Acostumbrándome a la inducción

Retomo el blog en este 2019 para seguir hablando de este piso nuevo en el que vivimos ahora.

“Villa Poyaque” (pos ya que vas para arriba/abajo, súbete/bájate esto…) ha venido con un detallito nuevo que no me esperaba: una placa de inducción…. sólo de inducción. :/

Las ventajas han sido evidentes: es más rápida cocinando y viene además con un botoncito de “boost” que hace que, por ejemplo, un cazo con agua para cocer pasta se ponga a hervir en menos que canta un gallo. Como te descuides el agua se rebosa entera (conste que aún no me ha pasado…. ;P)

Lo malo es que con la inducción me di cuenta que algunas cosas no me funcionaban; entre ellas mi amadas sartenes de Tefal.

Compradas allá por 2007, cuando recién aterrizamos en Dublín, ya tenían sus años, pero estaban como nuevas. Sobre todo la más grande (de 26 cm). Es verdad que la pequeña estaba ya tan usada que ni el famoso punto rojo de Tefal se le veía.. :( Pero a pesar de eso seguía funcionando a la perfección. Cierto que en esa ya empezaba a hacer burradas, como la desmenuzar el filete de pollo para la ensalada césar directamente en la sartén usando un tenedor (por supuesto esto no lo hacía con la otra más grande, que estaba más nueva). Pero teniendo en cuenta que la sartén la usaba todos los días y ya tenía 11 años cuando la cambié…. Pues la verdad es que me han salid buenas las dos.

Y allá que voy a ponerlas a funcionar y veo que el piloto de la placa me pita y empieza a parpadear…. mi gozo en un pozo. He tenido que cambiar mis dos maravillosas Tefal por unas sartenes adecuadas a la inducción. :( Espero que me duren como poco otros 11 años; aunque tal y como hacen las cosas ahora, no las tengo todas conmigo.

Otras de las cosas que no iban bien en la nueva inducción era… mi cafetera italiana Bialetti. :(

Oh! :O

Esa primera mañana nos tuvimos que tomar té, en lugar de café. Luego, cuando ese día ya me cansé de abrir cajas de mudanza, bajé el supermercado a comprar ese adaptador que véis en la foto de arriba, porque lo de cambiar también de cafetera como que ni me lo planteo.

Y lo último hasta ahora (crucemos los dedos para que sea lo último de verdad) que he tenido que cambiar es algo muy suizo…. el caquelón de fondue.

Esto era un pelín más problemático: tradicionalmente son de barro. Al menos el mío lo es.

No pensé que se hicieran caquelones para inducción. Bueno, sí, lo sé…. los hay de hierro fundido… me consta. Pero no me negaréis que son feuchos y sosos y además pesan una barbaridad.

Primero, detesto las cosas que pesan: tengo tendencia a caer accidentalmente las cosas de mis manos, así que mejor que lo que se caiga no pese…. por el bien de mis manos (se me suelen abrir las muñecas con las cosas pesadas) y por el bien de mis pies (que se te caiga una sartén o cacerola de hierro en un pie vestido únicamente con una flip flop de estar por casa y me cuentas… xD).

Segundo, los caquelones de hierro son extremadamente sosos. Nada de diseños tradicionales con flores de edelweiss, heidis, vaquitas, scheerenschnitte, etc… nada de nada. El color del esmalte y ya. :S

Cuando fui a la tienda preguntando por un caquelón apto para inducción, no las tenía todas conmigo. Pensé que me iban a intenar encasquetar el de hierro. Me equivoqué; me intentaron encasquetar, no sólo el de hierro, sino además (habida cuenta de mi negativa a ese tipo de caquelón) un adaptador para mi caquelón de barro. :/

En la tienda había otra chica con el mismo problema que yo; se ve que no era yo la única. Y también a ella le parecían sosos los de hierro fundido. Como decía ella…. lo bonito de una fondue de queso, además de compartirla con amigos, es disfrutar de un diseño bonito en el caquelón. Y el de hierro esto no lo tiene.

