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Y vuelta al fresquito

Pues, por si no lo habíais notado, hemos estado de vacaciones y regresamos ayer noche.

Hemos venido con un moreno albañil más fuerte que antes; es lo que tiene que salte el levante fuerte en Cádiz justo cuando tienes tiempo libre para ir a la playa. Y para cuando dejó de soplar, yo tenía que pasar mi ITV particular: peluquería, médico, análisis, dentista, etc, etc… en fín, otra vez será.

Además de los 3 Kg que hemos pillado en estos 15 días (uff, ese pescaíto frito!), vinimos con las maletas cargaditas de cositas.

Ayer el aeropuerto de Zürich estaba inusualmente activo para ser las 22h de la noche. Habitualmente a esa hora no hay mucha gente, y sin embargo, ayer aquello parecía el barrio de la Viña un sábado de Carnaval. A la salida los de Aduana estaban haciendo controles aleatorios de maletas. Ni qué decir tiene que yo crucé los dedos, agaché la cabeza y procuré confundirme con la multitud… :P

Hoy toca lo de siempre, limpieza de frigorífico, deshacer maletas, hacer la compra, poner lavadoras, etc… Y disfrutar de nuestros 18 graditos de frescor…. ;)

 

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Un año en Zürich: reflexiones

Esta larga entrada la tenía pendiente desde hace tiempo. Hace unas semanas cumplí mi primer año en estas tierras, al menos el primer año desde que pise Zürich para quedarme definitivamente (espero).

Bien es cierto que mi entrada en el país fue en diciembre de 2010, pero eso sólo lo considero vacaciones. Luego regresé para inscribirme como inmigrante legal en febrero de 2011, pero de nuevo eso fueron 15 días, aunque a efectos legales mi residencia empieza a principios de febrero a todas luces.

Pero el momento en que mi vida empezó en Zürich, como tal, teniéndome que enfrentar a las cosas del día a día como el idioma, el cuarto de lavadora, la puntualidad de sus trenes, etc, etc fue al regresar de nuestro viaje de novios, en Junio. Así que hace ahora poco más de un año.

Recuerdo que, cuando comunicamos la noticia de que nos trasladábamos a Zürich a nuestros amigos, una de ellas, que ya vivía en Suiza, me dijo sin mucho acierto, que no sabía si alegrarse por ella o sentirlo por mí, porque aquí me iba aburrir como lo hacía ella.  Aquello, la verdad, era lo que menos necesitaba oír en aquel momento, ya que tenía bastante reticencia a irme. No porque en Dublín me encontrara a gusto, sino porque Zürich conllevaba de nuevo una mudanza internacional y todos los trastornos que ello trae consigo, esos pequeños inconvenientes y esas incertidumbres con los que yo lidio (lo reconozco) tan sumamente mal. Y encima se producía antes de lo que habíamos planeado, y con la organización de una boda en el horizonte cercano.

Al fin y al cabo Dublín era mi territorio conocido y mi rutina. Aunque la verdad, es que, al mismo tiempo, supuso para mí enfrentarme a uno de los dos periodos más asfixsiantes de mi vida. En Dublín trabajaba horas sin discanso: hasta 14 horas/día en los periodos clave de la empresa, dícese finales de mes, finales de trimestre, Diciembre y Junio. Y muy pocas o ninguna compensaciones a cambio.

Por otro lado, Dublín supuso dejar mi admirada Londres, dónde también la vida se me hizo dura al principio, pero a la que logré domar y sacar la belleza que llevaba dentro. Digo yo que por algo Oscar Wilde, irlandés, dijo en su día eso de que quien se aburre de Londres es porque se aburre de la vida. Lo dijo de Londres, no de Dublín… por algo sería. Luego al llegar a Dublín, me dí cuenta de por qué.

Desgraciadamente, a Dublín la llevo también ligada al recuerdo de la muerte de mi padre, así que por muchas razones como véis, salir de Dublín supuso para mí un cambio del que no había marcha atrás posible.

Aquí en Zürich el primer choque es el idioma. El alemán suizo no es fácil de entender, mucho menos de hablar. Yo había estudiado alemán hace un tiempo, pero es alemán estándar (Hochdeuscht), no alemán suizo. Es como si un guiri estudiara castellano en Valladolid y luego se fuera a vivir a un pueblo perdido de las Alpujarras o la Sierra de Grazalema (con perdón, es un ejemplo). Con todo y con eso, Zürich es una ciudad muy cosmopolita, y se escucha una gran cantidad de idiomas y dialectos. Es frecuente oír inglés (de Inglaterra y americano), francés, italiano, español, chino, japonés, etc.. cuando vas caminando por la calle.

