que simplemente no importamos. O que somos nosotros que provocamos rechazo. No sé.

Yo sigo pensando en llamar a gente para tomar cafés, para ver otras caras y conocer otros lugares…. pero se me atraganta la idea de recibir nada como respuesta. Y una se cansa de recibir pegas, un no o directamente el vacío en un chat. Así que, de unos años a esta parte, mido mucho mis interacciones para socializar.

Me da pena. Siempre digo, y quizá no me equivoco, que bien podría pasarnos algo y la gente aquí no enterarse. O mudarnos a otro sitio como si nos fuéramos a escondidas y nadie nos echaría de menos.

Hicimos del poema de Khalil Gibran, «El Matrimonio», nuestro lema; ese que acaba con un maravilloso….

«…Y estad juntos, pero no demasiado juntos,
porque los pilares del templo están aparte.
Y, ni el roble crece bajo la sombra del ciprés ni el ciprés bajo la del roble.

Nosotros, que intentamos que el viento dance entre nuestros cuerpos, que intentamos no beber de la misma copa, lo tenemos difícil en esta situación. No es que nos hayamos cansado el uno del otro, por supuesto que no… Pero a veces nos gustaría poder contarnos algo nuevo al acabar el día, algo que no sepamos ya o que hayamos hecho en un ambiente distinto con otras personas.

Hace bastantes meses, en una de esas raras ocasiones cuando logramos quedar con alguien para un café, hablando con un conocido, se le torció el gesto cuando le dije que en Suiza sentíamos ya no teníamos amigos…. me espetó, entre fruñe y fruñe de entrecejo, que eso no era así, a lo que yo sólo lo miré sin responder. Me río ahora al ver que de eso ha pasado casi un año y casi no hemos vuelto a coincidir con esa persona (y no por falta de intentos).

¿Hay grupos algo parecido al tinder para amigos? Sería un puntazo, la verdad.

Y no, no me consuela en absoluto cuando me dicen que estamos todos igual. Con mis amigas de Cádiz con las que hablo de esto, siempre me dicen lo mismo; pero para mí no es consuelo, porque yo ni siquiera tengo el alivio de tener a la familia cerca, ni los lugares de mi infancia que me aporten seguridad en mis momentos de desasosiego (y de un tiempo a esta parte tengo muchos).

El ser humano necesita socializar como el respirar. Yo personalmente, en perimenopausia, no paro de leer en todos sitios lo importante que es socializar en esta etapa…. y duele leer y escuchar eso. Porque esta etapa ya es suficientemente dura como para pasarla en un país extranjero. Encima sola.

La cruda realidad es que estamos solos. Y nos sentimos solos en Suiza.

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Relaciones tóxicas

Mucho se habla últimamente en el mundo virtual y el real (afortunadamente) de las relaciones tóxicas. Parejas, familia, amigos, etc que es mejor no acercarse a ellos porque tu salud mental acaba comprometida y deseando una caja de valium.

¿Qué ocurre cuando esa relación tóxica es con tu propio médico de familia? Pues de eso he tenido larga experiencia en estos últimos años.

La médica a la que he ido estos últimos años aquí en el pueblo donde vivo, ha sido en ocasiones buena doctora, no lo niego. Pero de un tiempo a esta parte no nos entendemos; o mejor dicho, ella no parece querer entenderme.

Así, a lo largo de estos 5 o 6 años (ya antes del covid-19, así que el estrés pandémico no es excusa), he entrado en una espiral de toxicidad con ella donde yo iba a su consulta con una preocupación y terminaba regresando a casa a ponerme un par de tilas. He llorado…. mucho. Me ha saltado la yugular explicándole a Luy las conversaciones tan surrealistas en consulta, incapaz de encontrar la respuesta adecuada delante de la doctora para dar con la contestación sólo a los 10 minutos de entrar por la puerta de casa.

Tiempo de sentirme, en su consulta, una niña pequeña de 5 años a la que se le explica cómo funcionan los virus como si yo no me hubiera criando viendo la serie de «Érase una vez la vida». Tiempo de ser desdeñada cuando he explicado mis síntomas con un simple «es lo que tiene envejecer… es la edad… tienes que pasar por esto como todas». O de haber vivido una falta de empatía total cuando he contado mis dolores físicos, mis miedos y preocupaciones («eso es que tu problema de estrés por ansiedad lo está magnificando todo, no escuches a tu cabeza»).