Ella se terminó yendo con un adaptador, pero yo me fui de vacío. Básicamente, porque antes de ir a la tienda ya había probado poner mi caquelón de barro en el adaptador que había comprado para la cafetera y la experiencia no me convenció: tardó muchíiiiiiiiisimo en calentarse el caquelón. Y eso en vacío…. si le llego a meter el contenido del sobre, aún estaría esperando a que se derritiera la fondue.

Al llegar a casa estuve investigando un poco por internet. Así me enteré que hay una casa de caquelones, que ha adaptado el tradicional recipiente de barro, con un fondo de inducción. Aleluya!

Y encima, uno de los que vendían adaptados a inducción, lo tenían disponible en la sección de regalos por puntos de mi supermercado. :) Ay, que bien me vino coleccionar puntos del Coop con su tarjeta de fidelidad…. :D

Hice mi pedido y un par de días más tarde, ya lo tenía en casa. Yupi!

Por supuesto que ya lo hemos probado un par de veces y estamos muy contentos. :)

Y vosotros… ¿habéis tenido experiencias parecidas al cambiar a la inducción?

 

¡Qué diferencia…!

Estaba yo tranquilamente sentada en mi sofá mientras veía un episodio de Miss Marple en la tele, cuando me timbraron a la puerta.

Como no estoy “hecha de más carne”, pues lo primero que he pensado es que a lo mejor tenía la tele muy fuerte y estaba molestando a algún vecino…. aunque era improbable, porque yo soy de las de escuchar la tele muy bajita (para deseperación de Luy), precisamente por no querer hacer a otros lo que en su día yo sufrí…. ;)

El caso es que con este pensamiento en la mente, apago mi tele y me acerco a abrir a la puerta. Y entonces, me topo con un regalo…. ¿de Reyes Magos? ¿De San Nicolás?… xD

Lo siguiente que pensé es que mi amiga Enri o mi antigua vecina Pía (del piso anterior) al ir o venir del supermercado me había dejado algo en la puerta. Claro, eso tendría lógica si el paquete en cuestión sólo hubiera estado en mi puerta… pero luego me dí cuenta que los demás vecinos de mi corredor tenían un paquetito igual… jajaja.

El “paquetito” en cuestión….

Resulta que era un regalo de navidad de la agencia de este edificio.

Y aquí el contenido…

Por cierto, como nota curiosa, ese vino procede de la hacienda de Albano Carrisi…. sí, sí…. el Al Bano de Al Bano y Romina. ;)

Por si en la anterior foto no hubiera quedado claro qué era…..xD

Hubieran dado en el clavo si la botella de vino, en lugar de tinto (que no me gusta) hubiera sido de blanco…. pero aún así ha sido un detallazo.

Estoy poco acostumbrada a estas cosas, la verdad…. En el piso anterior, la agencia no daba ni mandaba nada…. ni las gracias.

Únicamente me dejaron este verano una minicajita de chocolates de la casa Merci (que están en mi opinión más bien malillos) en mi buzón como agradecimiento por dejarles pasar con los arquitectos que están encargados de hacer la famosa reforma del edificio…. y ni siquiera fue la agencia. Fue cosa de la dueña, porque fui de las únicas que no se negó a dejarles entrar en el piso (así de mal hicieron las cosas que la gente estaba muy molesta con todos ellos).

Sin duda, ha sido todo un detalle de nuestra agencia actual, aunque me dejan con una duda…. ¿Tengo que devolverles yo el detalle?.

Estoy muy pez en estas cosas. ¿Alguien ha estado en esta situación? ¿Algún consejo?

 

Cambios a la fuerza

Supongo que a estas alturas, quien no se haya enterado personalmente, lo habrá leído en el blog de Luy…. pero nos hemos mudado de casa.

Nos han hecho mudarnos, mejor dicho.

Pensábamos que este verano sería, por primera vez en tres años, tranquilo. Nada más lejos de la realidad. :(

Ya sabéis que en julio recibimos (nótese mi sarcasmo) una maravillosa carta comunicándonos la rescisión de nuestro contrato de alquiler por parte de nuestra patrona. Un encanto. Sobre todo porque llegaba en el peor momento del mercado inmobiliario en Suiza: pleno verano, cuando no se anuncian muchos apartamentos en los portales de búsqueda, porque nadie en su juicio deja su casa antes de irse de vacaciones ;).

