Nuevos retos de verano

Quienes han hablado conmigo en los últimos años, deben saber que a pesar de llevar viviendo en Suiza casi 8 años ya, he pisado poco la parte francesa del país. La del Ticino, la adoro… he ido varias veces. Pero la francófona, a excepción a esta visita a Ginebra aprovechando la visita de mis amigas en 2011, nuestras dos visitas a Gruyeres con amigos o cuando Luy y yo fuimos a ver la exposición de Audrey Hepburn en Morges (y de camino visitamos Lausanne), poco más.

Una de las razones es la barrera del idioma.

La vez que fuimos a Morges me costó horrores hacerme entender con la señora que vendía los tiquets de la exposición. Básicamente por ni ella hablaba otra cosa que no fuera francés (o al menos eso me dió a entender cuando pregunté si hablaba inglés, alemán, español o italiano) ni yo podía soltar palabra en la lengua de mi admirado Victor Hugo.

Tampoco me pude comunicar mucho con parte de la familia francesa de la mami de Luy. Y fue una pena, porque hubiera sido muy bonito charlar con ellos (al menos intentarlo y chapurrear) cuando fuimos a verlos aquel verano de 2011.

Ya llevaba varios años con eso de “aprender francés” escrito en mi libreta de propósitos de año nuevo…. y así un año y otro y otro… hasta que por fín he decidido llevarlo a realización.

De momento no se me da mal, salvo la pronunciación, claro…. que hay sonidos que no pillo. Pero espero que con algo de práctica, empeño y el duolinguo pase pronto esa fase de sentirme ridícula cuando la pongo la boquita así :o Jajajaja.

Lo bueno es que siendo española y sabiendo italiano (además de mi idioma nativo), pues me defiendo con el francés. Al menos lo entiendo en su forma escrita. La profe es medio italiana – medio francesa y me ha dicho que no tendré problemas.

Tampoco es que me quiera convertir en experta de la lengua. Me conformo con saber pedir en un restaurante, reservar una habitación de hotel o pedir un café sin que me entiendan que quiero aguachirri… :D

De momento no tengo intención de presentarme a examenes oficiales ni nada de eso. Voy sólo a clase una vez por semana (1.5h de clase)

Sólo quiero hacer algo útil con mi tiempo y salir un poquito de casa.

Y vosotros, ¿tenéis algun propósito de verano?

 

Tormentas de verano

Una de las cosas que me llaman más la atención del verano suizo son las tormentas de verano.

Aún viniendo de un sitio de sol y calor estivales como es Cádiz, esto de las tormentas de verano es algo que no viví hasta que no vine a Suiza. Miento…. durante mi curso de Erasmus también me tocó alguna vez refugiarme bajo las calles porticadas de la ciudad roja debido a una inesperada lluvia de agua y granizos. Pero en Bologna apenas las sufrí hasta un 1 de Julio….aquí en Suiza ya van para algunos años y no dejan de sorprenderme. ;)

Un factor determinante para estas tormentas de verano es el calor. La gente tiende a pensar que en Suiza, no hace tanto calor como en los países sureños… que vengan y este vivan húmedo y pegajoso… luego que me cuenten ;)

Aquí, te puede amanecer un día de verano perfecto, bien clarito, cielo azul y ni una nube. Puede incluso que por la mañana se esté fresquito.

Luego, conforme pasan las horas del día, el calor y la humedad aumenta… y aumenta… y aumenta… hasta que se hace casi insoportable. Y es entonces, casi siempre por la tarde o cuando ya va a anochecer, que empieza a levantarse un airecillo que trae nubes y encapota el cielo.

Ese es el primer signo… el viento y el nublarse del cielo.

El segundo… el ruido. Cuando ya está lo bastante encapotado el cielo como para subir el toldo de la terraza (si estás en casa; si estás en la calle y te lo dejaste extendido, dios te pille confesado….), entonces empiezas a escuchar los truenos acercándose. Esta parte puede variar en duración… bien media hora o más, bien unos minutos nada más (si es que la tormenta no viene hacia tí, sino que se ha formado directamente encima del sitio donde estés).

Junto con los truenos, empiezas a ver los rayos… y entonces, empiezan a caer las primeras gotas de lluvia. Primero una aquí, otra allá, de tamaño medio.