Otras veces lo he flipado con la capacidad de ser diagnosticada de artrosis, lipedema, y un largo etcétera de enfermedades a sólo con que la doctora me mirara, a simple golpe de vistazo. Quiero tener esa vista de rayos X… ni Superman, oigan. De que me dieran una crema antibiótica para lo que resultó ser un herpes. De que sólo me tuviera en cuenta enfermedades cuando le he presentado los test/resultados hechos y pagados por mí en España. Aún sigo sin haber recibido de ella una prescripción de densitometría de huesos, incluso si tengo muchos antecedentes directos de osteoporosis en mi familia.

Ir a su consulta se convirtió en el juego de la ruleta rusa…. Estará hoy de buen humor y me escuchará activamente y me tendrá en cuenta o, como siempre, me volverá a desdeñar con un «tu vida no está en peligro» o un «yo soy la doctora, es lo que yo digo (aunque sientas desde hace meses unos dolores horribles que no te puedes ni levantar de la cama)».

Como en toda relación tóxica, los de mi alrededor lo han visto siempre más claro que yo… ¡Cambia de médico!. Pero, como en toda relación tóxica, el que está dentro (osea yo) no lo ve o no quiere verlo. Se conforma con migajitas de buen humor y mínimo de empatía en un 0.1% de las veces que la visitas.

«A lo mejor he sido yo, que no he sabido explicarme». «A lo mejor he sido yo, que me estoy preocupando en exceso…» mira que ir a molestarla tras haberme caído por las escaleras y darme un golpe en la cabeza con un escalón? Si no es nada, este mareo y poca concentración seguro que no es para tanto. Este temblor en manos y piernas no es gran cosa. Este hormigueo se pasará. Seguro que estoy exagerando pidiéndole que me vuelva a dar ronda de vitamina B12, que mi malestar es imaginario como ella me dice…..

Y así, poco a poco he terminado sometida a su voluntad y casi su antojo. Porque las veces que he sacado la cabeza y he buscado una segunda opinión, se lo ha tomado como un desafío a su autoridad. «¿Que has ido a un segundo otorrino porque el primero al que te envié no te gustó cuando dijo que te intentaras olvidar simplemente de ese tínnitus que tienes tras quedarte sorda perdía de la noche a la mañana?» «¿Que se te ha ocurrido ir a un neurólogo para descartar algo chungo en la cabeza que justificara esos temblores y esa incapacidad de moverte sin tropezar por casa, incluso tras haberte dicho yo que lo tuyo eran nervios y estrés y se te pasaba yéndote a un Spa a que te dieran un masaje?» ¿»Que has decidido irte por tu cuenta a un fisio para poder movilizar la lumbar y el ciático, sin habértelo prescrito yo?» Ah, que tienes libre elección de médico y especialista… pero tu médico soy yo. Yo sé lo que te conviene mejor que tú misma.

Ha sido un infierno y aún estoy intentando librarme de sus garras. No dudo que sea una buena profesional…. cuando quiere puede ser incluso atenta y preguntarte por toda tu ascendencia y querer saber si tu familia ha sido afectada por la DANA de octubre. Pregunta sobre todo si la consulta es a primero de mes, fíjate tú lo que son las cosas ($$$).

El día que tiene bueno, puede incluso recetarte una resonancia para la lumbar incluso cuando ya llevas unos meses doblándote para sentarte sin llorar. Otras le cuesta escuchar que estas megacansada y que crees que tienes de nuevo la deficiencia de B12 o de hierro, porque se te cae el pelo a manojos y no puedes respirar. Pasa de tí para hacerte analíticas en mayo a pesar de esos síntomas (desde finales de marzo), porque «las de febrero salieron bien…» para pasar a preguntarte inquisitivamente «Qué has hecho para tener estos resultados»? sólo cuando en junio te sale (y se da cuenta) que te has estado gastando las reservas activas y pasivas de la vitamina/hierro y has estado entrenando fuerza al límite de la extenuación física, mental y muscular.

Sí, estoy en camino de cambiar de doctor y desintoxicarme de esta relación. Aunque está costando. Incluso mi terapeuta me ha llegado a admitir, que me ha visto sufrir mentalmente, pero, sobre todo, físicamente, este pasado 2024. Mi terapeuta la llegó a llamar por teléfono para hablar y la doctora se sintió desafiada también. Me metieron a fuego lo del más vale malo conocido que bueno por conocer.