Ese fin de semana de mediados de julio (recibimos la carta un sábado por la mañana en envío certificado) creo que dormí si acaso 3 horas…. en los dos días. La semana siguiente no fue mejor en cuanto a recuperación de sueño. Entre la ola de calor infernal de este verano y la preocupación de tener que buscar nuevo piso a la fuerza…. :(  Salvando las distancias, creo que puedo llegar imaginarme ahora mismo la desesperación que sienten aquellos que reciben su carta de desahucio (ya lo he dicho, salvando las distancias).

Han sido 6 años maravillosos en un apartamento que nos cayó casi del cielo. Recuerdo que fue tanta la suerte que tuvimos, que nos pasamos casi 6 meses pensando cuál sería el “catch”, que algo chungo tenía que tener, jajaja.

Sabíamos que los cuartos de baño y la cocina eran antiguos y los tendrían que reformar tarde o temprano.

Esas tres mozuelas que tenía en mi cocina a modo de azulejos, estaban ya desgastadas después de tantos años de fregoteo. Con sus aperos de labranza, sus cestos de mimbre al costado o el corderillo a las faldas, Úrsula, Regula y Hannah me han visto trastear y cacharrear en la cocina lidiando con recetas nuevas. Una pena que no cayera nunca en hacerle fotos a ninguna de las tres. Con la reforma integral que quieren hacer al edificio se perderán…

Lo que más fastidia es la manera de hacernos partícipes (es un decir) del destino del edificio. Sin preaviso, sin reuniones previas para hacernos el cuerpo a un proceso de duelo que iba a venir. No… así no. Simplemente una carta certificada… a bocajarro.

Yo, que lidio mal con los cambios incluso cuando los inicio de motu propio, aún estoy intentando habituarme a no ver el jardín trasero ni la “casa bonita” mientras desayuno.

Voy a echar de menos ese jardín, tan blanco en las nevadas de invierno.

Me regalaba cada primavera un hermoso hanami “privado” gracias a su gran cerezo ….

…. y en otoño me encantaba ver sus tonos rojizos, anaranjados, pistacho….

En las noches de verano me gustaba sentarme y disfrutar de las tormentas que caían mientras estábamos a resguardo… también ver el cielo estrellado gracias a no tener apenas contaminación lumínica.

Y sí, sé que en este nuevo apartamento voy a estar bien. :)  Pero siempre fui un poco la mujer de Lot y tiendo a convertime en estatua de sal por mirar atrás.

Espero que estos nuevos cielos de los que disfrutamos desde septiembre me ayuden a recordar el verano de 2018 con un poco de sonrisa algún día….

Aún ando abriendo algunas cajas. Espero que sepáis perdonar mi ausencia este tiempo.

 

Nueva vida a unos zapatos

Hay veces que una tiene una cabecita llena de ideas locas y no muchas ganas de pensar en más de 4 cosas…. y se mete en fregaos y berenjenales…. ;)

En una de mis visitas a Madrid hace un año más o menos, visité la tienda Casa Hernanz, una alpargatería señera y con solera. De verdad que por ver su interior lleno de estanterías hasta arriba con distintos modelos de alpargatas (es también cordelería y cestería) bien merece la pena aguantar las largas colas que se forman delante de la tienda.

Pues compré allí unas suelas de esparto, con la idea, supuestamente, de hacerme mis propios espartos. Pero, como siempre, ahí los dejé…. :(

Y el otro día, revisando armarios, encontré esos zapatos que adoro, pero que no me he puesto desde hace dos años porque las cuñas eran duras y más de una vez he pegado traspiés con ellas:

Así que pensé…. ¿Y si les quito el piso y las tiras  (que son piel vuelta) y las apaño en las suelas de esparto?.

Con la ayuda de Luy, logré separar los componentes del zapato y quedarme con las dos partes que me interesaban.

Para poner las tiras usé primero los alfileres de costura.

Pero probarse el ancho, con los alfileres es un poco doloroso, jajaja.