Luego empiezan a caer más seguidas hasta que caen en tromba. El olor a petricor es intenso. :)

Puede que incluso granice. He visto granizar desde bolitas tipo granitos de saquito de gel de sílice, hasta canicas. Hasta ahora no he visto caer pelotas de golf o de tenis… hasta ahora. ;)

Se supone que la duración de una tormenta es de una hora como mucho. Sin embargo, el miércoles pasado me tocó esperar en mi Coop Bau&Hobby local, más de 1.5h a que al menos pasara lo peor, para poder regresar a casa.

La tormenta se formó, directamente sobre Thalwil, justo cuando me dirigía a caja a pagar las plantas y para cuando quise salir de la tienda había empezado a llover goterones gordos…. :S.

Yo llevaba zapatos de esparto y no era plan de mojarlos y estropearlos. Hasta la gente que entraba en la tienda con zapatos tipo tenis cerrados venían con los pies caladísimos… :(

Yo decidí esperar. Otra chica que llevaba un calzado parecido al mío, decidió que iba a salvaguardar los zapatos, metiéndolos en su mochila y caminar descalza.

Yo aún no tengo tanta querencia a sentir el asfalto bajo mis pies…. ni a llegar a casa con las plantas de los pies directos para pasar bajo la lejía y el estropajo… xD

El caso es que las tormentas de verano es de lo más habitual en este país. A mí me siguen pillando aún de sorpresa a veces. Pero aún así, son agradables, porque refrescan el ambiente mucho.

Y si se pueden disfrutar desde casa viendo llover desdre dentro con una copichuela o un heladito, se disfrutan mucho más. ¿Verdad? :D

 

Larga vida a las cabinas

En la edición española de la revista online Swissinfo, leo que en toda Suiza quedan alrededor de 5.900 cabinas de teléfono. Llegaron a ser 58.000 en sus mejores tiempos. Eso fue antes de que llegara y se generalizara el uso de internet y de los telefónos móviles.

Ahora que lo pienso, una de las cosas que me llamaba la atención cuando llegamaos a Thalwil era que aún había cabinas telefónicas. :)

Una justo en un lateral de la famosa cuesta que tenemos que subir para llegar a nuestra casa (ya no está). Me resultaba curioso, porque aún veíamos a gente usándola a veces, cosa que era como del siglo pasado, jajajaja. Había otra cerca de las oficinas de empadronamiento del ayuntamiento local (creo que también la quitaron). La tercera que recuerdo, era la de la Postplatz, cerca de la oficina de correos.

Foto del Kultur Thalwil

El año pasado, dando un pequeño paseo por el pueblo, Luy y yo descubrimos que la cabina de teléfonos de Postplatz había sido reconvertida en una pequeña biblioteca.

La idea me parece chula. Dar una segunda vida a un objeto que formó parte de la cotidianidad  de una ciudad durante tantos años, pero que ahora ya no tiene una finalidad objetiva. Algo así como hacer un “upcycling” de objetos de ciudad. :)

El proyecto de la BuchBox, que así se llama, nació como una iniciativa de la Asociación Cultural de Thalwil.

Con el lema “Toma un libro, trae un libro” apuesta por dar vida y uso a esos libros que andan rodando por casa y que pueden ser útiles para dar horas y horas de lectura a otras personas que, bien no tienen recursos para comprar continuamente libros o bien no tienen sitio para los que adquieren.

Sí, el saber no ocupa lugar, todos los sabemos…. Pero aquellos que leemos a menudo, sabemos que los libros sí que lo ocupan. Y que en muy contadas ocasiones se suelen releer.

Esta idea me parece genial para esos que quieren ampliar sus lecturas, pero no quieren o pueden meter más libros en casa. También para aquellos que quieren leer en otros idiomas y practicar lo que aprenden en clases de idiomas. Porque en la BuchBox de Thalwil no sólo hay libros (novelas, ensayos, krimis, etc) en alemán… también en inglés, francés, italiano…. :)

Básicamente es como una bolsa de intercambio de libros (en Thalwil tenemos un día de intercambio gratuito de libros al año), pero en un lugar permanente. No hay que esperar a que llegue el día señalado, siempre está abierta esta “cabina de libros” esperando para tí :)

Creo que la idea se ha ido extendiendo poco a poco por el cantón: Horgen también tiene su cabina de libros. Y otras partes de Suiza se han apuntado a esta iniciativa también (Lausanne, Schwyz, Ticino son algunos de los cantones que también han adoptado esta idea).

En España, había visto algo así con la expendedora de Libro Express en la estación de Sol de Madrid.

