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Booda’s odyssey: el vestido (o comprar a tu gusto sin morir en el intento) II

El vestido azul estaba bien, y me gustaba, pero parece que andaba en racha y cuando fui a Madrid vi uno que me encantó.

Era un Jesús del Pozo verde de seda natural con corte de inspiración griega, muy chulo llamado Vispa.

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Tras la experiencia del Pronovias con las tallas, entré en la sección de Jesús del Pozo en el Corte Inglés de Madrid con un pelí­n de miedo. Pedí­ la talla 46 de ese vestido y al probármelo comprobé que me quedaba enorme. Uhm… no puede ser, la de arreglos que le iba a tener que hacer…

La dependienta de la boutique al verme me dijo que la mí­a era mejor una 44, y corrió a traerme esa talla. Y yo que miro a Luy (vení­a conmigo cuando lo compramos) con cara de sorpresa y pienso, anda que lo mismo si Pronovias hubiera tenido una 44 hubieran tenido una remota posibilidad de llevarse el gato al agua… XD

Definitivamente la 44 de Jesús del Pozo era mi talla. :)

Lo curioso es que de este diseñador, le habí­a echado ya el ojo a un vestido unos meses antes. Se llamaba Veral y era rojo tirando a vino tinto. Precioso, me lo hubiera comprado si no hubiera sido porque en ese momento estaba en mi habitual mood de no comprar nada… XD

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Total que al final acabé con mi vestido verde super contenta. Porque apenas le tuve que coger nada (solo el bajo y unos de los hombros), era infinitamente más barato que cualquiera de los de novia y me lo podrí­a poner más veces (sí­, soy práctica, y qué? :P)

Lo gracioso es que después decidimos casarnos también por la iglesia, y todos andaban preguntándome si cambiarí­a de vestido. Noooo!! Ni se me ocurrió. El vestido verde me encanta y es lo que yo andaba buscando ;).

Además de ese color verde voy vestida en muchas ocasiones. Tengo dos jerseys y una camiseta del mismo tono, así­ que se podrí­a decir que es mi color… :) O como me dijo mi amiga Bea Pérez, con mi vestido de novia se me veí­a tan… yo… XD

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Booda’s odyssey: las palabras que se me quedaron en el tintero

Pues pensaba yo que iba a tener que pronunciar unas palabritas (brete en el que pone Juan, el cura, a todos los novios que han pertenecido a la comunidad parroquial) y hasta me las habí­a preparado…, pero al final me libré.

Me libré no sin cierta pena, porque me hubiera gustado decirlo bien alto y claro: Luy, eres mi 42!! :) Así­ que aquí­ viene el post tontorrón del dí­a… ;)

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Luy, muchas veces me has preguntado por qué te quiero tanto, hasta el punto de seguirte en la locura de ir cambiando de paí­s a paí­s.

Simplemente, te quiero.

Dentro de poco nos faltarán paí­ses en los mapas :). Da igual, no importa, nos los inventaremos. Los llenaremos de amor y ternura, de comprensión y paz, de respeto y alegrí­a, de risas. Porque, viviremos cosas increí­bles, quién sabe, incluso podrí­amos llegar a ver naves más allá de Orión1… :)

Contigo he aprendido que los pequeños detalles y gestos son los que cuentan cada dí­a. Decir te quiero con una caricia, una mirada o pronunciando simplemente «como desees…»2. Tus brazos y tu pecho son siempre mi patria y mi calor de hogar, cuando todo me parece perdido. Crees en mí­ más que yo misma, apoyándome más allá de lo que yo pudiera imaginar.

Muchas veces he vuelto atrás en el tiempo y he recordado ese dí­a en que te conocí­. Adolescentes, no pensábamos que acabarí­amos aquí­, en esta iglesia, delante de nuestras familias y amigos compartiendo la alegrí­a de unir nuestras vidas ante Dios. Quién nos lo iba a decir? Me sonrí­o al saber que Dios teje nuestras vidas con multitud de hilos y que sólo él sabe el diseño de nuestros bordados3 . En algún momento exacto, Dios decició cruzar nuestros hilos para encontrarnos el uno al otro en el camino de la vida, y por ello le doy las gracias.

Lo demás es historia, nuestra historia… :)

Y a vosotros, amigos y familiares, ¿qué deciros?… Algunos de los aquí­ presentes habéis estado desde el principio en nuestro particular cuento de princesas y piratas4, y me alegra ver todos vuestros rostros presentes compartiendo estos momentos con nosotros. Otros, no están con nosotros hoy, pero estoy segura de que están allá arriba tan felices como nosotros.

A todos quisiera daros hoy, con mi cariño más sincero, las gracias por participar en nuestra alegrí­a.

 

1: http://www.eluniversal.com.mx/espectaculos/77172.html

2: http://www.youtube.com/watch?v=_z5Vp-wIXwA

3: http://www.corazones.org/articulos/anecdotas/bordado_dedios.htm

4: http://es.wikipedia.org/wiki/The_Princess_Bride

 

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Booda’s odyssey: el vestido (o como comprar algo a tu gusto sin morir en el intento)

He sido una novia rara. O al menos, fuera de lo común: mi vestido ha sido verde, y nada que ver con un vestido de novia. De hecho ni fue comprado en una tienda de novia.

De los primeros temas que hablé con quienes sabí­an que nos í­bamos a casar era del traje. Que si blanco, que si velo, que si Rosa Clará o Pronovias. Yo tuve siempre muy claro que no querí­a un vestido de novia, por lo que las tiendas de trajes para esa ocasión no estaban entre mis objetivos.

