Gnocchi con shiitake y tomates secos

Ingredientes:

– 250 gr gnocchi
– 120 gr setas shiitake (previamente lavadas y escurridas)
– 1 o 2 dientes de ajo
– 5 o 6 tomates secos
– Aceite
– Pimienta y Romero (para sazonar)
– Piñones (un puñaíto)

Preparación:

Poner a calentar aceite en una sartén grande, ya que lo haremos todo al mismo tiempo.

Cuando el aceite esté caliente, poner primero las setas shiitake y darle un par de vueltas para que se hagn las primeras.

Seguidamente, añadir los gnocchi, los tomates secos, los dientes de ajo, los piñones y el romero y la pimienta a gusto.
Ir removiendo hasta que se se haga todo. Muy importante, hacer muy bien las setas shiitake.

Cuando lleguemos al punto deseado, servir y ¡a disfrutar!.

Notas:

Acostumbrada como estoy a los gnocchi con salsa gorgonzola o con nata y salmón, uns gnohhis así, sin salsa, me sorprendió.

El sabor de los piñones, los tomates secos y las setas tienen la reminiscecia del otoño, pero creo que este plato bien se podría disfrutar todo el año.

Eso sí, por favor cocinad muy bien las setas de la variedad shiitake…. por experiencia ;)

Acostumbrándome a la inducción

Retomo el blog en este 2019 para seguir hablando de este piso nuevo en el que vivimos ahora.

“Villa Poyaque” (pos ya que vas para arriba/abajo, súbete/bájate esto…) ha venido con un detallito nuevo que no me esperaba: una placa de inducción…. sólo de inducción. :/

Las ventajas han sido evidentes: es más rápida cocinando y viene además con un botoncito de “boost” que hace que, por ejemplo, un cazo con agua para cocer pasta se ponga a hervir en menos que canta un gallo. Como te descuides el agua se rebosa entera (conste que aún no me ha pasado…. ;P)

Lo malo es que con la inducción me di cuenta que algunas cosas no me funcionaban; entre ellas mi amadas sartenes de Tefal.

Compradas allá por 2007, cuando recién aterrizamos en Dublín, ya tenían sus años, pero estaban como nuevas. Sobre todo la más grande (de 26 cm). Es verdad que la pequeña estaba ya tan usada que ni el famoso punto rojo de Tefal se le veía.. :( Pero a pesar de eso seguía funcionando a la perfección. Cierto que en esa ya empezaba a hacer burradas, como la desmenuzar el filete de pollo para la ensalada césar directamente en la sartén usando un tenedor (por supuesto esto no lo hacía con la otra más grande, que estaba más nueva). Pero teniendo en cuenta que la sartén la usaba todos los días y ya tenía 11 años cuando la cambié…. Pues la verdad es que me han salid buenas las dos.

Y allá que voy a ponerlas a funcionar y veo que el piloto de la placa me pita y empieza a parpadear…. mi gozo en un pozo. He tenido que cambiar mis dos maravillosas Tefal por unas sartenes adecuadas a la inducción. :( Espero que me duren como poco otros 11 años; aunque tal y como hacen las cosas ahora, no las tengo todas conmigo.

Otras de las cosas que no iban bien en la nueva inducción era… mi cafetera italiana Bialetti. :(

Oh! :O

Esa primera mañana nos tuvimos que tomar té, en lugar de café. Luego, cuando ese día ya me cansé de abrir cajas de mudanza, bajé el supermercado a comprar ese adaptador que véis en la foto de arriba, porque lo de cambiar también de cafetera como que ni me lo planteo.

Y lo último hasta ahora (crucemos los dedos para que sea lo último de verdad) que he tenido que cambiar es algo muy suizo…. el caquelón de fondue.

Esto era un pelín más problemático: tradicionalmente son de barro. Al menos el mío lo es.

No pensé que se hicieran caquelones para inducción. Bueno, sí, lo sé…. los hay de hierro fundido… me consta. Pero no me negaréis que son feuchos y sosos y además pesan una barbaridad.