Pero según he leído en este artículo, esta máquina funciona como una biblioteca: das tus datos y te prestan el libro (junto con un tiquet de referencia) durante 15 días con derecho a renovación, mientras la BuchBx de Thalwil es totalmente anónima. Puedes dejar los libros que quieras y llevarte lo que te gusten. No das datos, ni nombre ni nada.

Las únicas normas existentes, están bien claritas (en alemán) en la puerta de la cabina…

Y son de lógica: nada de dejar libros en mal estado, ni cierta “literatura” (porno, revistas religiosas misioneras, libros de texto, periódicos, etc). Se trata de dejar libros de lectura (novelas, comics, de misterio, de romance, etc). Si deseas colaborar económicamente con el proyecto, te dan también el número de cuenta.

No sé, me parece una iniciativa muy chula. ¿La conocíais?

No he usado nunca la cabina, pero estoy orgullosa de que en Thalwil tengamos una. :)

 

Sr. WordPress, sigo respirando

Pues parece que me he quedado con la cara de aliño (de zanahorias), desde mayo.

No voy a poner excusas porque, sinceramente, no creo que nadie me lea ni me haya echado de menos en el blog. Si fuera así, alguien me habría comentado algo o me habría escrito un email para mostrarme su preocupación o darme un toque de atención…. descastados! :P

Si escribo esto es para que el Sr. WordPress no me tire de las orejas como a mi querido Pablo.

Este año ha sido casi calcado al año pasado, con la salvedad, para nuestra desgracia, de no haber tenido vacaciones propiamente dichas. Este año no pudimos ir a ningún sitio por nuestro aniversario, por la sencilla razón de estar esperando el aviso del hospital para una nueva operación de mi madre.

De nuevo cuatro semanas en Cádiz sin apenas disfrutar, regresando tan cansados a Suiza que hemos casi dejado escapar el verano con la sensación de no habernos enterado de nada.

Como mucho, si he de recordar alguna excursión este año, es un fin de semana que pasamos de improviso en el Ticino. Por una vez, no nos llovió. :)

Allá por mayo (casi cuando se publicaba mi post de zanahorias aliñadas) nos escapamos un fin de semana a Locarno y disfrutamos de la visita al Val Verzasca. Un punto en el mapa al que llevaba deseando ir desde que hace 7 años nos mudáramos a Suiza.

No sé si por la alegría de tener unos días juntos y de excursión, o por el subidón de saber que iba a ver por fín esas maravillosas aguas turquesas, el caso es que el mismo día de llegar a Locarno me lié la manta a la cabeza y cuando Luy me dijo de subir en telesférico al monte Cardada, le dije que sí. Me estaba arrepintiendo a los 0.3 segundos tras cerrarse las puertas de la cabina. Aquello iba demasiado suelto para mi gusto y mi vértigo…. llegué arriba con piernas temblonas y un estómago revuelto.

Pero bueno… las vistas tampoco estuvieron mal del todo.

 

Y es curioso, que casi cuando esperas que algo ocurra, se desespera uno en el camino, porque no pasa nada. Y cuando se planea hacer algo (y afortunadamente se hace), es cuando los planetas se alinean y se deciden a actuar.

Tras la esperada llamada del hospital, el fin de semana siguiente a nuestro pequeño respiro de fin de semana, ponía rumbo a Cádiz para ayudar durante la convalecencia y recuperación post-operatoria de mi madre.

Como dije, a la vuelta estábamos tan agotados que casi ni me dió tiempo a disfrutar del verano. Como mucho, darle algo de vida a mi terraza con unas minipetunias y una mano de barniz a sillas y mesa de exterior.

Lo único que recuerdo haber hecho, digno de ser mencionado, era otra escapada por mi cumpleaños para hacer el Glacier Express, en sentido inverso, desde Zermatt a St. Moritz. Por cierto, precioso. :)

Llegó septiembre y decidí que, al menos, había que aprovechar las temperaturas más agradables (algo más llevaderas) del otoño, para hacernos el Tour de Aargau.

Luy ha escrito un poco sobre dicho Tour. No me voy a repetir. Lo único, deciros que es muy recomendable, sobre todo aprovechar hasta finales de octubre para visitar algunos castillos del cantón de Aargau.

El Castillo de Hallwyl, del tipo “Wasserschloss” (enclavado en mitad del agua) y magníficamente cuidado. No os sorprendáis si os digo que me enamoré de este castillo.

