Sufriendo consecuencias

Imagino que ya habéis leído el post de Luy sobre nuestra excursión/ruta de senderismo de descenso Rigi Kulm a Arth Goldau.

Lo recomiendo totalmente. El post claro… la ruta es bonita, si no confiáis tanto en Google maps como hicimos nosotros y estáis en forma (física y mentalmente) para aguantar las 5 horas de descenso (pensábamos que eran sólo 2h30min).

Lo peor de un descenso así, cuando no se está preparado, son las consecuencias: al final del camino nuestro cuerpo (caderas y piernas principalmente) se negaba a seguir adelante. Totalmente paralizado, como si se hubiera topado con un muro de hormigón y no pudiera avanzar.

Al llegar a casa nos dolía todo: desde las pestañas hasta los pensamientos. xD

Fue cuando nos acordamos que nuestro Villa Poyaque es un duplex. ¡Vaya si nos acordamos en los días siguientes! Cada vez que nos tocaba ir a la ducha o a dormir… Sopesamos seriamente la idea de vivir abajo hasta que las agujetas pasaran; total, tenemos la cocina, un aseo y un sofá-cama abajo. Uhm… maldición… la ducha está arriba… jooo….. :S

Si os soy sincera, para mí las agujetas no eran lo peor. Esas sé que durarían 3 o 4 días… Ah, pero mis pies… :(

Mis pies, sobre todo las uñas de los dedos gordos, me empezaron a doler a las 3 horas de bajada. Al quitarme las botas en casa (1 de junio) vi que me habían salido algunas ampollas y el color de las uñas era rosita, pero un rosita raro. Además las sentía como postizas, como si no fueran mías: daban punzadas (mi corazón se había trasladado a mis pies?) y dolían.

Con el transcurrir de los días y a base de hielo, ibuprofenos y baños de agua y sal, el dolor ha ido menguando (que no desaparecido totalmente), pero la evolución de las uñas ha sido la siguiente: (ATENCIÓN: las imágenes a continuación no son aptas para miradas sensibles, jajaja. Si queréis las saltáis rapidito… :P).

 

A estas alturas logré encontrar un esmalte de uñas de un color casi igual a mis uñas, así que me pinté las demás para que no desentonaran. La carita de los clientes del Migros de Thalwil cuando me veían escoger color y agacharme para comprar con las uñas era un poema, jajajaja. Y seguimos…

Como véis esa última foto es de hoy mismo.

Para los que os lo estéis preguntando, sí, fui a mi doctora a que le echara un vistazo, allá por el día 12 de junio (un poco tarde, lo sé) . Y me dijo que mis uñas estaban siguiendo la evolución normal, es decir, se pondrían negras y terminarían cayendo. xD

La cuestión era saber cuándo y si volverían a salir; que habría que esperar y evaluar. Me dijo también que nada de pintarme esas uñas, supongo que por aquello de seguir la evolución, jajaja. Pero como no me dijo nada de las demás, pues por eso fui en busca de esta monada…

Así que la evolución “uñil” continúa. Obviamente no voy a poneros más fotos por aquí de la evolución, ya os he torturado bastante, jajaja. Sobre todo porque la cosa va para largo. La caída y regeneración de la uña puede llegar a los 6 meses mínimo y yo sólo llevo poco más de un mes y medio.

Pero vamos… la ruta y las vistas preciosas. xD

 

Volviendo a la infancia

¿Coleccionábais cromos de álbumes en vuestra infancia? Yo sí.

Tenía el clásico de David el Gnomo y La vuelta al mundo de Willy Fog, ambos de Danone. Por mi casa rondaba también el de dibujos de muñecas de Sarah Kay (toda una maravilla!) y alguno de la pertinente liga de fútbol (no recuerdo quién lo coleccionaba de mi familia). Sin duda alguna al que tengo más cariño y aún conservo como oro en paño, es uno que nos regalaron en mi cole, llamado “Cádiz, 3000 años de historia“. Creo que de ese no me desharé en la vida… .:_)

Coleccionar estampitas o cromos en un álbum tiene algo de vuelta a la infancia y grandes dosis de emoción. Abrir el sobre, ver los cromos, comprobar los que tienes repes y alegrarte como si no hubiera mañana cuando encuentras ese último que te falta….

Yo, por mi parte, he vuelto a esas emociones. :)  Como lo oís. Jajaja.

