Y más cositas que vimos e hicimos en Tokyo
Descubrir un restaurante suizo cerca de la Torre de Tokyo

Templo con estatuas de niños


Harajuku y sus tiendas





Templo y bosque de Meiji Jingu










Y más cositas que vimos e hicimos en Tokyo
Descubrir un restaurante suizo cerca de la Torre de Tokyo

Templo con estatuas de niños


Harajuku y sus tiendas





Templo y bosque de Meiji Jingu










Algunas fotitos más de las cosas que hicimos en Tokyo…
Zona de Shibuya, su perro y su cruce






Asakusa, su mercado y su templo




Museo Ghibli en Mitaka: disfrutando como enanos, aunque no nos dejaran hacer fotitos del interior ni montarnos en el Gato-bus…







Torre de Tokyo y sus vistas desde allí




Neko Café: muy activos, los gatos no estaban, pero siempre es una gozada poder acariciarlos… :D



En Monte Fuji, la siguiente parada en el camino, decidimos descansar y tomarlo con calma.
Disfrutamos de las vistas de camino a Kawaguchiko y su lago, todas dominadas por el Fuji, que incluso con nubes impresionaba…


Disfrutamos también del baño con vistas




Y hasta jugamos al bingo. Menos mal que iban escribiendo los números en una pizarra, porque los números en japonés son peor que en alemán… :P

Descubrimos que las reglas de bingo japonesas son distintas a las españolas. Allí un bingo es una línea española, pero no nos enteramos hasta un par de días más tarde, cuando le preguntamos a nuestro amigo Zordor. Si llego a saber en ese momento que incluso sirven las líneas verticales y diagonales me hubiera llevado un premio (mi tarjeta era la verde)… :S

El personal del hotel nos deleitó con un espectáculo de tambores. Reconocí a la chica que nos ayudó a llevar las maletas a nuestra habitación. Por el tamaño de sus brazos y la fuerza con la que golpeaba el tambor, hice bien en no meterme con ella… xD


Y al día siguiente dejamos Fuji con un cielo despejado sobre el monte.


Nos llevamos nuestros propios montes Fuji, comestibles…. :)

Aún no las hemos probado, así que no tenemos ni idea de cómo saben estas galletas (creemos que son galletas)
Vimos campos cultivados y cosechas recogidas.


Y tras el viaje, llegamos de nuevo a Tokyo, nuestro destino final. :)
Tras dejar Kyoto, viajamos hasta Nagoya. El camino lo amenizó Luy con sus maravillosas rimas a la ciudad. Quisiera Bécquer haber tenido la mitad de ingenio y sensibilidad poética que Luy, para escribir las Rimas y Leyendas… (no comment :P).
Llegamos sobre las 14.30h, buscamos el hotel, dejamos las maletas y nos refrescamos un poco viendo las vistas de su jardín interno.

La visita programada era, como no, al Castillo. Lo malo es que al llegar a la ciudad más tarde de lo que habíamos planeado en un principio (por ver el palacio imperial de Kyoto), pues se nos echó el tiempo un poco encima, y llegamos al castillo a eso de las 15.45h.
El Castillo cerraba a eso de las 16h (algunas salas principales) o las 16.30h el resto. Además no habíamos almorzado nada, así que nuestra primera parada en el castillo fue la tienda de pastelitos :)


Total, que hicimos la visita al castillo un poco más a prisa de lo que hubiéramos deseado, pero no por ello dejamos de disfrutar lo que pudimos ver….










Al salir, dimos un paseo descubriendo cosas muy interesantes y curiosas a las que por supuesto hicimos fotos (como se nota que no se gasta carrete en estas cámaras «moelnas»… xD)










Tras cenar, regresamos al hotel y a dormir. Al día siguiente nos esperaban algunas horitas de viaje para llegar hasta Kawaguchiko, cerca del Mt. Fuji.
Entre excursión y excursión, visitamos algunas cosillas de Kyoto también en nuestra segunda parte de estancia allí. No muchas, eso sí, pero bueno, ya dije que Kyoto esta llena de «Unescos» y no hay manera de verlos absolutamente todos… (bueno sí, pero no estoy dispuesta a trasladarme tan lejos, estoy bien en Suiza :P)
Templo Toji, con su pagoda (cerca de nuestro hotel en esta segunda etapa)