Las razones podrí­an ser muchas pero las he resumido en éstas:

1) En un primer momento la boda iba a ser civil, así­ que (con todo el respeto del mundo a quienes lo hayan hecho así­) llevar un pedazo de traje de cola, velo y cancán para una ceremonia de apenas 10 minutos me parecí­a un derroche innecesario. En Cádiz las ceremonias civiles no duran más que ese tiempo, al menos en las del juzgado. Y son super frí­as, vamos que parecen más una clase de derecho procesal que una boda. Se iba a tardar más en ponerte el traje que en lo que iba a durar la ceremonia en sí­. Así­ que llevar el vestido blanco de toda la vida estaba fuera de lugar.

2) El blanco no es mi color. Bastante pálida soy ya después de casi 6 años sin pisar la playa como para ponerme algo casi tan blanco como yo… :S

3) No me van los complementos del traje, que si velo, que si cancán, que si cola, etc… Con lo retaco que soy, me iban a empequeñecer más.

4) El gasto medio de uno de esos vestidos de novia es brutal. Más si se tiene en cuenta que en el 90% de los casos es un vestido de una noche nada más….

Aún así­, quizá para dar gusto a algunos por una vez, me decidí­ a pedir cita para una prueba en el Pronovias de Cádiz.

Ya en la petición de cita empezamos mal. Yo fui en Abril 2010 pidiendo cita para Agosto de ese año (que era cuando yo estarí­a de vacaciones por Cádiz). Al saber que la boda serí­a en Abril 2011, se empeñaban en hacerme coger la cita en Septiembre 2010, que era cuando vení­an los trajes de nueva colección. Me tuve que poner firme y cambiar el tono de voz a uno muy, muy contundente y con cierto toque de cinismo, para que me hicieran caso. Cuando les pregunté si tendrí­an para Agosto vestidos de mi talla (46 por ese entonces) disponible, me dijeron que no habrí­a ningún problema.

Llegó Agosto 2010, y a pesar de que tras mirar los catálogos online, ninguno hubo que me llamara la atención, fui con dos amigas a una odisea que recordaré toda mi vida. Pero la verdad es que me harto de reí­r al recordarlo.

Escogí­ 4 modelos de los más simples posibles. Bueno, el primero que me probé puede que no, pero es que a la modelo del catálogo le quedaba de muerte (ella probablemente era una 36, cuando yo era una 46… la diferencia se notaba… :P).

Nada más llegar me preguntan por mi número de pie para ponerme tacones (yo iba en sandalias planas) y me dan unos zapatos de horma estrecha que a los 10 segundo de puestos empiezan a hacerme daño en los huesos de los dedos… y la cosa no habí­a hecho más que empezar.

El cancán me lo ponen de corte sirena (estrecho hasta rodilla para abrirse a partir de ahí­) y de la talla (atención!!) 42… «estooo, perdone señorita yo dije en Abril que mi talla era la 46 y me comentásteis que no habrí­a problema….» No, no, los vestidos en tienda son siempre y sólo de la 42; los de la 46 los tenemos que pedir una vez nos digas (y pagues se le olvidó decir) el modelo que vas a comprar….». Ya. Pues si no me veo yo a mí­ misma con un vestido 2 tallas más pequeños que la mí­a, cómo pretendes que te compre?? :S

Total, que el allá que voy con mis zapatos de tacón de horma estrecha y mi cancán de sirena. Me mira al espejo y me recuerdo a algo… a una morcilla!! Embutida en el cancán no me podí­a ni mover. Las piernas no podí­an estar más juntas… me acordé del chiste del preservativo más eficaz del mundo… XD

La chica viene con el primer vestido, también por supuesto de la talla 42, y con una cremallera de por lo menos 60 centí­metros. La pobre sudó para meterme eso, claro. Me pidió que la ayudara empujando con mis manos hacia atrás todo lo más que pudiera la parte del talle de la tela. Al hacerlo encogí­ la tripa, y fue cuando ella logró (milagrosamente) cerrar apenas 5 centí­metros de los 60 de la cremallera. Para entonces, yo me habí­a quedado sin aire al tener la tripa metida pa dentro… :S

La tira del cuello del vestido (con escote halter) sin embargo era lo único que me debí­a quedar grande, y claro, eficiente como lo son las dependientas de tiendas de novias, me lo ajustó (demasiado) al cuello con un alfiler. Así­ que entre lo estrecho de la tripa hacia dentro, el cancán-butifarra y lo tirante que me ajustó el cuello, yo casi me da algo…. XD

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Entonces es cuando dice «pásate al espejo de fuera» . Ejem… no puedo ni respirar así­ que andar, lo que se dice andar…, cómo? Pues entre mis amigas y ella me tuvieron que ayudar a bajar el escalón en el que estaba y dando pasitos de china (recordemos el efecto del cancán-butifarra y que los huesos de los pies intentaba ya escapar de su prisión) pude ir al espejo exterior a cerciorarme que el vestido blanco no es lo mí­o.

Y así­ uno tras otro, los 4 vestidos que me probé….

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Además que la conversación giró unidireccionalmente. Vamos que ella hablaba, yo le contestaba con mi opinión (contraria la mayorí­a de las veces), y ella seguí­a erre que erre en sus ideas: que si velo, que si cancán, que si cola, que si encajes y predrerí­a, que si tomar el sol para no estar tan blanca (por ese entonces viví­a en Irlanda, así­ que sol poco…), que si ponerme a dieta para que el traje me sentara mejor… Vamos, la tí­a era un claro ejemplo de que no hay mayor sordo que el que no quiere oí­r.

Salí­ de allí­ con una risa nerviosa que indicaba que no iba a volver jamás. Y al dí­a siguiente en una tienda vi un vestido de fiesta azul marino que me gustó, me quedaba bien (era de mi talla) y no me lo pensé dos veces. ;)