El de Habsburgo, un poco decepcionante. :/

Sobre todo porque es el origen de la poderosa dinastía de los Austrias, monarcas que rigieron los destinas de buena parte de Europa (Alemania, Austria y España entre otros) y cuya reseña en el castillo se reduce a un mero cartel en alemán con una explicación concisa. La versión en inglés del texto tenía una letra hiperreducida muy difícil de leer para los mega-miopes como yo. Es lo que tiene que del castillo sólo quede en pie una torre, el 90% de ella ocupada por un restaurante (y que si no tienes reserva no puedes visitar)….

El Castillo de Lenzburg, otro bellezón digno de ser visitado, paseado y descubierto. Cuidado con el dragón!

Otra cosa que sí recuerdo de este otoño 2017: El Zürich Film Festival, y la Gala Premier (con asistencia del director) de Breath

No os digo más que impresiona la elegancia que destila Simon Baker y la sencillez que desprendió en las palabras previas a la Premier de su película en Suiza.

La película, la recomiendo totalmente. El libro en el que se basa, del mismo nombre, también. De verdad, si tenéis la oportunidad de leer el libro o ver la peli, no lo dejéis escapar.

Y así, poco a poco, hemos ido entrando en el invierno… pero ya os he aburrido bastante por hoy.

 

Curso de costura

Pasan los meses y no os cuento que estuve en un curso de costura, allá por noviembre de 2016. Si no demorara tanto esto de escribir posts, os hablaría en presente, pero está visto que llegar tarde a contar las cosas es más mi rollo…. xD

Allá por finales del mes de octubre, en el foro al que estoy suscrita, llegó un email dando a conocer un sitio donde se daban cursos de costura (en inglés). El sitio en concreto estaba en Adliswil.

Sopesé pros (hacía algo productivo por la mañana fuera de casa, amén de socializar con más gente) y contras (mi nivel no es medio ni avanzado, pero ni de lejos es principiante) y pensé que estaría bien acercarme a ver qué podía ofrecerme el curso. Soy de las que piensa que siempre hay algo nuevo que aprender, por nimio que sea.

Así que allí estuve entretenida unas cuatro o cinco semanas.

Lo primero que la profesora enseñó el primer día, fueron los distintos componentes y partes de una máquina de coser. Ahí yo llevaba ventaja (bastante), aunque mira…. al menos aprendí los nombres en inglés… :P Luego, pasamos al ejercicio práctico de coser siguiendo la línea trazada en un papel.

Claramente, tengo que mejorar en las curvas… pero las rectas las domino (sorry, no tengo foto de ese papel). Jajaja.

En esa primera sesión dejamos cortadas y preparadas unas telas con las que haríamos en la siguiente sesión un cuello (loop scarf).

A partir de ahí, las sesiones se sucedieron con la dinámica de terminar lo que habíamos dejado a medias en la clase anterior y eligiendo y preparando para la siguiente los materiales de nuestra pieza para la siguiente.

Así, una tras otra fueron saliendo de mis manos un cojín, un estuchito y una bolsa, con las que aprendimos a poner cremalleras, botones y ojales, adornar con aplicaciones y cordones, etc.

Llegó el final de ese primer curso y la hora de hacer mi valoración personal.

No había estado mal del todo: me lo había pasado muy bien, había aprendido algunos conocimientos básicos (nunca antes había puesto una cremallera, ni un ojal o una aplicación), había pasado un par de horas al día haciendo algo distinto y encima me llevaba las piezas a casa. Lo único malo que veía es que, si bien había aprendido algunas cosillas nuevas, en otras yo iba más rápido que las demás y lo que yo quería aprender (manejar tejidos de punto elástico, el funcionamiento de una remalladora u overlocker, etc) no lo iba a ver en largo tiempo…

Aún así, me decidí a dar una nueva oportunidad a un siguiente curso. Y ahí vino mi frustración… :(

En el siguiente curso, se supone que íbamos a hacer algo sencillo de confección de ropa con el que aprenderíamos nuevas técnicas. Cuando la profe dijo eso, yo me emocioné interiormente, pensando que sería alguna camiseta… pues no. La pieza elegida por ella fue un pantalón de pijama. “De punto elástico al menos y así aprendo a confeccionar con ese tejido y en overlocker”, pensé… Ilusa de mí. No recordaba que también hay pantalones de pijama en algodón. Y que, precisamente, yo no los uso porque no me resultan cómodos, así que hacer uno en mi caso era un desperdicio de tela… :S

Opté por convencer a la profesora de hacer yo algo más acorde a mis gustos y personalidad. Me llevé un par de revistas Burda de las mías y elegí esta falda, que yo, sabiendo lo que sé y viendo la graduación que le da la revista (dos puntos – principiante medio), juzgué apropiada a mi nivel.