Lo visitamos el mismo día que abandonábamos Kyoto hacia nuestro nuevo destino.
Fuimos a verlo un día antes por fuera, y nos dimos cuenta de que había hueco al día siguiente para la visita guiada, así que rellenamos la solicitud, adjuntamos copia de pasaportes… et voileá! Esto es lo que pudimos disfrutar…. :)














Nos gustó mucho, aunque yo ya casi no recuerdo los nombres de los edificios. :P Debería echar mano de la Wikipedia para recordar cómo se llama el salón del trono, o el carruaje donde se sienta el emperador.
Muchas de las partes emblemáticas son accesibles hasta cierto punto (un poco de lejos), otras las tienes que imaginar o ver en las fotos que la guía te enseña (o las del panfleto que dan con la entrada). Pero vamos, que no dista de lo que se hace en Europa, por ejemplo, con el Palacio de Buckingham o con el Palacio Real de Madrid. ;)
Terminamos la visita sobre las 11.30h y regresamos a recoger nuestras maletas para pillar el tren hacia nuestro próximo destino: Nagoya (no quiero bromas…. :P).
De la ciudad de Himeji, nos interesaba ver sobre todo su Castillo.
Al igual que el de Okayama, el de Himeji tiene un sobrenombre, en este caso «Hakujoro«, o garza blanca. Es uno de los pocos castillos originales que existen en Japón.
Al llegar vimos que uno de sus edificios principales estaba en obras de restauración (acabarán aproximadamente en marzo de 2015).

Si bien fue una pena para nosotros, me queda el consuelo de que al menos así, esta preciosidad, se conservará durante muchos más años para disfrute y deleite de todos :)
Incluso con la zona de andamios puesta (a cubierto) se observaba la hermosura del castillo. La estructura de restauración servía como centro de exposición de los trabajos llevados a cabo para seguir manteniendo el edificio en todo su esplendor.

Usan técnicas a la antigua usanza para reponer las tejas, es decir, las hacen usando barro natural (aunque parecen de metal) y las cuecen en un horno artesanal. Luego las colocan con alambres de cobre y las recubren y sellan entre ellas con una mezcla de barro y paja. Un trabajito…
Las vistas de la ciudad desde esa sala de restauración quitaban el hipo.

Tenía más cosas interesantes…






La historia de esta chica, Senhime, era verdaderamente para llorar…


Me hizo gracia este póster para hacerte la foto, que incluye la mascota.

Además del póster, con la mascota tenían también la versión peluche (sí, me la traje a Suiza :P)
Hay que decir que los japoneses son expertos en hacer una mascota para casi cualquier cosa… xD Veremos a ver con qué nos sorprenden en las olimpiadas de Tokyo de 2020. :)
Una vez dejamos el Acuario de Osaka, regresamos por la tarde a Kyoto. Habíamos visto en la oficina de turismo que se organizaban visitas guiadas al barrio de las Geishas: Gion. Así que decidimos adentrarnos en el mundo de las geiko y las maiko.




La visita fue de lo más interesante. Nos dejaron bien clarito que, a pesar de la creencia extendida en occidente (y aumentada aún más por algunas películas americanas como «Memorias de una Geisha»), las geishas no reciben dinero a cambio de favores sexuales (por decirlo finamente).
Las geiko (según nos dijeron ellas prefieren ser llamadas así) son entretenedoras, mujeres expertas en el arte de entretener a una clientela que puede ser tanto mujeres como hombres. El entretenimiento va desde danza o canto a baile y cancioncillas infantiles y tradicionales. Cuanto más madura es una geiko, más respetada y más estatus tiene dentro de la jerarquía de las casas de geishas.
Nos enseñaron también las diferencias entre geikos (las más experimentadas) y maiko (las aprendices).

Enumerarlas aquí, llevaría varios posts, no os exagero. Como no quiero aburriros, os sugiero que le echéis un vistazo a este post que he encontrado por la red, escrito por los chicos de Japonismo.com.
Estuvimos paseando por el barrio, viendo las casas donde habitan las maikos, las casas de té (por fuera, que entrar sin invitación es díficil), los negocios donde compran los adornos para el pelo, etc.