Pues sí, amigos… lo que se dice popularmente “a la vejez, viruelas”.  xD

Siempre me ha llamado la atención esta muñeca Gorjuss de la editorial Santoro, aunque no fui nunca de tener tazas, bolsos, camisetas con ese dibujo. Ah… pero el álbum… el álbum es otra cosa… ;)

Me lo trajo Luy en febrero de este año como sopresa desde España en una de sus escapadas familiares. Y luego en una visita posterior fui a comprar cromos para intentar completarlo. Aún me faltan algunas estampas.

Por cierto, las anécdotas de entrar a comprar los sobres de cromos a los 42 años no tienen precio… La cara que se les queda a los quiosqueros y estanqueros cuando se compran 10 sobres de estampas y se dan cuenta de que no son para niña alguna (“anda, qué feliz va a estar la niña con tanto sobrecito!” me decían), sino para una adulta hecha y derecha, es de risa… xD

Lo malo es que a ver dónde cambio yo ahora las repes que me salgan, porque en Suiza no venden el álbum y apostarse en las puertas de los colegios para cambiarlas levantaría muchas suspicacias hasta en España (hay mucho desaprensivo suelto y ya no es para fiarse).

Y vaya si tengo repes…. todo ese taco que véis es de estampas dobles y hasta triples.

Pero no me preocupa mucho. La ilusión cada vez que abro un sobre de estampas no la vivía desde que Danone dejó de hacernos levantar las tapas de los yogures… xD

¿Habéis vuelto alguna vez de esta manera a la infancia?

 

Nueva dermatitis para la colección: dermatitis shiitake

Algunos ya sabéis que mi piel es atópica, así que de vez en cuando me dan brotes de dermatitis y eccemas con los que tengo que batallar. Gracias a Dios, y digo esto cruzando los dedos, hace tiempo que no me da ninguno fuerte; aunque sí es verdad que mi piel sufre siempre de sequedad y tengo que estar continuamente hidratándola, sobre todo las manos (por fregar los cacharros que no peudo meter en el lavavajillas, supongo).

El caso es que cuando observo puntos rojos o granitos en la piel ya me saltan las alarmas. Pero cuando la piel reacciona como si me hubiera fustigado con un látigo, pues es algo a lo que no estoy acostumbrada, jajaja.

Una tarde de principios de febrero, me noté unas marcas en la piel del cuello y escote, como si me hubiera rascado.

Me resultó extraño, porque no recordaba haberme rascado en esa zona durante la mañana, pero no le dí la menor importancia. – “Quizá es la costura del cuello de la camiseta que llevo” pensé… “En un par de horas, cuando me ponga el pijam se habrá quitado“.

Cuando me fui a poner el pijama, me di cuenta, que las marcas (como de arañazos o de latigazos) ya no estaban sólo en el cuello y escote, sino sobre todo en la espalda (en toda su extensión: de izquierda a derecha y de arriba a abajo).

Me quedé un poco con cara a cuadros y con la mosca detrás de la oreja. :O Pero como no me picaba ni nada, pues me fui a dormir con la esperanza de despertar bien por la mañana.

Por supuesto, la cosa no había mejorado a la mañana siguiente. Estaba igual. Si acaso, me escocían un poco cuando me rozaba la ropa. Aunque picar, no picaba.

Con todo y con eso, llamé por la mañana temprano a mi doctora y pedí cita, que me dieron para esa tarde a las 14h.

Al verme mi doctora (santa paciencia tiene conmigo la buena señora), lo primero que me preguntó…. “¿Te pica la piel? Porque tienes marcas de haberte rascado por el escote y por toda la espalda“… Le dije que no, pero ella insistía en la pregunta. Cuando se aseguró de que yo decía la verdad (jajajaja) me miró detenidamente, intentando averiguar qué demonios era eso que me recorría el cuerpo. Me sacó sangre para ver si no fuera un herpes o la varicela…. pero los resultados fueron negativos.

Ante esa situación, pidió cita urgente para que me examinara un dermatólogo que hay en Thalwil. Esa misma tarde me tocaba ir de nuevo a las 17h a una consulta de dermatología. Mi primera vez, ¡chispas!… xD

El dermatólogo, un chico joven, pero no más joven yo, me volvió a examinar y me preguntó mi historial dermatológico. Le dije que mi piel tiene tendencia a la dermatitis atópica, pero que ya tengo experiencia en detectar yo misma los brotes y que hacía mucho que no me salía uno, porque me cuido mucho la piel. Además, que aquello no tenía aspecto en absoluto de dermatitis atópica.