La profesora miró con estupor aquello. Que “tenía tablas y pliegues, además de tener que aprender a poner una cremallera invisible“, me dijo. Tal cual. Ahí es cuando empecé a sospechar que ella pensaba que yo era una principiante total; y eso que yo le había dicho ya, en varias ocasiones, que salvo poner cremalleras y algunas cosas más avanzadas, yo tenía cierta experiencia.

La única dificultad que ví a la falda, no era precisamente la construcción ni la técnica que necesitaría para hacerla. La única dificultad, era que es un modelo Burda (cuyas explicaciones de montaje me han resultado siempre un poco precarias incluso en español) y encima es un Burda…. en alemán. :S

Así que eso fue lo que me mantuvo en jaque una semana entera. Hasta que vino, a la semana siguiente, una compañera que es alemana y me ayudó a desentrañar lo que el cuadernillo de explicaciones quería decir. Fue difícil entenderlo hasta para ella y eso que era su idioma… Eso indica el nivel de lenguaje que se gastan los de Burda (es una de las razones por las que tengo más Patrones que Burdas).

Una vez superado ese escollo, fue cuestión de trazar el patrón y cortar la tela, ajustarla a mi forma corporal y empezar a coser. Durante todo ese proceso, me dí cuenta de que la profe y yo no teníamos química. No es que me cayera mal, ni creo que yo tampoco a ella… simplemente no había chispa entre nosotras.

Lo flipó cuando me vió cortar la tela. La forma en que yo aprendí, me la enseñó mi madre y mi abuela lo hacía exactamente igual. Se trata de poner el patrón en la tela, marcando los margenes de costura con jaboncillo. Se corta por esos márgenes y se pasa un hilo para marcar las piezas. Ese hilo se corta luego y se queda como unos flecos, que será por donde se tenga que casar y coser luego las piezas.

Quizá no es una manera muy moderna de hacerlo, pero es la que yo aprendí y la que a mí me resulta más cómoda. La profe me sacó toda una batería de papeles de calco de distintos colores, marcadores de distintas dentadas, etc… Ella alucinó cuando vió que yo no usaba nada de eso. Claro, yo tardé mucho en marcar con hilo todas y cada una de las líneas, pero es que es a lo que estoy habituada. Es un paso tedioso, pero necesario y me ayuda a abstraerme también de todo lo demás; digamos también que es una forma de meditación, ahora que está tan de moda… jajaja.

El caso es que a cada cosa que yo hacía a mi manera, ella miraba con estupor, tornaba los ojos de desesperación o hacía comentarios del tipo “eso lo hacía mi abuela, ahora gracias a dios existen otros métodos”, que me dejaron claro que me consideraba bicho raro. xD

La cremallera invisible fue otro caballo de batalla con ella. Me pasé 45 minutos de reloj, esperando que me dijera cómo coser la cremallera. Darme el pie correspondiente, me lo dio rápido, pero luego pasó a otra compañera que necesitaba ayuda (luego a otra, luego a otra, luego a otra, luego se hizo un café…) y así hasta que decidí que me tenía que apañar yo sola.

Para haber puesto yo solita la cremallera no estaba mal. Aunque cuando ella vino a ver cómo iba yo (creo que por compromiso), me dijo que no había apurado bastante y que había una parte (la inferior de la cremallera, que era jodido llegar con la máquina allí) que iba a tener que coser a mano. Respiré hondo y me reconforté pensando que ya habían pasado las pertinentes cuatro sesiones y que esa era mi última clase…

La verdad, tras todas esas experiencias, decidí que no iba a continuar. Para gastar el dinero que gasté en un curso de 4 sesiones en el que voy a hacer una falda Burda, que puedo hacer perfectamente en casa sola, pues como que no. Si al menos sintiera que tenía el apoyo de la profe, pues a lo mejor hubiera continuado, pero si me deja a mi libre albredrío cuando la necesito, pues ya lo hago yo en casa a mis anchas…

La falda no la he llegado a terminar. Mi idea para esa última sesión, era colocar la cremallera, cinturilla y botón, además de pulir los cantos (a ser posible con el overlocker o con la puntada especial de una máquina de coser). Pero ya véis que no me dio para mucho más que para coser las costuras y poner yo sola la cremallera.

