12. Julio. 1997 – 2007

Hoy se cumplen 10 años del asesinato del concejal Miguel íngel Blanco Garrido. Supongo que la mayorí­a sabrá de quién hablo.

Apenas una semana antes, se habí­a conseguido la liberación de Jose Antonio Ortega Lara, el secuestro más largo de toda la historia de eta (disculpadme si lo escribo en minúsculas… no merecen otra cosa). Recuerdo que ese 1 de Julio, yo fui feliz al examen de Derecho Cooperativo, me daba igual si aprobaba o no… porque por fin ese hombre, habí­a salido de su pesadilla de casi un año de cautiverio.

Esa alegrí­a se diluyó una semana más tarde, cuando escuchaba a Fernando í“nega, por aquel entonces en Antena 3, dando la noticia del nuevo secuestro de eta. Lo peor… 48 horas de plazo para doblegar la voluntad o acabar con una vida inocente.

48 horas de angustia, de estar pegados a la radio, a la tele… 48 horas de vigilias, de oraciones… 48 horas de frustración, de impotencia, de rabia, de dolor…

Recuerdo gente de pie y en silencio en mitad de la playa cuando las sirenas de los servicios de playa anunciaron el final del ultimátum, a las 16h de la tarde; todo quedó en silencio… dejaron de jugar al bingo las señoras, dejaron de jugar a las palas los jóvenes… todos se levantaron, todos callaron… esa imagen se quedó grabada en las retinas. Nunca antes habí­a visto la playa de Cádiz tan triste….
2 balas en la nuca y un hilo de vida que aún luchaba por continuar, cuando encontraron el cuerpo de Miguel íngel con las manos atadas a la espalda. En el hospital, 12 horas más de lucha entre la vida y la muerte, desafiando a sus verdugos… y luego…

Dolor, silencio, llanto… manifestaciones, gritos de basta ya!, manos blancas, calles inundadas de gente queriendo expresar su indignación ante la barbarie.

Y hoy, hoy me ronda en la cabeza la canción que el grupo Revólver publicó en su álbum “Básico II”. “Una lluvia violenta y salvaje” está dedicada a esos dí­as revueltos, a esas horas de angustia, a ese dolor…

Aquel dí­a amenazaba más tormenta
Y la tormenta no se hizo de rogar
aunque más de uno creyera en los milagros
el que más y el que menos no sabí­a que apostar
Porque el tiempo es el tiempo y el decide
como dónde y cúando quiere descargar
y a las cuatro cayeron dos rayos segando
de cuajo otro árbol más.Y cayo hasta calarnos los huesos, y cayo frí­a
y sin compasión
una lluvia violenta y salvaje hasta hacernos
dudar de si existe Dios.
Y cayo hasta calarnos los huesos como pernos
de ví­a de tren
Una lluvia violenta y salvaje hiriendo la
carne abollando la piel.Y fundidos de rabia imponentes
miramos al cielo queriendo entender
porque ese brutal aguacero porque los dos rayos
algo no va bien.
Y si no hay nadie que pueda detener
la tormenta que nos moja sin parar
usaremos nuestra fuerza tanto si esta mal o bien
para estar secos por siempre de una vez.

Y cayo hasta calarnos los huesos, y cayo frí­a
y sin compasión
una lluvia violenta y salvaje hasta hacernos
dudar de si existe Dios.
Y cayo hasta calarnos los huesos como pernos
de ví­a de tren
Una lluvia violenta y salvaje hiriendo la
carne abollando la piel.

3 pensamientos en “12. Julio. 1997 – 2007

  1. Yo también recuerdo ese momento como si fuera ayer mismo, y se me encoge el corazón y el estómago cuando lo recuerdo, ese mismo encogimiento que tenÑa cuando, ilusa de mÑ, pensaba que aún podrÑan salvar su vida. Recuerdo dónde y qué estaba haciendo, y recuerdo cómo en ese momento se me acabaron los calificativos con que denominar a esos salvajes animales, porque para llamarse persona, primero hay que serlo.

  2. Gracias por recordarnoslo.

    Recuerdo la gente unida y emocionada intentando hacer todo lo posible para que la tragedia no ocurriese. Recuerdo tb que cuando oi la noticia me dije: “Morira”. Y eso aun me hizo la angustia mas grande. Recuerdo que llore pero sin mas aspavientos. Permaneci callada y reze. Ya no tengo mas fuerzas con este tema. No entiendo como hay gente tan estupida que tv confia en la palabra de esos locos.

  3. Recuerdo esa imagen: megafonÑa anunciando la hora, la playa paralizada, silencio, mucho silencio, donde paró hasta el mar. Rostros de dolor, de furia e impotencia, y las lágrimas cayendo por mis mejillas. Todo Cádiz era dolor.

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