Supongo que ahora tengo que trabajar en restablecer mi confianza en un nuevo médico de familia, el que sea. Y reencontrar mi amor propio para enfrentarme a mi doctora si alguna vez tengo que verle la cara de nuevo.

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Envejecer era esto

Desde hace unos años a esta parte siento que cada día de mi vida es un reto. Levantarme es un reto y continuar tranquilamente el día también lo es. Y a mí nunca me gustaron los juegos de retos ni de acertijos.

Tengo salud, no tengo ninguna de esas enfermedades que de las que Google nos informa que se acerca inminente nuestro deceso. Pero cada día sale una pequeña goterita que se une a las demás y al cabo de estos años mi vida gira en torno a pastillas, geles, cremas, ungüentos, sprays, revisiones médicas, pruebas de rutina, nuevas pruebas de descarte, etc. Es agotador.

Cuando mi madre me dice su típico «si te quejas ahora, no sé que vas a dejar para cuando seas vieja como yo»…. siempre le contesto lo mismo: «al paso que voy, lo mismo no llego. Porque tú, a mi edad, no tenías ni la mitad de lo que tengo yo ahora…. de la misma manera que la abuela, tu madre, estaba mucho mejor que tú a tu edad ahora.» En su caso ella esta peor que lo estaba mi abuela a su edad, de igual forma que yo estoy peor que mi madre cuando ella tenía 47 años. Pero ella no parece entenderlo o mejor dicho, no parece entenderme.

Tampoco me ayuda la ansiedad, por más que vaya a terapia, que siente todo lo que mi cuerpo padezca como un ataque. Al final es echar leña al fuego.

Y una se cansa de levantarse con incertidumbre de qué va a doler hoy, qué nuevo golpe se dará, qué nueva parte se inflamará, picará o quemará, cuáles serán sus consecuencias y si tendrá que añadir una nueva pastilla, crema o pomada a las que ya toma en el día a día, muchas de ellas crónicas. (y aún no hemos llegado a las de diabetes, colesterol, tensión…. la tríada de vejez oficial).

En fín…. Envejecer era esto.

Pero yo necesito entender y sobre todo, necesito tregua.

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Yo tenía un blog

Como Karen Blixen y su granja en África, yo tenía un blog al pie de las colinas del Uetliberg…. o algo así.

Aunque mi blog comenzó más bien en las orillas del río Thames, para pasar por el Liffey en aquel segundo salto de país. Teniendo en cuenta aquellos países, no yerro al decir que ha llovido mucho desde entonces y eso que se nota el calentamiento global y sus sequías.

El caso es que ha quedado un poco abandonado mi blog, como los kikuyu de Karen Blixen cuando ésta regresó a Dinamarca dejando atrás su granja de café.

Mucho no se me tiene que echar de menos cuando nadie de los que interactuaban con él ha preguntado. Ni siquiera el Sr. WordPress que interpelaba a mi querido Sopa de gansos. Tuve suerte en eso y no me ha atormentado estos años o en las esporádicas ocasiones en que he entrado a poner alguna recetilla (que es la única inspiración que me viene).

Ni siquiera tengo ya infinitos comentarios en cola de spam, cazados por Akismet. Eso dice mucho…. no me quiere ni la publicidad engañosa.

¿Qué ha pasado todo este tiempo? No sabría decir…. Aún intento ajustarme a los nuevos tiempos y a las nuevas modas, al desquerer de todos aquellos que en su día dieron vidilla a mi blog con sus comentarios y sus propios blogs. Han ido desapareciendo todos poco a poco como un barco en horizonte con bruma, tranquilamente, pausadamente, sin darse cuenta.

No es que mi vida estos años se haya encontrado en el «space between the spaces» que describiera mi medio melocotón en su propio blog, aunque sí que en mi caso siento que mis proyectos personales han estado parados y mi vida en suspenso, esperando a que todo vuelva a su ser, que fluya en otra dirección que no sean médicos (propios y ajenos), ansiedades y nubes negras en el pensamiento. Otra dirección que me haga colocar en su lugar a personas que una vez fueron algo y ahora son poco menos que nada, que no me duela su no-ausencia a pesar de todo. Un viento que lleve la proa de todos esos proyectos de costura, manualidades, estudios, etc a buen puerto…. aunque para eso quizá tendría primero que levar anclas, desplegar velas y soltar lastres, con una motivación que parece tan perdida como yo misma.