Supongo que algún día la terminaré, cuando tenga ganas. Ahora mismo, cuando la cojo, me recuerda demasiado a la falta de química que tenía con la profesora  (o es que me recuerda a la profesora con falta de química? jajaja) y me da mucha pereza…

 

Bailemos…. Salsa!

Pues sí, como lo leéis. ;)

No tenía bastante con el hula semanal y con las clases de flamenco, a las que ahora voy dos veces al mes… también voy a clase de salsa cubana, desde hace unas cuantas semanas.

De momento, es nivel principiante, así que sólo hemos aprendido tres o cuatro pasos básicos. Si me preguntáis el nombre: “mambo”, “cucaracha” y la vuelta. Creo que hay uno más, pero no recuerdo ahora el nombre, jajajaja (qué desastre…)

Las clases son aquí en Thalwil, así que muy bien. Lo malo es el horario, que es un poquitín tarde, y nos hace tener que decidir si ir muertos de hambre y cenar al regresar (tarde) o ir masticando el último bocado engollipaítos perdíos… jajaja. De momento, estamos probando a ver qué nos viene mejor. Y sí, hablo en plural… a estas no voy sola sino con Luy. Yupi! :D

Yo de momento, ya me he comprado los zapatos pertinentes.

Lo que me llama más la atención es la hebilla, de un tipo especial para poder quitarlos y ponerlos con más facilidad; aunque he de reconocer que a mí aún me cuesta y soy un poco torpe intentando atinar.

(perdón por la baja calidad de foto)

La suela también es muy curiosa, es como de terciopelo o de antelina.

Acostumbrada a los clavos en puntera y tacón de mis zapatos de flamenco y a mis pies descalzos en hula, me llama mucho la atención que la suela esté forradita de ese material. Supongo que es para poder deslizarse mejor en algunas figuras… figuras que de momento no hemos aprendido, que para eso estamos en el nivel de principiantes.

La profe, cubana ella, nos pide todas las semanas que practiquemos en casa… y la verdad, en casa se escucha mucha música de distintos tipos (rock, pop, clásica, flamenco, copla, hawaiana, irandesa, chill out, etc.) pero lo que es música cubana, pues no. Habrá que hacer incursiones en youtube y buscar algo que merezca la pena (nada de reggaeton que lo odiamos…).

Entre que no se oye mucha música cubana en casa y que somos unos flojetes, cada semana se me pone el nudo en la garganta cuando la profe nos pregunta si hemos practicado en casa. Casi como cuando mi seño Dña. Paquita nos ponía en la tarima de clase en E.G.B. a preguntarnos las tablas de multiplicar o los tiempos verbales. Yo lo pasaba fatal, porque no estudiaba casi nunca. Era de las de hacerlo todo al último minuto, y claro, luego todo era “llorar y crujir de dientes…” jajaja.

Pero bueno, de momento vamos salvando el tipo y hasta empiezo a dejarme llevar (muy de vez en cuando) por Luy y no ser yo la que lo lleve a él, que esa es otra… :D

 

Empapelando

Me preguntaba el otro día un amigo, que qué hago el resto de horas y días que no voy a hula ni a flamenco. Ah… la eterna pregunta. :) Como si una DFM no tuviera obligaciones de varias horas al días. En fín… ;)

Una de esas cosas que hago cuando tengo esas horas libres y me armo de materiales y autodisciplina (eso último daría para otro post), es sacar adelante los proyectos y manualidades que me rondan por la cabeza.

Y mi última locura es la de forrar unas cajas que tenía por ahí y que podéis ver también en este post. :)

El proceso…

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El resultado…

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Aún me quedan algunas cajas por forrar, pero las haré otro día. Hay que dosificar las horas de manualidades, no sea que tenga que buscarme otra ocupación si las acabo todas….jajajaja.

 

Resumen del fin de semana

Por una vez, voy a intentar ser breve (ejem, ejem…)

Este fin de semana hemos disfrutado de unas temperaturas más que primaverales. Hemos aprovechado para tomar nuestra ración de vitamina D de manera natural.

Llevamos varias semanas con los cerezos y magnolios a tope….