El segundo escollo es acostumbrarse al coste de la vida. En mis primeras incursiones al supermercado regresaba a casa el 99% de las veces de vacío. Era desesperante ver los precios de todo….  :(.  Al cabo de una semana, Luy se cansó de repetirme de que yo tenía que almorzar y cenar en condiciones, y empecé a pillar cosas intentando no mirar los precios y cruzando los dedos para no caerme del soponcio al llegar a caja. Ahora, sin embargo, saber que las castañas me cuestan 8 euros el kg, en lugar de a 2 euros como a mi madre, o que el gazpacho Alvalle me salga por 6 euros al cambio, no me resulta tan chocante. Ahora incluso como más sano y he logrado perder en un año 10 kilos de los 20kg que pillé en los casi 4 años en Dublín.

El transporte es también muy caro, pero al menos el mismo billete me sirve para todo el sistema de transporte en Zürich, ya sea tren, tranvía, autobús o hasta barco. Es abundante y encima funciona. Si el letrero dice que el tren viene a las 14.47 h, es porque efectivamente cuando el minutero esté dando las y 47, el tren estará entrando en el andén. Y si tiene 2 minutos de retraso, te lo anuncian por megafonía dándote el motivo y pidiendo disculpas.  XD

Las oportunidades de ocio son menos abundantes que en Londres, pero más atractivas (para mi gusto) que en Dublín. Aquí hay teatro, cine, musicales, eventos deportivos, conciertos, museos, senderismo, vida al aire libre, etc, etc. Para muchos de ellos saber el idioma local, ya sea estándar o dialecto, es una ventaja muy grande. Pero no significa que no haya alternativas. Hay obras de teatro, cine y musicales en inglés, agrupaciones de actividades culturales italianas, española; la vida en el exterior, ya sea eventos deportivos o senderismo, no necesita de idioma propio ;). Aquí he ido a más conciertos y actividades en un año que en Dublín en casi cuatro, y entre cuestas y paseos por el monte (aunque pocos) he hecho más ejercicio que nunca.

El tiempo es una gozada, si se compara con el de las islas británicas (cualquiera de las dos). Los inviernos son duros, fríos y llenos de nieve. Pero la primavera y el verano, si bien inestables, son cálidos, y cuando hace sol se puede salir a la calle en manga corta o incluso tirante, sin necesidad de llevar el «abrigo de verano» (a.k.a. chubasquero). Aquí el paraguas suele bastar. Lo mejor cuando hace sol es ir a la piscina o al parque a tirarse y hacer la fotosíntesis mientras se lee un libro. Cuando fuera nieva, no hay nada que me guste más que hornear galletas o magdalenas para Luy y sentarme con mi colacao en el calor de mi cocina a ver cómo caen los copos blancos (mientras que no haya que salir…. :P). O pertrecharte con un buen abrigo y salir a disfrutar del paisaje nevado desde el mirador cerca de casa…

Hay muchas leyendas urbanas que dicen que a partir de las 22h ya no se puede hacer ruido o hacer correr agua, sin tener problemas con la policía o con los vecinos. Mentira. Eso depende de los vecinos que se tenga. En nuestra antigua casa en Adliswil, los vecinos de abajo eran dos chicos estudiantes…. las fiestas entre semana eran habituales y la música alta a eso de las 23h o las 00h también. En la casa de ahora, la vecina de arriba, una señora bastante mayor que casi no se puede mover (le calculamos unos 200 años) se da largas duchas a veces a las 23.45 de la noche. Pero claro, si se tienen vecinos puñeteros o que siguen la vieja ley (no legal ya), pues pasa lo que pasa….

Podría seguir hablando, pero creo que ya estaréis más que aburridos de escucharme. Por supuesto esto son opiniones subjetivas y a cada cosa buena, habrá quien tenga y cuente cosas negativas. Pero la verdad, a la luz de lo vivido en este año, Zürich me gusta más que Dublín para vivir. Sólo hay que ver que casi he alcanzado en un año en Suiza el número de post de Dublín.

Aquí sonrío más, me siento más contenta conmigo misma, y hasta diría que soy feliz. ;)

 

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Tanabata en Zürich

El sábado aprovechamos que en el Museo Rietberg se inauguraba una exposición llamada «La belleza del momento» y por lo tanto la entrada al museo y a la exposición eran totalmente gratuitas.