It’s my party and I cry if I want to…..

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Berenjenas a la plancha con salsa de tahini y limón

Ingredientes:

– 1 Berenjena por persona

– 1 Yogur natural o yogur griego

– 1 cucharada sopera de tahini por persona

– Un poco de agua

– Zumo de 1/2 limón

– 1 diente de ajo

– Pimentón dulce o agridulce

– Hojas de menta o albahaca picada

– Piñones tostados

– Aceite de oliva

– Sal

– Pimienta negra

– Comino en polvo

– Granos de granada para decorar

Preparación:

Lavar la berenjena y cortarla en rodajas no muy finas (luego menguan en la plancha).

Tras salpimentar las rodajas, ponerlas en una plancha de asar con un poco de aceite de oliva y hacerlas por los dos lados. Reservar las berenjenas.

Para la salsa, mezclar en un bol el tahini el limón, el agua (es a gusto, para aligerar la salsa), el diente de ajo bien trituradito y sal a gusto. Reservar la salsa.

Montamos el plato poniendo primero en el fondo yogur natural. Seguidamente las rodajas de berenjenas asadas, y por encima de éstas, un par de cucharadas de la salsa tahini.

Esparcimos por encima la menta o albahaca picada, el pimentón, el comino, los piñones y los granos de granada.

Terminamos regando con un chorrito de aceite de oliva.

Notas:

Un plato estupendo para acompañar carnes. Se me ocurre que con ternera con pimientos o un vitello tonnato, sería estupendo.

Se puede hacer también poniendo primero una base de rúcola y luego montando el plato tal cual y ya estaría listo como cena ligera.

Hay infinitas posibilidades…. ¡probadlas y me decís! :)

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Puerros gratinados con jamón york

Ingredientes:

– 2 puerros largos por persona

– Lonchas de jamón york

– Lonchas de queso

– Salsa Bechamel

– Queso rallado para gratinar

Preparación:

Precalentar el horno con calor arriba y abajo a 180 ºC.

Cortar la parte más verde oscura de los puerros. Limpiarlos, haciendo un corte en cruz en ambos extremos y pasarlos bajo el grifo*. Con ello quitaremos la tierra que tengan.

Cortar los tallos de puerro en dos. (En total tiene que se unos 3-4 trozos para cada comensal)

Poner a hervir una cacerola, donde escaldaremos unos 10 minutos los puerros limpios y cortados en dos. Escaldarlos nos ayudará a que reblandezcan y tarden menos en hacer en horno.

Sacarlos a un papel de cocina cuando haya pasado el tiempo.

Esto hará que escurran un poco el líquido y que enfríen para poder manipularlos luego. :)

Cuando hayan enfriado (si no queremos quemarnos los dedos xD) es hora de enrollar, primero el queso…..

…. y luego seguidamente el jamón york en lonchas. La idea es que quede tipo canelón. Colocar cada «canelón» en una fuente (si es refractaria de esas blancas mejor).

Finalmente, napar con la salsa bechamel y cubrir con queso rallado.

Introducir en el horno unos 20- 25 minutos con la función grill.

A disfrutar! :P

Notas:

Mira que hace tiempo que hago estos puerros gratinados (también los llamo «falsos canelones de puerro») y aún no tenía publicada la receta en el blog.

Lo del * es porque se puede comprar el puerro entero tal cual, teniendo que limpiarlo en casa, o se puede saltar este paso si se compran esos que ya vienen limpios y empaquetados. En mi caso depende del día y las ganas de trajinar que tenga en la cocina. Con todo y con eso, incluso cuando compro los limpios pre-empaquetados, les doy un cortecito en cruz y un repasito bajo el agua. No hay cosa peor que masticar arena/tierra al comer los puerros (por experiencia) xD.

Es un plato bastante saciante, que yo adoro. Lo hago con relativa frecuencia. Creo que los puerros y el romanesco gratinado es de lo que más cocino (además del saganaki y el palak paneer) Ambos gratinados, son comidas que no llevan mucha elaboración y desde que se empieza de primeras hasta que se comen, no llevan más de 35 – 40 minutos.

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Toda la verdad, señora

Oh sí…. ha llegado ese momento de mirarse en el espejo y preguntarse a sí mismo… ¿Tan mayor estoy para que de manera generalizada me llamen «señora» allá donde voy?