La noche del sábado al domingo, estuvimos durmiendo con una abeja en el dormitorio. :D Se ve que entró el día anterior mientras ventilaba la habitación. Lo tiene que haber flipado con nuestros niveles de CO2, porque creo que casi nos la cargamos (estaba como grogui). Cuando abrí las ventanas para ventilar por la mañana la ví, medio atontá la pobre, colgada del interior de la cortina. La recogí delicadamente y la solté por la ventana. Tardó unos 5 minutos en reaccionar (yo pensé que la había palmado, en serio).  Pero finalmente alzó el vuelo… Yupiiii!

Eso sí, ya se nos han colado ya dos avispas en casa. Sí, son tempraneras y no han esperado a verano… así de caldeaítas ehmos tenido las temperaturas.

Las abejas las tolero…. las avispas no. Con esas no tengo piedad ni paciencia…. sobre todo si vuelan. Salgo corriendo como una posesa… ¡¡qué asco, por favor!!  :S

Este fin de semana también nos acercamos al centro en Zürich y en Migros nos regalaron una macetita de narcisos a cada uno. Motivo… ¡ya es primavera! :D

Y en el hall principal de la estación de tren de Zürich…

Sip…. competición de Voley Playa… totalmente gratis además ;)

Dentro de unos días nuestro Biergarten favorito, Bauschänzli, abrirá sus puertas (ya lo tienen casi todo montado). Si el tiempo lo permite, podremos disfrutar de cervecitas y cervelas a la sombrita o al solete según nos apetezca. :)

¡Molan los findes así!

 

Ya están aquí….

Una sabe que se está acercando la Pascua a este país, cuando empieza a ver aumentar los llamados “Picknick Eier” o huevos de picnic a las estanterías de los supermercados.

Y no es que durante el resto del año no los vendan, que es algo sin lo que el suizo de a pie creo que no podría sobrevivir jamás (jajajaja).

Pero es que conforme se va acercando la Pascua, proliferan de todos los colores imaginables. Casi tan típicos como los conejitos de chocolate Lindt… :P

¿Qué son los “Picknick Eier”? Pues muy sencillo. Se trata, ni más ni menos, que de huevos cocidos.

Así, como lo leéis. xD

Se ve que cocer un huevo (o dos o tres) es tarea difícil y los necesitan comprar ya directamente cocidos. Claro que éstos son coloreados según la época y las modas. Los de venta durante todo el año suelen ser de colores vibrantes y monocromáticos. Los de Pascua, varían según las modas y los gustos. Este año (y el pasado) se ve que se llevan los colores pastel metalizados. Jajaja.

Leyendo un poco sobre el tema, me he enterado que por lo visto es de lo más normal comprarlos para echarlos en la mochila cuando se van de senderismo, y que es el piquislabis (me gusta más ese palabro, más que snack) ideal para cuando te da el gusanillo en mitad de una de esas caminatas (junto con el chocolate y los frutos secos). En situaciones como esta, los suelen degustar echándole un sazonador (la marca Aromat es su favorita), que sabe exactamente igual que los cubitos de caldo Maggi… pero en polvillo.

También se pueden usar, cortados, en ensaladas. De repente me recuerdan a esos que yo tenía que pescar del container en mis tiempos del Pret a Manger… aunque los del Pret venían sin cáscara y en un cubito con líquido para que no se resecaran. Los jodíos se escurrían de lo lindo cuando me tocaba meterlos en el cortador de mozarellas, para preparar las ensaladas. (Qué tiempos aquellos….)

Una vez, decidí probar los “Picknick Eier” rellenos. Tenía antojo de huevos rellenos (que me encantan) pero no tenía tiempo material para ponerme a cocerlos, así que compré estos.

Craso error…. Me resultaron más sequerones, las yemas más duras e imposibles de triturar con tenedor y con un sabor un tanto raro. Y no es que estuvieran malos, pero es que como los recién cocidos, ningún otro para rellenar.

Sin embargo, me sigue pareciendo curioso cuando los veo proliferar en los supermercados, entre tanto conejito de chocolate, tanto molde de muffins y tanto verde pastel y amarillo de las decoraciones de Pascua… :)

¿Los conocíais? ¿Los habíais probado alguna vez?

 

La Reciclería o el arte de dar nueva vida

Una de las cosas de las que quería hablaros desde hace ya algún tiempo, es de la labor de dos artesanos, Paqui Alemán y Alejandro Ruiz, o lo que es lo mismo…. La Reciclería.

