Tenemos nuevo inquilino en casa y hay que buscarle nombre…

Pensaba yo que por estar en esta casa, donde el horno es más limpio que en la anterior casa de Luy y donde no tenemos moqueta, por lo tanto no nos pueden hacer «cariñitos» en los pies desde abajo, nuestra vida iba a ser más aburrida.

Esta mañana se ha marchado Luy a cojer su avión y aterrorizaos a todos con su presencia fí­sica en tierras madrileñas y yo me he quedado limpiando un poco.

Lo de mis amigos «los casimiros» ya lo tengo superado… estaban en mi habitación en Bologna, viví­an debajo de la cama y de vez en cuando salí­an a estirar las piernas tres o cuatro veces al dí­a… aquí­ tengo varios primos ingleses que se resisten a salir, viven agrupados preferiblemente debajo del sofá, el armario y la mesita de noche, aunque ya no se asustan demasiado si me ven a mi barriendo o incluso a Luy pasando la mopa (ese es mi niño… colaborando, así­ me gusta…. :P).

Lo que no sabí­a es que cada mañana, además de darles los buenos dí­as a Luy le tení­a que dar también los buenos dí­as al monstruo peludo y viscoso que habita en la cañerí­a del lavabo. Sí­ queridos amigos… tenemos vida allí­.

Lo he descubierto por casualidad cuando limpiaba esta mañana. Levanté el tapón (de esos extraí­bles y que se bajan cuando le das a la palanquita que tiene el grifo) y ahí­ estaba.

Parece ser que es tí­mido, y se ha escondido un poco más abajo cuando decidí­ lavarle la carita con agua y desatascante… «tanto pelo no puede ser bueno para tí­, mi querido amiguito». Pero el caso, es que me ha preocupado seriamente… este nuevo ente, que vive agazapado en las entrañas de nuestro lavabo, además de ser peludo, viscoso, de un color entre blanquecino y verdoso, y muy tí­mido, sufre de serios problemas psicológicos…. tienen un excesivo apego a lo material. Se resiste a ser despegado de la tuberí­a, le ha tomado cariño y se expande todo lo ancho, peludo y viscoso que es, alrededor de ella, cual Mofli, el último Koala, a su árbol.

Me preocupa. Tras bañarlo en desatascador y cepillarlo con una escobilla, opté por «peinarlo» con un tenedor. (Luy, necesitamos una nueva visita al British en cuanto regresemos de vacaciones…). Se vé que no le ha hecho mucha gracia, y se ha batido en retirada hacia el fondo de la tuberí­a.

Al menos ya el agua corre hacia abajo con mayor decencia, y tarda menos. Pero desde el fondo de la cañerí­a, yo sé que nuestro amigo sin nombre me observa, me escruta con su mirada peluda y viscosa, esperando el momento de actuar de nuevo.

Creo que lo he escuchado decir: «I’ll be back….»

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