No es que me moleste, sino que me llama la atención que ahora lo escucho más que nunca. Antes era algo esporádico, ahora es continuo.

Supongo que el bienio Covid-19 ha pasado factura y con la mascarilla la gente se fija más en los ojos…. y mis ojos siempre tuvieron arruguillas, incluso cuando era una jovencita de 15 años. Me viene de la familia materna que cuando me río se me achinen los ojillos y aparezcan como consecuencia las marcas de expresión.

Estos dos años no he tenido muchos motivos para reirme a carcajadas, pero mis sonrisillas de escepticismo y sarcasmo sí que me han sacado algunas situaciones y siempre he intentado reir entre tanta ansiedad y agobio. Pero de ahí a que me llamen señora…. uff.

Supongo que me tengo que acostumbrar, pero a veces, en ciertas situaciones, considero el «señora» totalmente innecesario; una palabra dada de manera gratuita; sobretodo cuando la persona que te la espeta puede tener perfectamente la misma edad.

Tampoco tengo claro si me duele más a los oídos y al orgullo vanidoso que me digan señora, o que me llamen por sistema de usted…. siempre consideré que el tratamiento de «usted» se le daba a las personas de una edad considerable (de 70 para arriba) o de un rango social mas elevado al tuyo como signo de respeto.

Yo a mi abuela nunca la llamé de tú. Jamás. Siempre escuché que mi madre llamaba a su propia madre de usted y así lo hacíamos en casa también mi padre, mis hermanas y yo.

Siempre de usted. No es que la quisiera menos o mi abuela fuera de sangre real. La pobre trabajó toda su vida como una mula para darle a sus hijos de comer y que no pasaran hambre (la necesidad de tener sólo un vestido o un par de zapatos ya fue distinto). Pero hambre, incluso en post-guerra civil, mi madre y mis tíos nunca pasaron. Aun así, sin alta alcurnia, a mi abuela la llamábamos de usted….

¿Sentiría la pobre, lo mismo que yo siento ahora cada vez que me llaman señora o de usted? Desgraciadamente no le puedo preguntar y tampoco lo hice en su momento…

El caso es que cuando me dan ese tratamiento me siento rara; ese tratamiento no encaja conmigo y lo llevo reguleras. No es que no acepte el paso del tiempo; soy consciente de cada arruga, estría, celulitis, adelgazamiento de piel, etc que tiene mi cuerpo…. son vivencias atesoradas, son emociones sentidas y son experiencias ganadas, para bien o para mal.

Soy vieja, lo sé. Siempre me sentí vieja, hasta con 15 años. Quizá más madura y responsable con respecto a mi edad, por ser la pequeña en una casa con adultos. Y si me dijeran «Es que estás vieja, pues les respondería «Sí, lo sé…. ¿y qué?. Estoy vieja, soy vieja, pero estoy viva y sigo cumpliendo años….».

Sin embargo, ese «Señora» que escucharía la tercera en discordia de la famosa canción de Rocio Jurado; ese señora o ese usted es un puñalito que atraviesa mi orgullo y mis oídos.

Los que rondáis mi edad…. ¿os pasa lo mismo? ¿Cómo lo lleváis?

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Las pequeñas cosas de un día casi normal

Desde que empezara la locura en marzo de 2020, ¿cuántas veces habéis sentido que teníais un día como los de antes?

En los míos, yo me levantaba temprano a eso de las 7am; desayunaba, recogía la casa y quizá salía a mi clase de Hula o al centro con una amiga para ir de tiendas, tomarnos un café y dar un paseo. Lo echo de menos, la verdad.

Este virus ha venido a trastocarlo todo y hemos tenido que adaptarnos a marchas forzadas como buenamente hemos podido.

Mi año 2021, lo que va de él, ha sido un poco caca. Demasiadas visitas a médicos para mi gusto. Y sin comerlo ni beberlo, no recuerdo haber tenido un día tranquilo o medio normal (dentro de lo que las medidas sanitarias permiten). Mis ganas de hacer cosas, incluso si es dentro de casa, se han diluído como las esperanzas de volver a la normalidad de 2019. Sigo añadiendo proyectos de costura y croché, pero no hay pizca de ganas, concentración ni fuerzas de hacer nada (ni de empezar ni de terminar lo que tengo empezado). Siempre con un ojo en la salud de los míos en España y la mía propia aquí.