En uno de nuestros regresos vacacionales a España, quedamos en Madrid con nuestra amiga Ana, para conocer y visitar el nuevo espacio de El Matadero. Allí, vimos de primera mano varios artesanos en un  mercadillo del que me enamoró especialmente el trabajo de La Reciclería. Ese dar nueva vida a los libros, me pareció una idea genial. Y se nota que, además, lo hacen con un amor y un respeto total por el trabajo y el resultado.

Yo adoro los libros. Últimamente, es verdad que no leo como antes, pero no recuerdo haber pasado un verano de adolescencia sin haber leído varios libros y de los tochos-tochos… Los Miserables de Victor Hugo con 15 años, sin ir más lejos, me dejó seca de lágrimas de tanto como me emocionó y se convirtió desde entonces en uno de mis libros favoritos.

Si me pierdo en las tiendas del centro, ya sabéis que me podéis encontrar probablemente en la librería Orrel Füssli, ojeando cualquier cosa que caiga entre mis manos. Durante horas… :)

Mi foto favorita, de entre todas las que me ha hecho Luy (a veces a traición :P) es ésta, que también podéis ver en la cabecera de este humilde blog.

Me gusta por sus tonos de foto añeja y por recordarme a los únicos momentos de tranquilidad y relajación en mi vida en Dublín, siempre con un libro entre mis manos.  Bueno, que me desvío. xD

El caso es que en ese Mercado de Diseño del Matadero, me quedé prendada del trabajo, la artesanía y el amor puesto en cada una de las cosas salidas de las manos del taller de La Reciclería.

Tanto es así, que Luy me regaló uno de sus libros lámparas como regalo de aniversario ese mismo año. Lo compró ese enero, lo metió en la maleta de regreso a Zürich y no me lo entregó hasta finales de abril.

Yo pegué un grito de emoción al verlo. No me lo esperaba para nada. :_)

Cuando, ese 2016, uno de mis mejores amigos me dijo que se casaba, tuve claro que quería regalarle algo especial, algo especialmente pensado para él y su futura mujer (a la que quiero también un montón).

Y me acordé entonces de La Reciclería. A regalo original de boda, no les iba a ganar nadie. ;)

Luy y yo nos pusimos en contacto con ellos. La verdad es que, con el jaleo de hospitales y médicos de mi madre el año pasado, yo había ido dejando y procrastinando el momento de contactarlos. Así que cuando contactamos con ellos, el tiempo disponible no era mucho, precismanente. Mea culpa :(

Cuando lo hicimos, estando nosotros ya en España de vacaciones, apenas faltaban dos semanas para la boda (si soy así de dejá… :S). Si algo fallaba, me quedaba sin regalo. Encima, lo que yo quería, un modelo concreto de sus faro-discos, estaba totalmente sold-out en la web. :S Lo tendrían que hacer ex profeso.

La comunicación con ellos fue desde el principio muy fluída. Nos pusieron todas las facilidades, para hacer el modelo que yo quería y tenerlo en casa lo antes posible.

Sin embargo, eso sí, Murphy y su dichosa tostada con mantequilla hacen de las suyas. Y en este caso, hizo de las suyas en la máquina fresadora que les troquelaba los vinilos, fallando una pieza que les tardaría una semana en llegar, con lo cual no iban a poder tenerlo a tiempo. :_(

Nos ofrecieron otros productos, pero les dijimos que no nos importaba esperar, si en lugar de que enviaran el disco-faro a nosotros, lo enviaban directamente a la pareja de novios.

Al final, no sé cómo, obraron la magia… :) Lograron la pieza que les hacía falta, y pudieron hacer y enviarnos el producto deseado a tiempo. ¡Y tan a tiempo! ¡Cómo que incluso llegó dos días antes del plazo y todo! Nosotros, que ya pensábamos que no íbamos poder ver el regalo, nos llevamos una grata sorpresa. :)

Como véis, son todo amor y profesionalidad. Muy amables en el trato y unos artesanos de primera. :) Echad un vistazo a su muestra de productos en su web y a su tienda y comprobadlo por vosotros mismos.

Los novios quedaron encantados con su regalo. Y nosotros con el trabajo de La Reciclería y con el amor con el que dan una segunda vida a objetos tan bonitos como un vinilo o un libro.

No dudéis en contar con ellos si queréis regalar algo especial.