Ya que mi resfriado-catarro me ha impedido ir hoy a trabajar, y estoy metidita en la cama con el ordenador a cuestas, he decidido narrar el segundo día (y último) de nuestra visita a Dublín.
Lo podríamos titular como «día alcohólico», ya que el domingo lo que hicimos fue la pertinente visita a la fábrica de cerveza negra Guinness…..

…… y a la destilería de whiskey Jameson.


En la fábrica de cerveza, para mí la más interesante (aunque también la más cansada y ruidosa) descubrimos todo el proceso de fabricación de ese oro negro al que algunos están ya tan acostumbrados (dícese Ana y Luy). Desde la recolección de los distintos ingredientes hasta la fabricación de los barriles de madera donde se transportaban originariamente la cerveza, todo está detallado minuciosamente a través de paneles, videos, fotografías, etc. Quizá esa minuciosidad, o el cansancio acumulado hizo que me sintiera un poco indispuesta, y a cada rato, me tenía que sentar en el primer banco o silla que veía. Quizá por eso también, hicimos parada (que no fonda) en uno de los «laboratorios de aprendizaje» que tienen en la fábrica: un bar.
Sí, en ese «laboratorio» disfrazado de bar, enseñaron a Luy cómo tirar la pinta de Guinness perfecta…

Le enseñan la teoría…

í‰l que se pone manos a la obra y tira su cerveza …..
La deja reposar para que suba la espumita blanca…

Y le terminan dando su diplomita de haber tirado la pinta perfecta… XDD.
La verdad es que la visita a la fábrica resulta interesante. A mi lo que más me impresionó es saber que por ejemplo, sólo existe esa fábrica de Guinness en todo el mundo, por lo que si alguna vez os tomáis una Guinness, sea en el país que sea, tened por seguro que viene de Dublín. ;)
Una vez hecha la visita a la fábrica de cerveza, nos encaminamos a la destilería de whiskey Jameson.

Esta visita, mucho más corta que la anterior (cosa que yo personalmente agradecí) era guiada. La guía nos llevó por todo el edificio (reconstrucción fiel a la destilería original) explicándonos paso a paso el proceso de producción. A mí me quedó claro una cosa: el whiskey y la cerveza negra son exactamente lo mismo, a no ser por el proceso de destilado del primero; porque tanto los ingredientes como los primeros pasos de producción eran calcados, sólo que la cerveza no se destila y el whiskey sí. (Sí, qué pasa…. no lo sabía, soy ignorante en esto del alcohol… y qué? :P).
Al final de la visita, unos decididos voluntariostuvieron la suerte de hacer una cata de chupitos de 5 ó 6 tipos de whiskey distintos: americano, irlandés, escocés…
Por supuesto, ¿quiénes estaban entre los intrépidos catadores? ¿Quién si no?
¡¡Ana y Luy, por supuesto!!!


Ni qué decir tiene lo contentísíííimos que salieron los dos…. con la experiencia de Dublín…. jejejeje ;)
y por supuesto, en la destilería también les dieron un diplomita al mejor catador de whiskey. A eso se le llama ampliar currículum, sí señor. XDD.
Para quién se lo esté preguntando (si es que hay alguno que se lo pregunte), no, a mi no me dieron diploma ninguno… yo me dediqué a inmortalizar tan «alegre» momento.
Ah, sí… gracias a Ana aprendí lo contentísima que se pone una cuando te tomas una Dolagial para tomarte luego una Guinness… XDDD.
Gracias por el reportaje fotográfico, yo tendré la suerte de estar en DublÑn para finales del mayo y como buén amante de la cerveza no me pienso perder la visita a la Guinness Storehouse.
un saludo desde Pontevedra