Ayer, por primera vez en mucho tiempo, tuve esa sensación de nuevo: tener un día normal. Sin agobios, sin dolores, sin miedos.

Ayer aprovechamos una de mis salidas al galeno de turno, para dar un paseo por Zürich con Luy. Algo tan sencillo, pero que hacía porrón de tiempo que no disfrutaba.

Ir paseando despacio, sin destino determinado, a donde nos arrastraran los pies.

Decidir entrar en un super, para comprar unos bocadillos y unos refrescos y sentarnos a comerlos en la plaza de la Opera. Estaba gris y hacía frío, no lo niego, pero de vez en cuando el aire en la cara se agradece. Comer sin prisa, disfrutando de los niños que se aventuraban en los chorros de la plaza. Mirar al edificio del cine donde solíamos pasar los viernes o sábados, con ojos anhelantes. No entrar, eso sí…. ahora siento el cine como si fuera un deporte de riesgo, jajaja.

Regresar a la calle principal de tiendas dando un paseo, comprobando lo bonita que es Zürich a la luz gris de las nubes.

Entrar porque sí, en la Stadthaus y descubrirle a Luy la belleza de su patio.

O perdernos, por primera vez en casi 24 meses, en una librería; ver su nueva decoración, amar a primera vista su suelo hidraúlico casi recién puesto, oler esa delicia de libros nuevos y tinta impresa.

Soñar con otros días, otros planes….

Por primera vez, un día casi normal. Sin «y si….» sin «no lo sé….». Un día «acá y ahora». :)

Y vosotros, ¿habéis sentido un día casi normal desde entonces?

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Palak Paneer

Ingredientes:

– 300 ó 400 gr de espinacas troceadas congeladas

– 200 gr de queso Paneer*

– 1 lata de tomate troceado (240 gr) cebolla

– 1 cebolla

– un poco de pasta de gengibre y ajo (típica en la cocina hindú)*

– Curry suave en polvo (el amarillo)

– Especias al gusto: pimienta, canela, comino, gengibre en polvo, etc

– sal

– aceite de oliva

Los ingredientes con * pueden sustituirse con lo que explico en la sección de notas

Preparación:

Cortar y pochar la cebolla en aceite de oliva. Cuando se haya pochado, añadir las espinacas y dejar hacer unos 8 minutos.

Añadir la pasta de gengibre y ajo y una cucharada de curry. Remover bien y dejar hacer

Cuando se haya incorporado todo, añadir el tomate y el resto de especias al gusto (yo uso sobre todo comino, canela, curry, orégano, pimienta, etc… según me dé el día).

Dejar otros 10 minutos removiendo bien y chafando los trozos de tomates con el dorso de la cuchara de madera contra la sartén para que se desmenucen bien y se integren con las espinacas.

Cuando esté todo pochado, cortar el queso Paneer en cuadraditos y añadir a la sartén. Dejar hacer otros 5 minutos.

Es hora de servir con un buen pan naan, pita o libanés.

Notas:

Esta es mi versión de un plato que probé hace unos años en casa de unos amigos indios en Londres. Lo de este plato fue amor a primera vista…. o más bien al primer bocado. Uff…. está riquísimo!

Claramente no le llega a la suela de los zapatos a aquel que probé en casa de ellos (me falta la cultura gastronómica de su país y su manos).

Seguramente me falten algunos ingredientes más, pero aquí es un poco complicado conseguir algunas cosas y apaño con lo que hay. Ya me puedo dar con un canto en los dientes de que en Suiza encuentro queso paneer en los dos principales supermercados de Thalwil.

En España no sé si sería así. Si hay que sustituirlo por algo, sería halloumi (aunque está salado en comparación con el Paneer) o con el Tofu (por apariencia, que no por textura, según palabras exactas de nuestro amigo: tofu can replace the appearance but not the taste).

Otra de las cosas que tengo que apañar es la pasta de gengibre y ajo. Ignoro si la venden en alguna de las tiendas asiáticas o de oriente próximo del país, pero yo lo apaño majando directamente dos dientes de ajo con el pickle de gengibre ese que ponen cuando compras sushi. xD Imaginación al poder!

No creo que mi preparación sea muy ortodoxa. Sé que hay quienes le ponen crema de coco, otros la auténtica pasta de gengibre o especias más picantes….

Lo que sí os puedo asegurar es que, de cualquier manera, el Palak Paneer está riquísimo.