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Tienda de M and Ms

Londres no deja de cambiar dí­a a dí­a. Desde luego su ritmo es frenético y trepidante incluso en lo que a demolición y construcción de edificios se refiere.

Mi recuerdo a Leicester Square estaba ligado a un Starbucks enorme en el que solí­a quedar a tomar café con mi amiga Ana, y a un reloj suizo con figuras y distintas campanas que tocaban varios sones según la hora que marcaba.

La cafeterí­a desapareció nada más irme a Dublí­n, y ahora, en lugar del centro suizo con su reloj hay una tienda enoooorme de M&Ms.

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Totalmente dispersa

Así­ es como estoy.

Ayer hací­a un sol hermoso y caluroso en Zürich, y hoy sin embargo, llueve con un cielo cerrado que da miedo, la tormenta la tenemos encima de casa y no parece que vaya a acabar nunca.

Y no sé si será eso, o que me rondan infinidad de cosas por la cabeza (ay, yo y mis listas mentales…) pero el caso es que no me concentro en nada de lo que hago o deberí­a hacer.

Llegamos el lunes de Londres. Mañana volvemos a salir de viaje (Francia esta vez, y para una reunión familiar) y yo ya estoy cansada de hacer y deshacer maletas. Mi amiga Lourdes me dice que soy un caracol, y me voy a creer que lo soy de verdad; si no con la casa, sí­ con la maleta a cuestas de aquí­ para allá.

Mientras, yo sólo quisiera asentarme, volver a mi rutina, hablar el idioma, tener mi trabajo, y quejarme de que mi vida es monótona.

Tengo que hacer maleta, escribir varios post que tengo en el tintero, repasar mi tarea de alemán… pero sólo quiero cerrar los ojos y despertarme de una vez por todas de este sueño.