Por ver, vimos hasta a una geisha? (no estoy segura) abroncando a nuestra guía por usar el micrófono, interrumpiendo la paz delante de la casa de té (como lo cuento)…

Al finalizar, tuvimos suerte, y vimos a dos maikos saliendo del teatro donde hacen sus representaciones. Fue un visto y no visto, por eso la foto sale borrosa…

La verdad es que la sensación que nos queda después de la visita es que tanto geishas como maikos son consideradas casi como de la aristocracia, es un privilegio que te entretengan. Y que en occidente tenemos una imagen totalmente desvirtuada de su trabajo ;)
Como punto final del día, nos fuimos a cenar a un restaurante de okonomiyakis :)


Y tras esto y mucho dolor de piernas, nos fuimos a la camita a soñar con tiburones, mantas y maikos, hasta el día siguiente.
A estas alturas del viaje, los castillos, los templos y los santuarios empezaban a parecerse unos a otros. Había leído que el acuario de Osaka era digno de ver, así que allí que nos fuimos de cabeza. Por cambiar de aires…

Y no nos defraudó. :)

Tiene muchísimas especies, no sólo peces, sino también medusas, focas, pingüinos, cangrejos, etc. Sin duda las estrellas son las ballenas y las mantas.





Os pongo fotitos de algunos otros bichejos que vimos allí.









Al final de la visita, tienen un tanque bajito con agua donde hay tiburones pequeños (marrajos) y mantas.


Se pueden tocar. Y sí… Luy no se atrevió, pero yo sí! :)
Desde Tottori, regresamos de nuevo a Kyoto, la cual haríamos nuestra base para los siguientes días y las siguientes excursiones.
Nuestra primera visita una vez regresamos a Kyoto fue la ciudad de Nara. Tiene una gran cantidad de templos, pero nosotros nos centramos en el Todai-ji, que alberga uno de los Budas más grandes de Japón (sí, otro… :P).
En el camino al templo, nos íbamos encontrando con innumerables ciervos (o bambis, como yo los llamo)…


Había puestecitos para comprar una especie de galletas que les podías dar de comer, claro que comprarlas e intentar dárselas conllevaba sus riesgos. Para muestras, estos dos ejemplos:


En cuanto entramos a través de la enorme puerta del Todai-ji, vimos cantidad de gente dirigiéndose a la sala donde se encuentra el Gran Buda. Es imposible perdérselo. La verdad es que para la cantidad de gente que lo visita, el edificio (Daibutsu-den) es amplio y absorbe bien a los visitantes con lo que no notas que esté abarrotado :)







Allí mismo, Luy intentó pasar la prueba para alcanzar la iluminación. ;)
Se trataba de pasar por un hueco del tamaño del orificio de la nariz del Buda que había en una columna. Si lograbas pasar de un lado al otro se decía que alcanzarías la iluminación.
Luy no tuvo suerte en su intento… :( Yo ni siquiera me lo planteé, prefería vivir en la ignorancia (no tiene nada que ver que le tuviera miedo a quedarme encallada en medio de la columna, cual clavo, sin poder salir :P).
De allí, fuimos subiendo hasta una especie de mirador. Creo recordar que era un mirador con un pequeño templo, pero no recuerdo el nombre. Las vistas desde allí, desde luego, merecían la pena.


Nos sentamos a descansar y a reflexionar lo que había supuesto este viaje para los dos, la de veces que lo habíamos intentado y tenido que cancelar por diversos motivos…

y dimos las gracias de haberlo podido realizar esta vez. :)
Nos habían hablado también de otro templo, llamado Kasuga-taisha y de su camino con más de tres mil linternas de piedra, así que tras nuestra pausa….



…. nos dirigimos hacia Kasuga-taisha. Y nos íbamos encontrando linternas de estas, por todo el camino…




A la salida también había linternas de piedra…


Cuando regresamos al centro de Nara, vimos otras cosas que nos llamaron la atención, como por ejemplo esta tapa de alcantarilla

O esta puerta de entrada de una casa particular…


La verdad es que la visita nos gustó mucho y nos dejó un buen sabor de boca. Encima, en el camino de regreso a Kyoto, una señora nos regalo los tres origami que había estado haciendo en el tren, como ya os contara en este post…
Nos acostamos cansados pero felices… :)