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Siendo yo

Como siempre a principios de un año nuevo (o de un curso nuevo, que no es lo mismo) aparecen rodando a la vuelta de la esquina los propósitos de cambio.

Lo cierto es que, en nuestro caso, de momento la incertidumbre domina los primeros meses de 2012.

Hemos decidido cambiar de piso, y siguiendo el procedimiento (3 meses de antelación) dimos el aviso antes de irnos de vacaciones. Así­ que ahora toca buscar. Y espero encontrar algo pronto, que ya me veo durmiendo con mis cosas en la Bí¼rkliplatz, haciéndole compañí­a a los cisnes del lago… XD

Mis clases de alemán acaban el 1 de febrero. El nuevo convenio de la academia de idiomas con la empresa de Luy, no cubre más allá del nivel 4, en el que estoy actualmente. Así­ que a no ser que hagan una excepción, tendré que buscar otras opciones para seguir aprendiendo alemán.

Como véis, proyectos, lo que se dice en firme, no tenemos. Al menos yo, no.

Todo anda pendiendo de un hilo. Como en el último año de mi vida, tengo la sensación de andar a salto de mata, en la cuerda floja y sin red de protección. Y sé que al final todo sale bien, pero no se me puede pedir a mí­, que lo quiero tener todo sobre seguro, que no me preocupe.

 

Entonces, dejarí­a de ser yo. ;)

 

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Sin novedad en el frente

Después de casi un mes de vacaciones, entre idas y venidas a España y Suiza, no hay mucho que contar.

Nada más llegar a Madrid el primer dí­a de vacaciones me pillé un catarro bien gracioso, que me tuvo mocosa y congestionada según el dí­a.

Esta etapa del tiempo de asueto estuvo marcada por un mini-viajecito a La Granja de una noche para ver el palacio y sus jardines. La verdad es que los jardines y sus fuentes son preciosos, pero para apreciarlos en su totalidad y esplendor, creo que deberí­amos volver en primavera, porque en invierno las fuentes están apagadas. Se dirí­a que los jardines también lo están ;).

El resto de la estancia fue comida tras comida, como si fuera a ser nosotros a los que iban a sacrificar para la cena de Navidad. De verdad, que ya no estamos ninguno de los dos para este tipo de ágapes… :S  Y eso no se limitó a los dí­as señalados en rojo en el calendario…

La estancia en Cádiz vení­a determinada por infinidad de cosas en mi agenda; cosas, de las que hice sólo una o dos. En fí­n, se me hizo corto el tiempo y casi no pude ver a toda la gente que querí­a ver.

Allí­ llevamos a mi madre a ver cómo bailan los caballos andaluces, con el pensamiento puesto en cuánto o más habrí­a disfrutado mi padre con esas maravillas de cuatro patas. Pero aunque se hizo en ocasiones un nudo en la garganta durante el espectáculo, la verdad es que me hizo muy, muy feliz ver a mi madre tan ilusionada de ver en directo los jinetes, los carruajes, y cómo no, los caballos. :)

El último dí­a de vacaciones en Cádiz fue dedicado a la boda de una gran amiga, y al dí­a siguiente vuelta a Zí¼rich, que el lunes tení­a clase de alemán y no querí­a desaprovecharlas.

Y si empecé las vacaciones con catarro, las terminé igual, o peor. Porque aterricé en la no muy frí­a Suiza (3 grados a mi llegada a las 22.30h), con 39.5 de fiebre. El camino a casa se me hizo eterno y en cuanto toqué la cama, caí­ rendida de puro cansancio del corre-corre de los dí­as anteriores y de la fiebre. Al dí­a siguiente estaba mucho mejor, debió ser el cansancio de unas vacaciones de las que tanto Luy como yo hemos venido más agotados si cabe.

Un par de dí­as en Zí¼rich para comprobar que no nevaba, y de vuelta a Madrid a pasar el fin de semana con Luy, que se habí­a quedado allí­ por motivos de curro.

Y regresamos el domingo 15. Luy a su trabajo en la oficina, yo al mí­o de la casa…. Lo dicho, sin novedad en el frente.