Primero, detesto las cosas que pesan: tengo tendencia a caer accidentalmente las cosas de mis manos, así que mejor que lo que se caiga no pese…. por el bien de mis manos (se me suelen abrir las muñecas con las cosas pesadas) y por el bien de mis pies (que se te caiga una sartén o cacerola de hierro en un pie vestido únicamente con una flip flop de estar por casa y me cuentas… xD).

Segundo, los caquelones de hierro son extremadamente sosos. Nada de diseños tradicionales con flores de edelweiss, heidis, vaquitas, scheerenschnitte, etc… nada de nada. El color del esmalte y ya. :S

Cuando fui a la tienda preguntando por un caquelón apto para inducción, no las tenía todas conmigo. Pensé que me iban a intenar encasquetar el de hierro. Me equivoqué; me intentaron encasquetar, no sólo el de hierro, sino además (habida cuenta de mi negativa a ese tipo de caquelón) un adaptador para mi caquelón de barro. :/

En la tienda había otra chica con el mismo problema que yo; se ve que no era yo la única. Y también a ella le parecían sosos los de hierro fundido. Como decía ella…. lo bonito de una fondue de queso, además de compartirla con amigos, es disfrutar de un diseño bonito en el caquelón. Y el de hierro esto no lo tiene.

Ella se terminó yendo con un adaptador, pero yo me fui de vacío. Básicamente, porque antes de ir a la tienda ya había probado poner mi caquelón de barro en el adaptador que había comprado para la cafetera y la experiencia no me convenció: tardó muchíiiiiiiiisimo en calentarse el caquelón. Y eso en vacío…. si le llego a meter el contenido del sobre, aún estaría esperando a que se derritiera la fondue.

Al llegar a casa estuve investigando un poco por internet. Así me enteré que hay una casa de caquelones, que ha adaptado el tradicional recipiente de barro, con un fondo de inducción. Aleluya!

Y encima, uno de los que vendían adaptados a inducción, lo tenían disponible en la sección de regalos por puntos de mi supermercado. :) Ay, que bien me vino coleccionar puntos del Coop con su tarjeta de fidelidad…. :D

Hice mi pedido y un par de días más tarde, ya lo tenía en casa. Yupi!

Por supuesto que ya lo hemos probado un par de veces y estamos muy contentos. :)

Y vosotros… ¿habéis tenido experiencias parecidas al cambiar a la inducción?

 

¡Qué diferencia…!

Estaba yo tranquilamente sentada en mi sofá mientras veía un episodio de Miss Marple en la tele, cuando me timbraron a la puerta.

Como no estoy “hecha de más carne”, pues lo primero que he pensado es que a lo mejor tenía la tele muy fuerte y estaba molestando a algún vecino…. aunque era improbable, porque yo soy de las de escuchar la tele muy bajita (para deseperación de Luy), precisamente por no querer hacer a otros lo que en su día yo sufrí…. ;)

El caso es que con este pensamiento en la mente, apago mi tele y me acerco a abrir a la puerta. Y entonces, me topo con un regalo…. ¿de Reyes Magos? ¿De San Nicolás?… xD

Lo siguiente que pensé es que mi amiga Enri o mi antigua vecina Pía (del piso anterior) al ir o venir del supermercado me había dejado algo en la puerta. Claro, eso tendría lógica si el paquete en cuestión sólo hubiera estado en mi puerta… pero luego me dí cuenta que los demás vecinos de mi corredor tenían un paquetito igual… jajaja.

El “paquetito” en cuestión….

Resulta que era un regalo de navidad de la agencia de este edificio.

Y aquí el contenido…

Por cierto, como nota curiosa, ese vino procede de la hacienda de Albano Carrisi…. sí, sí…. el Al Bano de Al Bano y Romina. ;)

Por si en la anterior foto no hubiera quedado claro qué era…..xD

Hubieran dado en el clavo si la botella de vino, en lugar de tinto (que no me gusta) hubiera sido de blanco…. pero aún así ha sido un detallazo.

Estoy poco acostumbrada a estas cosas, la verdad…. En el piso anterior, la agencia no daba ni mandaba nada…. ni las gracias.

