Dejad que haya espacios en vuestra cercaní­a…

Otro post más sobre el dí­a de San Valentí­n… no tan “práctico” como el de Luy … pero bueno, al fin y al cabo es mi blog.

Por lo general no me gusta celebrar el dí­a de San Valentí­n, de ahí­ que este post salga con un dí­a (o dos) de retraso. Me da grima, saber que en ese dí­a la gente se regala por regalar, como bien dice Zordor , que los vendedores de flores se aposten en cualquier esquina como si acecharan a su presa, sabiendo que esta caerá.
En San Valentin, el amor es obligado… se debe hacer un regalo a la pareja, o cenar con ella/él, o regalarle flores… por que es San Valentí­n.

Yo prefiero el amor, simplemente. Ese del que habla San Pablo en su carta a los Corintios: El amor es paciente, es afable, nada espera, todo lo puede….
Ese amor que es capaz de hacer que veas a la persona amada con todos sus defectos y aun así­ sentir que eres feliz a su lado. Ese, que aun habiendo pasado por la experencia y la sabidurí­a del paso de los dí­as, los años, se mantiene joven e inocente como si fuera un niño.

Me acordé ayer mucho de cierto matrimonio amigo mí­o. “Mi matrimonio favorito” como yo los llamaba… Ahora sólo queda una media parte, la otra se fue a principios de año, adelantando el camino a su amada. Ella se ha quedado aquí­, acompañando la ausencia con nuestras oraciones. Pero es un ejemplo de amor para todos nosotros.
Siempre lo fueron. Así­ será por siempre. Bodas de plata vividas con unos nervios como si se tratara la de primera vez. Pero mucho más alegres de disfrutarlas con sus dos hijos, esta vez.
¡¡Qué amor más grande!! :)

Y aun así­, tenian sus diferencias. Sus intereses contrarios, sus defectos. Pero por eso son más queridos aún.
Me hacen recordar un texto que Kahlil Gibran escribió sobre el matrimonio en su libro “El Profeta”:

Nacisteis juntos y juntos para siempre.

Estaréis juntos cuando las alas blancas de la muerte esparzan vuestros dí­as.

Sí­; estaréis juntos aun en la memoria silenciosa de Dios. Pero dejad que haya espacios en vuestra cercaní­a.

Y dejad que los vientos del cielo dancen entre vosotros. Amaos el uno al otro, pero no hagáis del amor una atadura.

Que sea, más bien, un mar movible entre las costas de vuestras almas.

Llenaos uno al otro vuestras copas, pero no bebáis de una sola copa.

Daos el uno al otro de vuestro pan, pero no comáis del mismo trozo.

Cantad y bailad juntos y estad alegres, pero que cada uno de vosotros sea independiente.

Las cuerdas de un laúd están solas, aunque tiemblen con la misma música.

Dad vuestro corazón, pero no para que vuestro compañero lo tenga.

Porque sólo la mano de la vida puede contener los corazones.

Y estad juntos, pero no demasiado juntos. Porque los pilares del templo están aparte.

Y, ni el roble crece bajo la sombra del ciprés ni el ciprés bajo la del roble.

Y ayer, viendo cómo la gente se amontonaba en las floreisterí­as o en las tiendas de tarjetas postales, pensaba en ellos, en mi “matrimonio favorito”, sabiendo que ellos no neceitaban nada más que una pequeña sonrisa o un pequeño gesto de complicidad para saber cuánto se amaban.
Cuánto se seguirán amando siempre, a pesar de todo…. :)

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