A él le extrañaba tanto o más que a mí que el patrón que seguía el sarpullido fuera como de marcas de latigazos o arañazos. Me preguntó si me picaba; le dije que no, que más bien a estas alturas ya (llevaba unas 48h con el sarpullido) me escocía más que me picaba. Me preguntó también qué había comido estos últimos días. “Uhm… no sé… rösti, coliflor al horno con bechamel, gnocchi con shiitake, ensalada caprese de tomate y mozarella…. lo normal. Nada de huevos, nada de salsa…. no soy alérgica a ningún alimento, salvo por una intolerancia al kiwi que hace décadas que no como….“.

Para cuando yo terminé mi parrafada, tenía al dermatólogo sonriendo y con los ojos como platos diciendo… “Nooooo, no puede ser… no puede ser…. joer, qué suerte tengo!” .

¿Perdón?

No, disculpa… es que creo que lo que tienes… no puede ser… (se sonreía él solo). No… sí…. no puede ser… creo que lo que tienes es una dermatitis por shiitake….  es mi primer caso. Cuando estudiaba en la facultad, una compañera de clase que estaba de prácticas en una consulta, nos dijo que le había llegado un caso de una mujer que había comidos setas shiitake en un restaurante chino y al cabo de 24-48h le habían aparecido marcas como las tuyas. Pero yo, personalmente, en toda mi vida profesional, no había visto ningún caso. Estoy feliz, es la primera vez que lo veo… .

Hombre, yo encantada de haberle alegrado el día (pensé, qué digo el día, la semana…..), pero a mí no me alegra tener este sarpullido. Que menos mal que mi marido no es celoso, que si no iba a pensar que el amante había sido muy bruto…. jajajaja.

Nos miramos los dos y nos tuvimos que reir, claro… xD

Por lo que he visto en internet y en la wikipedia la dermatitis shiitake fue detectada por primera vez en 1977 (es casi tan vieja como yo, bueno igual de vieja que Luy). Hay más casos en China y Japón, obviamente, por ser estas setas originarias de esa zona. El primer caso detectado en el mundo occidental fue en 2006 en UK. Pero claro…. la gastronomía asiática se está poniendo de moda y está empezando a convivir en nuestro día a día occidental, así que se están extendiendo patologías de esos lares que para nosotros no son conocidas.

Básicamente se produce al comer cruda o poco hecha esta seta. Eso fue lo que me pasó a mí…. que me había hecho dos días antes un plato de gnocchi con shiitake, pero me pudo el hambre, así que no terminé de hacer bien las setas. Porque si no, no me lo explico: ya había hecho ese plato al menos en dos ocasiones más y no me había pasado nada; y somos de ir al restaurante chino de Thalwil o traernos la comida del chino a casa al menos una vez al mes…

Afortunadamente, en el 90% de los casos, se cura a la semana con un simple tratamiento por vía tópica. El dermatólogo, después de hacerme un book de fotos que ni a una modelo (le tenía que haber hecho pagar los royalties … Jajajaja) me puso un tratamiento de pomada de corticoides y pastillas de antihistamínico y efectivamente, a la semana ya no había ni rastro. Yupi!

Eso sí, al día siguiente de mi visita a su consulta, me llamó para explicarme que se había puesto en contacto con el Unispital (por lo visto son los especializados en este tipo de dermatitis) y que su recomendación era comer la próxima vez una porción muy, muy, muy pequeña de setas y muy bien cocinadas. Y que esperara unas 24-48 horas a ver cómo reaccionaba la piel (por cierto, recomendación que aún no he llevado a cabo, jajajaja).

Por si acaso, también me hizo recoger en consulta un kit de emergencia (contiene anthistamínico y corticoides en pastillas), por si voy al extranjero o como en algún restaurante chino. Lo tengo que portar conmigo siempre.

En fín, siempre me gustó coleccionar cosas…. pero cuando empezamos a coleccionar dermatitis, es que estoy hecha un canastito de chucherías…. xD

 

Acostumbrándome a la inducción

Retomo el blog en este 2019 para seguir hablando de este piso nuevo en el que vivimos ahora.