Únicamente me dejaron este verano una minicajita de chocolates de la casa Merci (que están en mi opinión más bien malillos) en mi buzón como agradecimiento por dejarles pasar con los arquitectos que están encargados de hacer la famosa reforma del edificio…. y ni siquiera fue la agencia. Fue cosa de la dueña, porque fui de las únicas que no se negó a dejarles entrar en el piso (así de mal hicieron las cosas que la gente estaba muy molesta con todos ellos).

Sin duda, ha sido todo un detalle de nuestra agencia actual, aunque me dejan con una duda…. ¿Tengo que devolverles yo el detalle?.

Estoy muy pez en estas cosas. ¿Alguien ha estado en esta situación? ¿Algún consejo?

 

Cambios a la fuerza

Supongo que a estas alturas, quien no se haya enterado personalmente, lo habrá leído en el blog de Luy…. pero nos hemos mudado de casa.

Nos han hecho mudarnos, mejor dicho.

Pensábamos que este verano sería, por primera vez en tres años, tranquilo. Nada más lejos de la realidad. :(

Ya sabéis que en julio recibimos (nótese mi sarcasmo) una maravillosa carta comunicándonos la rescisión de nuestro contrato de alquiler por parte de nuestra patrona. Un encanto. Sobre todo porque llegaba en el peor momento del mercado inmobiliario en Suiza: pleno verano, cuando no se anuncian muchos apartamentos en los portales de búsqueda, porque nadie en su juicio deja su casa antes de irse de vacaciones ;).

Ese fin de semana de mediados de julio (recibimos la carta un sábado por la mañana en envío certificado) creo que dormí si acaso 3 horas…. en los dos días. La semana siguiente no fue mejor en cuanto a recuperación de sueño. Entre la ola de calor infernal de este verano y la preocupación de tener que buscar nuevo piso a la fuerza…. :(  Salvando las distancias, creo que puedo llegar imaginarme ahora mismo la desesperación que sienten aquellos que reciben su carta de desahucio (ya lo he dicho, salvando las distancias).

Han sido 6 años maravillosos en un apartamento que nos cayó casi del cielo. Recuerdo que fue tanta la suerte que tuvimos, que nos pasamos casi 6 meses pensando cuál sería el “catch”, que algo chungo tenía que tener, jajaja.

Sabíamos que los cuartos de baño y la cocina eran antiguos y los tendrían que reformar tarde o temprano.

Esas tres mozuelas que tenía en mi cocina a modo de azulejos, estaban ya desgastadas después de tantos años de fregoteo. Con sus aperos de labranza, sus cestos de mimbre al costado o el corderillo a las faldas, Úrsula, Regula y Hannah me han visto trastear y cacharrear en la cocina lidiando con recetas nuevas. Una pena que no cayera nunca en hacerle fotos a ninguna de las tres. Con la reforma integral que quieren hacer al edificio se perderán…

Lo que más fastidia es la manera de hacernos partícipes (es un decir) del destino del edificio. Sin preaviso, sin reuniones previas para hacernos el cuerpo a un proceso de duelo que iba a venir. No… así no. Simplemente una carta certificada… a bocajarro.

Yo, que lidio mal con los cambios incluso cuando los inicio de motu propio, aún estoy intentando habituarme a no ver el jardín trasero ni la “casa bonita” mientras desayuno.

Voy a echar de menos ese jardín, tan blanco en las nevadas de invierno.

Me regalaba cada primavera un hermoso hanami “privado” gracias a su gran cerezo ….

…. y en otoño me encantaba ver sus tonos rojizos, anaranjados, pistacho….

En las noches de verano me gustaba sentarme y disfrutar de las tormentas que caían mientras estábamos a resguardo… también ver el cielo estrellado gracias a no tener apenas contaminación lumínica.

Y sí, sé que en este nuevo apartamento voy a estar bien. :)  Pero siempre fui un poco la mujer de Lot y tiendo a convertime en estatua de sal por mirar atrás.

Espero que estos nuevos cielos de los que disfrutamos desde septiembre me ayuden a recordar el verano de 2018 con un poco de sonrisa algún día….

Aún ando abriendo algunas cajas. Espero que sepáis perdonar mi ausencia este tiempo.