Así que al final marqué las líneas con boli en el zapato y luego fue cuestión de encontrar el modo de asegurarlas antes de pegarlas.

También probé a ponerlas con grapas, pero como no tengo grapadora de tapicería, (la mía es la de oficina) no me servía mucho. Al final, pues hilo y aguja… Lo clásico. :)

¿Me gano la vida de zapatera?

La respuesta es… NO. Jajajajaja.

Cuando ya me había dejado los dedos con los alfileres, el dedal y la aguja…. Cuando ya tenía las dos suelas con las tiras marcadas a boli y cosidas, sólo a falta de pegar el piso… Me dí cuenta del fallo…. ¿lo véis?

Las hebillas debían ir hacia fuera, no hacía dentro :(.

Pero bueno…. con un poco de paciencia, logré ponerlas como se debe. Tuve suerte y las marcas de boli, me sirvieron también como guía para la colocación correcta de las tiras.

Le dí un repasito también a la parte del piso, proque tenía unos pespuntes decorativos que se habían estropeado con el uso. Usando hilo de bordar, repasé yo los pespuntes y los dejé “niquelaos”. :)

El siguiente paso, pegarlas con pegamento de calzado, fue mucho más entretenido. Pero que muuuuucho más entretenido … jajajaja.

Cuando acabé de pegar las suelas (hay que seguir las instrucciones del fabricante de pegamento), mi atelier olía a pegamento por todos lados. :D

Yo casi veía elefantes azules volando… jajajaja. Había gastado el tubo de 30gr entre los dos zapatos.

Luego es cuestión de ejercer la presión y peso necesario para que peguen. Yo las metí debajo de cajas de libros (el saber no ocupa lugar, pero sí peso, jajaja).

Cuando las saqué, mis sandalias ya estaban listas para ser probadas.

Salí a dar un paseo corto y no me quedé descalza por la calle, así que bieeeeeen. :)

La verdad es que estoy contentas con mis “nuevas” sandalias de esparto.

 

Nuevos retos de verano

Quienes han hablado conmigo en los últimos años, deben saber que a pesar de llevar viviendo en Suiza casi 8 años ya, he pisado poco la parte francesa del país. La del Ticino, la adoro… he ido varias veces. Pero la francófona, a excepción a esta visita a Ginebra aprovechando la visita de mis amigas en 2011, nuestras dos visitas a Gruyeres con amigos o cuando Luy y yo fuimos a ver la exposición de Audrey Hepburn en Morges (y de camino visitamos Lausanne), poco más.

Una de las razones es la barrera del idioma.

La vez que fuimos a Morges me costó horrores hacerme entender con la señora que vendía los tiquets de la exposición. Básicamente por ni ella hablaba otra cosa que no fuera francés (o al menos eso me dió a entender cuando pregunté si hablaba inglés, alemán, español o italiano) ni yo podía soltar palabra en la lengua de mi admirado Victor Hugo.

Tampoco me pude comunicar mucho con parte de la familia francesa de la mami de Luy. Y fue una pena, porque hubiera sido muy bonito charlar con ellos (al menos intentarlo y chapurrear) cuando fuimos a verlos aquel verano de 2011.

Ya llevaba varios años con eso de “aprender francés” escrito en mi libreta de propósitos de año nuevo…. y así un año y otro y otro… hasta que por fín he decidido llevarlo a realización.

De momento no se me da mal, salvo la pronunciación, claro…. que hay sonidos que no pillo. Pero espero que con algo de práctica, empeño y el duolinguo pase pronto esa fase de sentirme ridícula cuando la pongo la boquita así :o Jajajaja.

Lo bueno es que siendo española y sabiendo italiano (además de mi idioma nativo), pues me defiendo con el francés. Al menos lo entiendo en su forma escrita. La profe es medio italiana – medio francesa y me ha dicho que no tendré problemas.

Tampoco es que me quiera convertir en experta de la lengua. Me conformo con saber pedir en un restaurante, reservar una habitación de hotel o pedir un café sin que me entiendan que quiero aguachirri… :D

De momento no tengo intención de presentarme a examenes oficiales ni nada de eso. Voy sólo a clase una vez por semana (1.5h de clase)

Sólo quiero hacer algo útil con mi tiempo y salir un poquito de casa.