“Villa Poyaque” (pos ya que vas para arriba/abajo, súbete/bájate esto…) ha venido con un detallito nuevo que no me esperaba: una placa de inducción…. sólo de inducción. :/

Las ventajas han sido evidentes: es más rápida cocinando y viene además con un botoncito de “boost” que hace que, por ejemplo, un cazo con agua para cocer pasta se ponga a hervir en menos que canta un gallo. Como te descuides el agua se rebosa entera (conste que aún no me ha pasado…. ;P)

Lo malo es que con la inducción me di cuenta que algunas cosas no me funcionaban; entre ellas mi amadas sartenes de Tefal.

Compradas allá por 2007, cuando recién aterrizamos en Dublín, ya tenían sus años, pero estaban como nuevas. Sobre todo la más grande (de 26 cm). Es verdad que la pequeña estaba ya tan usada que ni el famoso punto rojo de Tefal se le veía.. :( Pero a pesar de eso seguía funcionando a la perfección. Cierto que en esa ya empezaba a hacer burradas, como la desmenuzar el filete de pollo para la ensalada césar directamente en la sartén usando un tenedor (por supuesto esto no lo hacía con la otra más grande, que estaba más nueva). Pero teniendo en cuenta que la sartén la usaba todos los días y ya tenía 11 años cuando la cambié…. Pues la verdad es que me han salid buenas las dos.

Y allá que voy a ponerlas a funcionar y veo que el piloto de la placa me pita y empieza a parpadear…. mi gozo en un pozo. He tenido que cambiar mis dos maravillosas Tefal por unas sartenes adecuadas a la inducción. :( Espero que me duren como poco otros 11 años; aunque tal y como hacen las cosas ahora, no las tengo todas conmigo.

Otras de las cosas que no iban bien en la nueva inducción era… mi cafetera italiana Bialetti. :(

Oh! :O

Esa primera mañana nos tuvimos que tomar té, en lugar de café. Luego, cuando ese día ya me cansé de abrir cajas de mudanza, bajé el supermercado a comprar ese adaptador que véis en la foto de arriba, porque lo de cambiar también de cafetera como que ni me lo planteo.

Y lo último hasta ahora (crucemos los dedos para que sea lo último de verdad) que he tenido que cambiar es algo muy suizo…. el caquelón de fondue.

Esto era un pelín más problemático: tradicionalmente son de barro. Al menos el mío lo es.

No pensé que se hicieran caquelones para inducción. Bueno, sí, lo sé…. los hay de hierro fundido… me consta. Pero no me negaréis que son feuchos y sosos y además pesan una barbaridad.

Primero, detesto las cosas que pesan: tengo tendencia a caer accidentalmente las cosas de mis manos, así que mejor que lo que se caiga no pese…. por el bien de mis manos (se me suelen abrir las muñecas con las cosas pesadas) y por el bien de mis pies (que se te caiga una sartén o cacerola de hierro en un pie vestido únicamente con una flip flop de estar por casa y me cuentas… xD).

Segundo, los caquelones de hierro son extremadamente sosos. Nada de diseños tradicionales con flores de edelweiss, heidis, vaquitas, scheerenschnitte, etc… nada de nada. El color del esmalte y ya. :S

Cuando fui a la tienda preguntando por un caquelón apto para inducción, no las tenía todas conmigo. Pensé que me iban a intenar encasquetar el de hierro. Me equivoqué; me intentaron encasquetar, no sólo el de hierro, sino además (habida cuenta de mi negativa a ese tipo de caquelón) un adaptador para mi caquelón de barro. :/

En la tienda había otra chica con el mismo problema que yo; se ve que no era yo la única. Y también a ella le parecían sosos los de hierro fundido. Como decía ella…. lo bonito de una fondue de queso, además de compartirla con amigos, es disfrutar de un diseño bonito en el caquelón. Y el de hierro esto no lo tiene.

Ella se terminó yendo con un adaptador, pero yo me fui de vacío. Básicamente, porque antes de ir a la tienda ya había probado poner mi caquelón de barro en el adaptador que había comprado para la cafetera y la experiencia no me convenció: tardó muchíiiiiiiiisimo en calentarse el caquelón. Y eso en vacío…. si le llego a meter el contenido del sobre, aún estaría esperando a que se derritiera la fondue.

Al llegar a casa estuve investigando un poco por internet. Así me enteré que hay una casa de caquelones, que ha adaptado el tradicional recipiente de barro, con un fondo de inducción. Aleluya!