 

Nueva vida a unos zapatos

Hay veces que una tiene una cabecita llena de ideas locas y no muchas ganas de pensar en más de 4 cosas…. y se mete en fregaos y berenjenales…. ;)

En una de mis visitas a Madrid hace un año más o menos, visité la tienda Casa Hernanz, una alpargatería señera y con solera. De verdad que por ver su interior lleno de estanterías hasta arriba con distintos modelos de alpargatas (es también cordelería y cestería) bien merece la pena aguantar las largas colas que se forman delante de la tienda.

Pues compré allí unas suelas de esparto, con la idea, supuestamente, de hacerme mis propios espartos. Pero, como siempre, ahí los dejé…. :(

Y el otro día, revisando armarios, encontré esos zapatos que adoro, pero que no me he puesto desde hace dos años porque las cuñas eran duras y más de una vez he pegado traspiés con ellas:

Así que pensé…. ¿Y si les quito el piso y las tiras  (que son piel vuelta) y las apaño en las suelas de esparto?.

Con la ayuda de Luy, logré separar los componentes del zapato y quedarme con las dos partes que me interesaban.

Para poner las tiras usé primero los alfileres de costura.

Pero probarse el ancho, con los alfileres es un poco doloroso, jajaja.

Así que al final marqué las líneas con boli en el zapato y luego fue cuestión de encontrar el modo de asegurarlas antes de pegarlas.

También probé a ponerlas con grapas, pero como no tengo grapadora de tapicería, (la mía es la de oficina) no me servía mucho. Al final, pues hilo y aguja… Lo clásico. :)

¿Me gano la vida de zapatera?

La respuesta es… NO. Jajajajaja.

Cuando ya me había dejado los dedos con los alfileres, el dedal y la aguja…. Cuando ya tenía las dos suelas con las tiras marcadas a boli y cosidas, sólo a falta de pegar el piso… Me dí cuenta del fallo…. ¿lo véis?

Las hebillas debían ir hacia fuera, no hacía dentro :(.

Pero bueno…. con un poco de paciencia, logré ponerlas como se debe. Tuve suerte y las marcas de boli, me sirvieron también como guía para la colocación correcta de las tiras.

Le dí un repasito también a la parte del piso, proque tenía unos pespuntes decorativos que se habían estropeado con el uso. Usando hilo de bordar, repasé yo los pespuntes y los dejé “niquelaos”. :)

El siguiente paso, pegarlas con pegamento de calzado, fue mucho más entretenido. Pero que muuuuucho más entretenido … jajajaja.

Cuando acabé de pegar las suelas (hay que seguir las instrucciones del fabricante de pegamento), mi atelier olía a pegamento por todos lados. :D

Yo casi veía elefantes azules volando… jajajaja. Había gastado el tubo de 30gr entre los dos zapatos.

Luego es cuestión de ejercer la presión y peso necesario para que peguen. Yo las metí debajo de cajas de libros (el saber no ocupa lugar, pero sí peso, jajaja).

Cuando las saqué, mis sandalias ya estaban listas para ser probadas.

Salí a dar un paseo corto y no me quedé descalza por la calle, así que bieeeeeen. :)

La verdad es que estoy contentas con mis “nuevas” sandalias de esparto.

 

Ensalada de alubias blancas y atún

Ingredientes:

– Un bote de alubias blancas ya cocidas

– Pimiento rojo (trozo)

– Pimiento verde (trozo)

– 1/2 Cebolla morada

– 1 lata pequeña de atún

– Aceitunas negras

– 1 huevo duro (opcional)

 

Preparación:

Enjuagar bien las alubias blancas bajo el chorro del agua. Poner a escurrir.

Mientras escurren las alubias, picar finamente los dos trozos de pimientos rojo y verde, la media cebolla morada y las aceitunas.

En una ensaladera, mezclar las alubias ya lavadas y escurridas junto con las verduras picadas. Añadir la lata de atún y remover.

Aliñar con vinagre, sal y aceite. Volver a remover y dejar enfriar en la nevera un rato.

A la hora de servir, adornar con el huevo duro cortado a cuartos.

Notas:

¿Quién dijo que las legumbres son para el invierno? ;)

En ensaladas son estupendas para el verano. Saciantes y refrescantes al mismo tiempo.

Probad esta recetita y contadme si os ha gustado.