Y vosotros, ¿tenéis algun propósito de verano?

 

Tormentas de verano

Una de las cosas que me llaman más la atención del verano suizo son las tormentas de verano.

Aún viniendo de un sitio de sol y calor estivales como es Cádiz, esto de las tormentas de verano es algo que no viví hasta que no vine a Suiza. Miento…. durante mi curso de Erasmus también me tocó alguna vez refugiarme bajo las calles porticadas de la ciudad roja debido a una inesperada lluvia de agua y granizos. Pero en Bologna apenas las sufrí hasta un 1 de Julio….aquí en Suiza ya van para algunos años y no dejan de sorprenderme. ;)

Un factor determinante para estas tormentas de verano es el calor. La gente tiende a pensar que en Suiza, no hace tanto calor como en los países sureños… que vengan y este vivan húmedo y pegajoso… luego que me cuenten ;)

Aquí, te puede amanecer un día de verano perfecto, bien clarito, cielo azul y ni una nube. Puede incluso que por la mañana se esté fresquito.

Luego, conforme pasan las horas del día, el calor y la humedad aumenta… y aumenta… y aumenta… hasta que se hace casi insoportable. Y es entonces, casi siempre por la tarde o cuando ya va a anochecer, que empieza a levantarse un airecillo que trae nubes y encapota el cielo.

Ese es el primer signo… el viento y el nublarse del cielo.

El segundo… el ruido. Cuando ya está lo bastante encapotado el cielo como para subir el toldo de la terraza (si estás en casa; si estás en la calle y te lo dejaste extendido, dios te pille confesado….), entonces empiezas a escuchar los truenos acercándose. Esta parte puede variar en duración… bien media hora o más, bien unos minutos nada más (si es que la tormenta no viene hacia tí, sino que se ha formado directamente encima del sitio donde estés).

Junto con los truenos, empiezas a ver los rayos… y entonces, empiezan a caer las primeras gotas de lluvia. Primero una aquí, otra allá, de tamaño medio.

Luego empiezan a caer más seguidas hasta que caen en tromba. El olor a petricor es intenso. :)

Puede que incluso granice. He visto granizar desde bolitas tipo granitos de saquito de gel de sílice, hasta canicas. Hasta ahora no he visto caer pelotas de golf o de tenis… hasta ahora. ;)

Se supone que la duración de una tormenta es de una hora como mucho. Sin embargo, el miércoles pasado me tocó esperar en mi Coop Bau&Hobby local, más de 1.5h a que al menos pasara lo peor, para poder regresar a casa.

La tormenta se formó, directamente sobre Thalwil, justo cuando me dirigía a caja a pagar las plantas y para cuando quise salir de la tienda había empezado a llover goterones gordos…. :S.

Yo llevaba zapatos de esparto y no era plan de mojarlos y estropearlos. Hasta la gente que entraba en la tienda con zapatos tipo tenis cerrados venían con los pies caladísimos… :(

Yo decidí esperar. Otra chica que llevaba un calzado parecido al mío, decidió que iba a salvaguardar los zapatos, metiéndolos en su mochila y caminar descalza.

Yo aún no tengo tanta querencia a sentir el asfalto bajo mis pies…. ni a llegar a casa con las plantas de los pies directos para pasar bajo la lejía y el estropajo… xD

El caso es que las tormentas de verano es de lo más habitual en este país. A mí me siguen pillando aún de sorpresa a veces. Pero aún así, son agradables, porque refrescan el ambiente mucho.

Y si se pueden disfrutar desde casa viendo llover desdre dentro con una copichuela o un heladito, se disfrutan mucho más. ¿Verdad? :D

 

Larga vida a las cabinas

En la edición española de la revista online Swissinfo, leo que en toda Suiza quedan alrededor de 5.900 cabinas de teléfono. Llegaron a ser 58.000 en sus mejores tiempos. Eso fue antes de que llegara y se generalizara el uso de internet y de los telefónos móviles.