Y encima, uno de los que vendían adaptados a inducción, lo tenían disponible en la sección de regalos por puntos de mi supermercado. :) Ay, que bien me vino coleccionar puntos del Coop con su tarjeta de fidelidad…. :D

Hice mi pedido y un par de días más tarde, ya lo tenía en casa. Yupi!

Por supuesto que ya lo hemos probado un par de veces y estamos muy contentos. :)

Y vosotros… ¿habéis tenido experiencias parecidas al cambiar a la inducción?

 

Cambios a la fuerza

Supongo que a estas alturas, quien no se haya enterado personalmente, lo habrá leído en el blog de Luy…. pero nos hemos mudado de casa.

Nos han hecho mudarnos, mejor dicho.

Pensábamos que este verano sería, por primera vez en tres años, tranquilo. Nada más lejos de la realidad. :(

Ya sabéis que en julio recibimos (nótese mi sarcasmo) una maravillosa carta comunicándonos la rescisión de nuestro contrato de alquiler por parte de nuestra patrona. Un encanto. Sobre todo porque llegaba en el peor momento del mercado inmobiliario en Suiza: pleno verano, cuando no se anuncian muchos apartamentos en los portales de búsqueda, porque nadie en su juicio deja su casa antes de irse de vacaciones ;).

Ese fin de semana de mediados de julio (recibimos la carta un sábado por la mañana en envío certificado) creo que dormí si acaso 3 horas…. en los dos días. La semana siguiente no fue mejor en cuanto a recuperación de sueño. Entre la ola de calor infernal de este verano y la preocupación de tener que buscar nuevo piso a la fuerza…. :(  Salvando las distancias, creo que puedo llegar imaginarme ahora mismo la desesperación que sienten aquellos que reciben su carta de desahucio (ya lo he dicho, salvando las distancias).

Han sido 6 años maravillosos en un apartamento que nos cayó casi del cielo. Recuerdo que fue tanta la suerte que tuvimos, que nos pasamos casi 6 meses pensando cuál sería el “catch”, que algo chungo tenía que tener, jajaja.

Sabíamos que los cuartos de baño y la cocina eran antiguos y los tendrían que reformar tarde o temprano.

Esas tres mozuelas que tenía en mi cocina a modo de azulejos, estaban ya desgastadas después de tantos años de fregoteo. Con sus aperos de labranza, sus cestos de mimbre al costado o el corderillo a las faldas, Úrsula, Regula y Hannah me han visto trastear y cacharrear en la cocina lidiando con recetas nuevas. Una pena que no cayera nunca en hacerle fotos a ninguna de las tres. Con la reforma integral que quieren hacer al edificio se perderán…

Lo que más fastidia es la manera de hacernos partícipes (es un decir) del destino del edificio. Sin preaviso, sin reuniones previas para hacernos el cuerpo a un proceso de duelo que iba a venir. No… así no. Simplemente una carta certificada… a bocajarro.

Yo, que lidio mal con los cambios incluso cuando los inicio de motu propio, aún estoy intentando habituarme a no ver el jardín trasero ni la “casa bonita” mientras desayuno.

Voy a echar de menos ese jardín, tan blanco en las nevadas de invierno.

Me regalaba cada primavera un hermoso hanami “privado” gracias a su gran cerezo ….

…. y en otoño me encantaba ver sus tonos rojizos, anaranjados, pistacho….

En las noches de verano me gustaba sentarme y disfrutar de las tormentas que caían mientras estábamos a resguardo… también ver el cielo estrellado gracias a no tener apenas contaminación lumínica.

Y sí, sé que en este nuevo apartamento voy a estar bien. :)  Pero siempre fui un poco la mujer de Lot y tiendo a convertime en estatua de sal por mirar atrás.

Espero que estos nuevos cielos de los que disfrutamos desde septiembre me ayuden a recordar el verano de 2018 con un poco de sonrisa algún día….

Aún ando abriendo algunas cajas. Espero que sepáis perdonar mi ausencia este tiempo.

 

Sr. WordPress, sigo respirando

Pues parece que me he quedado con la cara de aliño (de zanahorias), desde mayo.

No voy a poner excusas porque, sinceramente, no creo que nadie me lea ni me haya echado de menos en el blog. Si fuera así, alguien me habría comentado algo o me habría escrito un email para mostrarme su preocupación o darme un toque de atención…. descastados! :P

Si escribo esto es para que el Sr. WordPress no me tire de las orejas como a mi querido Pablo.