La exposición constaba de una serie bastante numerosa de fotografías realizadas en el siglo XIX en blanco y negro y luego coloreadas a mano, que mostraban a mujeres japonesas en su vida cotidiana. Desde Geishas en sus horas de descanso, a mujeres normales comprando telas para hacer kimonos, se iban desgranando una a una las fotografías que nos transportaban a otros tiempos y otra cultura singularmente bella. En otra parte de la sala se mostraban trabajos realizados en madera cuyo tema principal eran también la mujer japones. Había muchas obras de Utamaro, por poner un ejemplo.

Además se celebraba también el Tanabata o festividad de las estrellas:

La fiesta celebra el encuentro entre Orihime (Vega) y Hikoboshi (Altair). La Vía láctea, un río hecho de estrellas que cruza el cielo, separa a estos amantes, y sólo se les permite verse una vez al año, el séptimo día del séptimo mes lunar del calendario lunisolar. Ya que las estrellas sólo aparecen de noche, la celebración suele ser nocturna.

Los árboles de bambú estaban decorados y había quien colgaba de ellos sus deseos. La presencia de la comunidad japonesa que vive en Zürich era bastante y algunos, muchos vestían con el kimono.

Aprovechamos el buen tiempo del sábado para pasear por el parque que rodea el museo y refugiarnos en una caseta donde se mostraba cada media hora la ceremonia del té. Yo lo probé y me pareció bastante fuerte, se me subió la tensión al medio minuto de haber tomado el primer sorbo y no pude con él. Sé que lo mismo es un sacrilegio y nuestro amigo Zordor me mata, pero igual si le hubieran echado azúcar (bastante) me lo hubiera acabado…. :P

La verdad es que pasamos una mañana agradable y nos lo pasamos muy bien. Nos ha vuelto la nostalgia de organizar el tan deseado viaje a Japón, que tenemos pendiente…. a ver si a la tercera (o era ya la cuarta?) va a la vencida…. :)

 

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Can you hear me?

8th July… once again.  It’s been 3 years already. Seems it was yesterday. I remember every little detail far too well… I’d wish I wouldn’t… I still miss you…

 

 

PRAYER
Oh God-our heavenly Father.
Oh, God-and my father
Who is also in heaven.
May the light of this
Flickering candle
Illuminate the night the way
Your spirit illuminates my soul.

Papa, can you hear me?
Papa, can you see me?
Papa can you find me in the night?

Papa are you near me?
Papa, can you hear me?
Papa, can you help me not be frightened?

Looking at the skies I seem to see
A million eyes which ones are yours?
Where are you now that yesterday
Has waved goodbye
And closed its doors?

The night is so much darker;
The wind is so much colder;
The world I see is so much bigger
Now that I’m alone.

Papa, please forgive me.
Try to understand me;
Papa, don’t you know I had no choice?

Can you hear me praying,
Anything I’m saying
Even though the night is filled with voices?

I remember everything you taught me
Every book 1’ve ever read…
Can all the words in all the books
Help me to face what lies ahead?

The trees are so much taller
And I feel so much smaller;
The moon is twice as lonely
And the stars are half as bright…

Papa, how I love you…
Papa, how I need you.
Papa, how I miss you
Kissing me good night…

 

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Calabacín gratinado con cuscús

Ingredientes:

– 1 ó 2 calabacines

– 1/2 sobre de cuscús mediterráneo (o 1 si se hacen 2 calabacines)

– una pizca de sal

– un poco de queso parmesano rallado

 

Preparación:

Preparar el cuscús según instrucciones. Pre-calentar el horno.

Mientras se hace el cuscús, lavar muy bien el calabacín. Cortarle os extremos y partir por la mitad.

Colocar el calabacín en una vaporera y esperar que se ponga blandito, según el gusto (con cuidado de no quemarse los dedos… :P)

Una vez hecho, sacar con una cucharilla un poco de la «carne» y mezclar con el cuscús que ya estará listo.

Colocar las mitades de los calabacines en una fuente de horno, salarlas a gusto y rellenar con el cuscús. Rallar el queso parmesano por encima y meter la fuente en el horno en modo gratinado, entre 180º – 200º hasta que se dore.

 

Notas: yo sólo hice uno (el que tenía en casa) y me supo a poco, de lo bueno que estaba…. :)