Ahora que lo pienso, una de las cosas que me llamaba la atención cuando llegamaos a Thalwil era que aún había cabinas telefónicas. :)

Una justo en un lateral de la famosa cuesta que tenemos que subir para llegar a nuestra casa (ya no está). Me resultaba curioso, porque aún veíamos a gente usándola a veces, cosa que era como del siglo pasado, jajajaja. Había otra cerca de las oficinas de empadronamiento del ayuntamiento local (creo que también la quitaron). La tercera que recuerdo, era la de la Postplatz, cerca de la oficina de correos.

Foto del Kultur Thalwil

El año pasado, dando un pequeño paseo por el pueblo, Luy y yo descubrimos que la cabina de teléfonos de Postplatz había sido reconvertida en una pequeña biblioteca.

La idea me parece chula. Dar una segunda vida a un objeto que formó parte de la cotidianidad  de una ciudad durante tantos años, pero que ahora ya no tiene una finalidad objetiva. Algo así como hacer un “upcycling” de objetos de ciudad. :)

El proyecto de la BuchBox, que así se llama, nació como una iniciativa de la Asociación Cultural de Thalwil.

Con el lema “Toma un libro, trae un libro” apuesta por dar vida y uso a esos libros que andan rodando por casa y que pueden ser útiles para dar horas y horas de lectura a otras personas que, bien no tienen recursos para comprar continuamente libros o bien no tienen sitio para los que adquieren.

Sí, el saber no ocupa lugar, todos los sabemos…. Pero aquellos que leemos a menudo, sabemos que los libros sí que lo ocupan. Y que en muy contadas ocasiones se suelen releer.

Esta idea me parece genial para esos que quieren ampliar sus lecturas, pero no quieren o pueden meter más libros en casa. También para aquellos que quieren leer en otros idiomas y practicar lo que aprenden en clases de idiomas. Porque en la BuchBox de Thalwil no sólo hay libros (novelas, ensayos, krimis, etc) en alemán… también en inglés, francés, italiano…. :)

Básicamente es como una bolsa de intercambio de libros (en Thalwil tenemos un día de intercambio gratuito de libros al año), pero en un lugar permanente. No hay que esperar a que llegue el día señalado, siempre está abierta esta “cabina de libros” esperando para tí :)

Creo que la idea se ha ido extendiendo poco a poco por el cantón: Horgen también tiene su cabina de libros. Y otras partes de Suiza se han apuntado a esta iniciativa también (Lausanne, Schwyz, Ticino son algunos de los cantones que también han adoptado esta idea).

En España, había visto algo así con la expendedora de Libro Express en la estación de Sol de Madrid.

Pero según he leído en este artículo, esta máquina funciona como una biblioteca: das tus datos y te prestan el libro (junto con un tiquet de referencia) durante 15 días con derecho a renovación, mientras la BuchBx de Thalwil es totalmente anónima. Puedes dejar los libros que quieras y llevarte lo que te gusten. No das datos, ni nombre ni nada.

Las únicas normas existentes, están bien claritas (en alemán) en la puerta de la cabina…

Y son de lógica: nada de dejar libros en mal estado, ni cierta “literatura” (porno, revistas religiosas misioneras, libros de texto, periódicos, etc). Se trata de dejar libros de lectura (novelas, comics, de misterio, de romance, etc). Si deseas colaborar económicamente con el proyecto, te dan también el número de cuenta.

No sé, me parece una iniciativa muy chula. ¿La conocíais?

No he usado nunca la cabina, pero estoy orgullosa de que en Thalwil tengamos una. :)

 

Sr. WordPress, sigo respirando

Pues parece que me he quedado con la cara de aliño (de zanahorias), desde mayo.

No voy a poner excusas porque, sinceramente, no creo que nadie me lea ni me haya echado de menos en el blog. Si fuera así, alguien me habría comentado algo o me habría escrito un email para mostrarme su preocupación o darme un toque de atención…. descastados! :P

Si escribo esto es para que el Sr. WordPress no me tire de las orejas como a mi querido Pablo.

Este año ha sido casi calcado al año pasado, con la salvedad, para nuestra desgracia, de no haber tenido vacaciones propiamente dichas. Este año no pudimos ir a ningún sitio por nuestro aniversario, por la sencilla razón de estar esperando el aviso del hospital para una nueva operación de mi madre.