Este año ha sido casi calcado al año pasado, con la salvedad, para nuestra desgracia, de no haber tenido vacaciones propiamente dichas. Este año no pudimos ir a ningún sitio por nuestro aniversario, por la sencilla razón de estar esperando el aviso del hospital para una nueva operación de mi madre.

De nuevo cuatro semanas en Cádiz sin apenas disfrutar, regresando tan cansados a Suiza que hemos casi dejado escapar el verano con la sensación de no habernos enterado de nada.

Como mucho, si he de recordar alguna excursión este año, es un fin de semana que pasamos de improviso en el Ticino. Por una vez, no nos llovió. :)

Allá por mayo (casi cuando se publicaba mi post de zanahorias aliñadas) nos escapamos un fin de semana a Locarno y disfrutamos de la visita al Val Verzasca. Un punto en el mapa al que llevaba deseando ir desde que hace 7 años nos mudáramos a Suiza.

No sé si por la alegría de tener unos días juntos y de excursión, o por el subidón de saber que iba a ver por fín esas maravillosas aguas turquesas, el caso es que el mismo día de llegar a Locarno me lié la manta a la cabeza y cuando Luy me dijo de subir en telesférico al monte Cardada, le dije que sí. Me estaba arrepintiendo a los 0.3 segundos tras cerrarse las puertas de la cabina. Aquello iba demasiado suelto para mi gusto y mi vértigo…. llegué arriba con piernas temblonas y un estómago revuelto.

Pero bueno… las vistas tampoco estuvieron mal del todo.

 

Y es curioso, que casi cuando esperas que algo ocurra, se desespera uno en el camino, porque no pasa nada. Y cuando se planea hacer algo (y afortunadamente se hace), es cuando los planetas se alinean y se deciden a actuar.

Tras la esperada llamada del hospital, el fin de semana siguiente a nuestro pequeño respiro de fin de semana, ponía rumbo a Cádiz para ayudar durante la convalecencia y recuperación post-operatoria de mi madre.

Como dije, a la vuelta estábamos tan agotados que casi ni me dió tiempo a disfrutar del verano. Como mucho, darle algo de vida a mi terraza con unas minipetunias y una mano de barniz a sillas y mesa de exterior.

Lo único que recuerdo haber hecho, digno de ser mencionado, era otra escapada por mi cumpleaños para hacer el Glacier Express, en sentido inverso, desde Zermatt a St. Moritz. Por cierto, precioso. :)

Llegó septiembre y decidí que, al menos, había que aprovechar las temperaturas más agradables (algo más llevaderas) del otoño, para hacernos el Tour de Aargau.

Luy ha escrito un poco sobre dicho Tour. No me voy a repetir. Lo único, deciros que es muy recomendable, sobre todo aprovechar hasta finales de octubre para visitar algunos castillos del cantón de Aargau.

El Castillo de Hallwyl, del tipo “Wasserschloss” (enclavado en mitad del agua) y magníficamente cuidado. No os sorprendáis si os digo que me enamoré de este castillo.

El de Habsburgo, un poco decepcionante. :/

Sobre todo porque es el origen de la poderosa dinastía de los Austrias, monarcas que rigieron los destinas de buena parte de Europa (Alemania, Austria y España entre otros) y cuya reseña en el castillo se reduce a un mero cartel en alemán con una explicación concisa. La versión en inglés del texto tenía una letra hiperreducida muy difícil de leer para los mega-miopes como yo. Es lo que tiene que del castillo sólo quede en pie una torre, el 90% de ella ocupada por un restaurante (y que si no tienes reserva no puedes visitar)….

El Castillo de Lenzburg, otro bellezón digno de ser visitado, paseado y descubierto. Cuidado con el dragón!

Otra cosa que sí recuerdo de este otoño 2017: El Zürich Film Festival, y la Gala Premier (con asistencia del director) de Breath

No os digo más que impresiona la elegancia que destila Simon Baker y la sencillez que desprendió en las palabras previas a la Premier de su película en Suiza.

La película, la recomiendo totalmente. El libro en el que se basa, del mismo nombre, también. De verdad, si tenéis la oportunidad de leer el libro o ver la peli, no lo dejéis escapar.

Y así, poco a poco, hemos ido entrando en el invierno… pero ya os he aburrido bastante por hoy.