De nuevo cuatro semanas en Cádiz sin apenas disfrutar, regresando tan cansados a Suiza que hemos casi dejado escapar el verano con la sensación de no habernos enterado de nada.

Como mucho, si he de recordar alguna excursión este año, es un fin de semana que pasamos de improviso en el Ticino. Por una vez, no nos llovió. :)

Allá por mayo (casi cuando se publicaba mi post de zanahorias aliñadas) nos escapamos un fin de semana a Locarno y disfrutamos de la visita al Val Verzasca. Un punto en el mapa al que llevaba deseando ir desde que hace 7 años nos mudáramos a Suiza.

No sé si por la alegría de tener unos días juntos y de excursión, o por el subidón de saber que iba a ver por fín esas maravillosas aguas turquesas, el caso es que el mismo día de llegar a Locarno me lié la manta a la cabeza y cuando Luy me dijo de subir en telesférico al monte Cardada, le dije que sí. Me estaba arrepintiendo a los 0.3 segundos tras cerrarse las puertas de la cabina. Aquello iba demasiado suelto para mi gusto y mi vértigo…. llegué arriba con piernas temblonas y un estómago revuelto.

Pero bueno… las vistas tampoco estuvieron mal del todo.

 

Y es curioso, que casi cuando esperas que algo ocurra, se desespera uno en el camino, porque no pasa nada. Y cuando se planea hacer algo (y afortunadamente se hace), es cuando los planetas se alinean y se deciden a actuar.

Tras la esperada llamada del hospital, el fin de semana siguiente a nuestro pequeño respiro de fin de semana, ponía rumbo a Cádiz para ayudar durante la convalecencia y recuperación post-operatoria de mi madre.

Como dije, a la vuelta estábamos tan agotados que casi ni me dió tiempo a disfrutar del verano. Como mucho, darle algo de vida a mi terraza con unas minipetunias y una mano de barniz a sillas y mesa de exterior.

Lo único que recuerdo haber hecho, digno de ser mencionado, era otra escapada por mi cumpleaños para hacer el Glacier Express, en sentido inverso, desde Zermatt a St. Moritz. Por cierto, precioso. :)

Llegó septiembre y decidí que, al menos, había que aprovechar las temperaturas más agradables (algo más llevaderas) del otoño, para hacernos el Tour de Aargau.

Luy ha escrito un poco sobre dicho Tour. No me voy a repetir. Lo único, deciros que es muy recomendable, sobre todo aprovechar hasta finales de octubre para visitar algunos castillos del cantón de Aargau.

El Castillo de Hallwyl, del tipo “Wasserschloss” (enclavado en mitad del agua) y magníficamente cuidado. No os sorprendáis si os digo que me enamoré de este castillo.

El de Habsburgo, un poco decepcionante. :/

Sobre todo porque es el origen de la poderosa dinastía de los Austrias, monarcas que rigieron los destinas de buena parte de Europa (Alemania, Austria y España entre otros) y cuya reseña en el castillo se reduce a un mero cartel en alemán con una explicación concisa. La versión en inglés del texto tenía una letra hiperreducida muy difícil de leer para los mega-miopes como yo. Es lo que tiene que del castillo sólo quede en pie una torre, el 90% de ella ocupada por un restaurante (y que si no tienes reserva no puedes visitar)….

El Castillo de Lenzburg, otro bellezón digno de ser visitado, paseado y descubierto. Cuidado con el dragón!

Otra cosa que sí recuerdo de este otoño 2017: El Zürich Film Festival, y la Gala Premier (con asistencia del director) de Breath

No os digo más que impresiona la elegancia que destila Simon Baker y la sencillez que desprendió en las palabras previas a la Premier de su película en Suiza.

La película, la recomiendo totalmente. El libro en el que se basa, del mismo nombre, también. De verdad, si tenéis la oportunidad de leer el libro o ver la peli, no lo dejéis escapar.

Y así, poco a poco, hemos ido entrando en el invierno… pero ya os he aburrido bastante por hoy.